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El triste final de los 100.000 libros de la mayor biblioteca de la NASA que acaba de cerrar: "Tirados a la basura"

El triste final de los 100.000 libros de la mayor biblioteca de la NASA que acaba de cerrar: "Tirados a la basura"

Los expertos alertan de que muchos de los documentos no han sido digitalizados, por lo que se perderán irremediablemente.

Edificio de la NASA
Edificio de la NASABJARTE RETTEDAL

La mayor biblioteca de investigación de la NASA cerrará definitivamente sus puertas este viernes y con ella se abre un futuro incierto para más de 100.000 libros, revistas científicas y documentos técnicos acumulados durante décadas. Muchos de esos fondos no están digitalizados y no existen copias accesibles en ningún otro lugar, lo que ha encendido las alarmas entre científicos, ingenieros y sindicatos de la agencia espacial estadounidense.

La biblioteca se encuentra en el Centro de Vuelo Espacial Goddard, en Greenbelt (Maryland), una de las instalaciones más importantes de la NASA. Allí trabajan miles de investigadores dedicados al estudio de la Tierra, el Sol, el sistema solar y el universo profundo. Sin embargo, en el marco de una amplia reorganización impulsada por la administración Trump, el edificio que alberga la biblioteca cerrará de forma permanente, y buena parte de su contenido podría acabar directamente en la basura.

Según explicó Jacob Richmond, portavoz de la NASA, la agencia revisará los fondos durante los próximos 60 días. Algunos materiales se trasladarán a un almacén del Gobierno federal, pero el resto será desechado. “Es un procedimiento estándar para gestionar adecuadamente la propiedad federal”, aseguró Richmond, una explicación que no ha calmado las críticas internas.

Una “consolidación” que sabe a cierre

Desde la dirección de la NASA insisten en que no se trata de un cierre, sino de una "consolidación". Bethany Stevens, otra portavoz de la agencia, sostiene que la reorganización estaba planificada desde antes de la llegada de Trump a la Casa Blanca y que permitirá ahorrar unos 10 millones de dólares al año, además de evitar casi 64 millones en costes de mantenimiento acumulados.

El cierre de la biblioteca forma parte de un plan mayor que contempla el clausurado de 13 edificios y más de 100 laboratorios científicos y de ingeniería en el campus de Goddard antes de marzo de 2026. Las instalaciones, argumenta la NASA, están obsoletas o presentan problemas de seguridad. Sin embargo, empleados, sindicatos y legisladores demócratas de Maryland aseguran que los cierres se han acelerado de forma caótica y sin un plan claro de sustitución.

Goddard no es un centro cualquiera. Fundado en 1959, es el principal complejo de vuelos espaciales del país. En sus salas limpias se diseñaron y construyeron telescopios como el Hubble y el James Webb, y recientemente el telescopio espacial Nancy Grace Roman, cuyo lanzamiento está previsto para 2027. Paradójicamente, el presupuesto propuesto por la administración Trump elimina la financiación futura de este último proyecto.

Libros irremplazables y conocimiento perdido

La biblioteca de Goddard era mucho más que un almacén de libros. Dave Williams, científico planetario que se jubiló anticipadamente este año, recuerda que era un recurso esencial para planificar misiones a la Luna y más allá. Investigadores externos también podían acceder a sus fondos, que incluían obras de ingenieros soviéticos de las décadas de 1960 y 1970 y documentación detallada de misiones históricas de la NASA.

Durante más de treinta años, Williams dedicó parte de su tiempo a rescatar información única de revistas antiguas como The Journal of Spacecraft and Rockets, digitalizando artículos que no estaban disponibles en ningún otro formato. "Esto no se puede encontrar simplemente en internet", advierte. Gran parte del material más antiguo nunca fue digitalizado y muchas publicaciones recientes están ahora tras muros de pago.

Otros científicos comparten la preocupación. El investigador atmosférico Santiago Gassó frecuentaba la biblioteca no solo por su contenido, sino por el espacio físico. "Me vuelvo más creativo allí", explica. "No hay nada como recorrer una estantería, coger un libro y descubrir otro al lado. Así empiezan las ideas".

El cierre también supone la pérdida de un espacio común. El Edificio 21, que alberga la biblioteca, la cafetería y oficinas, funcionaba como punto de encuentro informal donde ingenieros y científicos compartían ideas fuera de los laboratorios. Con su clausura, la colaboración cotidiana se verá aún más fragmentada.

Mientras tanto, la NASA ofrece alternativas digitales como el servicio "Pregúntele al bibliotecario" o el préstamo interbibliotecario con otras agencias federales. Pero para muchos investigadores no es suficiente. El Archivo Coordinado de Datos de Ciencias Espaciales lleva meses inaccesible y el acceso a revistas clave se ha vuelto irregular.

"Las personas no somos más inteligentes ahora que hace décadas", resume Williams. "Si se pierde esa historia, cometeremos los mismos errores". En una agencia que ha llevado a la humanidad al espacio profundo, el cierre de su mayor biblioteca deja una sensación amarga: la de estar deshaciéndose, literalmente, de su propia memoria.