Dos países de la OTAN preparan la adquisición de poderosos cañones antiaéreos para dárselos a Ucrania
Pretenden mandar un claro mensaje a la Alianza en favor de Kiev.
Suecia y Dinamarca han decidido dar un paso más en su apoyo militar a Ucrania con una fórmula que va más allá de la simple donación de armamento. Ambos países han cerrado un acuerdo para comprar conjuntamente sistemas antiaéreos móviles Tridon Mk2 y entregarlos al ejército ucraniano, en un movimiento que combina urgencia militar, cooperación industrial y mensaje político dentro de la OTAN.
El anuncio llega en un momento especialmente delicado para Kiev. Con la llegada del invierno, Rusia ha intensificado los ataques aéreos contra infraestructuras energéticas, redes eléctricas y zonas urbanas, obligando a Ucrania a reforzar su defensa antiaérea de corto y medio alcance. Es ahí donde encaja el Tridon Mk2, un sistema diseñado específicamente para hacer frente a amenazas como drones, misiles de crucero y aeronaves a baja altitud.
Pero el acuerdo nórdico no es solo una respuesta táctica a la guerra: también es un ejemplo de cómo los países europeos están aprendiendo a coordinar compras, producción y entregas en un contexto de conflicto prolongado.
Comprar juntos para producir más rápido
El ministro de Defensa sueco, Pål Jonson, ha subrayado que el valor añadido del acuerdo no reside únicamente en el número de sistemas que llegarán a Ucrania, sino en el modelo elegido. Al abrir la financiación de la producción sueca a otros países, se busca:
- Aumentar los volúmenes de fabricación
- Reducir los costes unitarios
- Reforzar la capacidad industrial de defensa en Europa
- Acelerar los plazos de entrega a Ucrania
En otras palabras, Suecia y Dinamarca no solo envían armas, sino que construyen una cadena de suministro más robusta, algo que se ha convertido en uno de los grandes desafíos de la OTAN desde el inicio de la guerra. La experiencia ha demostrado que los arsenales nacionales se vacían rápido, mientras que la industria tarda en adaptarse al ritmo de un conflicto de alta intensidad.
Para Dinamarca, que se suma ahora a la iniciativa con una inversión significativa, el momento no podría ser más crítico. Su ministro de Defensa, Troels Lund Poulsen, ha insistido en que los ataques rusos están golpeando con especial dureza a la infraestructura civil ucraniana, lo que convierte la defensa aérea en una prioridad absoluta.
Un sistema viejo… pero letalmente actualizado
El Tridon Mk2 es un buen ejemplo de cómo la tecnología clásica puede reinventarse. El corazón del sistema es el cañón Bofors de 40 mm, una pieza legendaria que lleva más de 90 años en servicio en distintas versiones, ahora profundamente modernizada.
Montado sobre un camión todoterreno Scania -aunque adaptable a otras plataformas, incluso de orugas-, el sistema combina movilidad, potencia de fuego y sensores modernos. Está preparado para:
- Interceptar drones y munición merodeadora
- Derribar misiles de crucero a baja cota
- Enfrentarse a helicópteros y aviones de ataque
- Proporcionar fuego directo contra objetivos terrestres si es necesario
Los sistemas destinados a Ucrania no llegan "pelados". Incluyen radares Saab Giraffe 1-X, sistemas de control de tiro, repuestos y un amplio arsenal de munición avanzada, incluida la munición programable 3P, capaz de adaptarse al tipo de objetivo en pleno vuelo.
Más que una donación, un batallón completo
En términos financieros y militares, el esfuerzo es considerable. Suecia ya ha financiado el sistema Tridon dentro de sus paquetes de ayuda militar 18.º, 19.º y 20.º, con un valor total de unos 2.100 millones de coronas suecas. Dinamarca añade ahora cerca de 480 millones de coronas más, suficientes para equipar un batallón antiaéreo completo.
Las primeras entregas están previstas para los próximos 12 meses, aunque Estocolmo ha dejado claro que podría acelerar pedidos adicionales si otros países se suman a la iniciativa. El mensaje es claro: quien quiera ayudar, tiene un proyecto listo para ampliarse.
Para Ucrania, el impacto será doble. En el frente, los Tridon Mk2 reforzarán la capacidad de respuesta frente a ataques masivos con drones y misiles. En la retaguardia, ayudarán a proteger centrales eléctricas, ciudades y población civil, justo cuando la guerra aérea rusa apunta de nuevo al desgaste interno.
Para la OTAN, el acuerdo nórdico es otra señal de que la guerra en Ucrania ya no se gestiona como una crisis puntual, sino como un conflicto estructural que exige cooperación industrial, planificación a largo plazo y nuevas formas de apoyo militar coordinado.