Aleksandr Dugin, filosofo conocido como el cerebro de Putin: "Se acabó, la soberanía se acabó, los estados-nación son historia"
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Aleksandr Dugin, filosofo conocido como el cerebro de Putin: "Se acabó, la soberanía se acabó, los estados-nación son historia"

La visión de uno de los más allegados a Putin es muy similar a la del presidente ruso: multipolaridad y tres grandes bloques.

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Aleksandr Dugin, uno de los pensadores más influyentes del ultranacionalismo ruso y habitual referencia intelectual del entorno del Kremlin, ha vuelto a encender las alarmas en el espacio postsoviético. En una reciente entrevista difundida en un canal ruso de YouTube, el filósofo defendió abiertamente que Rusia no debería aceptar la existencia de varios Estados surgidos tras la disolución de la URSS, negándoles de facto el derecho a una soberanía independiente.

Conocido popularmente como "el cerebro de Putin" —un apodo que él mismo no ha rechazado—, Dugin sostiene que el mundo ha entrado en una nueva era geopolítica en la que la neutralidad ya no es una opción viable. En ese escenario, afirma, los Estados pequeños están condenados a alinearse con una gran potencia o a desaparecer como actores relevantes.

Un mundo dividido en grandes bloques

Según la visión de Dugin, el orden internacional se estructura en torno a tres grandes polos de poder. Rusia aspira a convertirse en uno de ellos, junto a Estados Unidos y China, como una civilización "soberana, libre, independiente y enorme". Pero esa ambición, advierte, es incompatible con la independencia real de los países que rodean a la Federación Rusa.

"Todos los territorios que no controlemos no permanecerán neutrales", afirma el filósofo. "No serán una Suiza tranquila y agradable. Se convertirán inevitablemente en plataformas de otras potencias".

Desde esa lógica, Dugin considera que los Estados vecinos están condenados a actuar como avanzadillas de intereses extranjeros —especialmente estadounidenses— si no quedan integrados en la órbita rusa. Para él, no existe un punto intermedio entre el sometimiento estratégico y la hostilidad.

En ese marco, el ideólogo enumera sin ambages los países cuya soberanía considera inaceptable:

  • Armenia
  • Georgia
  • Azerbaiyán
  • Kazajistán
  • Uzbekistán
  • Tayikistán
  • Kirguistán

"O forman parte de nuestra alianza unificada o se transforman en un trampolín para Occidente, la Unión Europea, Estados Unidos o, en algunos casos, China", resume.

“La soberanía ha terminado”

Más allá de estos países concretos, el discurso de Dugin apunta a una ruptura frontal con los principios clásicos del derecho internacional. Para él, la autodeterminación de los pueblos es un concepto obsoleto, propio de un mundo que ya no existe.

“La soberanía se acabó. Los Estados-nación son historia", proclama. En su visión, solo pueden considerarse verdaderamente soberanos aquellos países capaces de defenderse por sí mismos frente a los grandes actores globales, una categoría que reserva prácticamente en exclusiva para las potencias nucleares.

"Un Estado sin armas nucleares ni capacidad real de defensa simplemente no importa", sentencia. La consecuencia práctica de ese razonamiento es clara: los países pequeños no tienen derecho a decidir su propio futuro si ese futuro entra en conflicto con los intereses de una gran potencia.

Este planteamiento no es nuevo en el pensamiento de Dugin, pero su explicitación pública en plena guerra de Ucrania ha generado inquietud en varias capitales de la región.

Reacciones en el espacio postsoviético

Las declaraciones no tardaron en tener eco fuera de Rusia. En Azerbaiyán, el medio Minval se hizo rápidamente eco de las palabras del filósofo, subrayando su gravedad y su carácter abiertamente imperialista.

Según el portal, las afirmaciones de Dugin no son un exabrupto aislado, sino parte de un patrón más amplio dentro del ecosistema mediático y político ruso. En los últimos meses, figuras como el conocido propagandista Vladimir Solovyov han expresado posiciones similares, cuestionando la legitimidad de los Estados surgidos tras el colapso soviético.

Minval describe a Dugin y Solovyov como "instrumentos de prueba" del Kremlin: voces extremas que se lanzan al debate público para medir reacciones, enviar mensajes velados y recordar a los países vecinos cuál es la visión real del poder ruso sobre su lugar en el mundo.

Ideología y advertencia

Aunque Dugin no ocupa ningún cargo oficial, su discurso es observado con atención en el extranjero por su cercanía ideológica a sectores influyentes del poder ruso. Sus palabras no se interpretan tanto como opiniones personales, sino como una advertencia estratégica: una formulación intelectual de una política de hechos consumados.

En un contexto marcado por la guerra, la presión sobre las antiguas repúblicas soviéticas y la reconfiguración del orden mundial, el mensaje es tan claro como inquietante: para el ultranacionalismo ruso, la independencia de los vecinos no es un derecho, sino un obstáculo.

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