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"Fueron arrogantes y pensaron que no actuaría": cómo Irán se equivocó en calibrar la amenaza y por qué Trump atacó en lugar de esperar a mayo

"Fueron arrogantes y pensaron que no actuaría": cómo Irán se equivocó en calibrar la amenaza y por qué Trump atacó en lugar de esperar a mayo

La actuación de EEUU e Israel contra Teherán tardó meses en prepararse. La postura común de Tel-Aviv y Rihad -nada habitual en materia geopolítica- respecto a que Irán era una amenaza, factor clave en la intervención estadounidense.

Manifestación proiraní en Yemen tras la muerte de Jamenei
Manifestación proiraní en Yemen tras la muerte de JameneiGetty Images

A mediados de enero, el presidente estadounidense Donald Trump dejó entrever que una intervención militar contra Irán estaba sobre la mesa. "La ayuda está en camino", prometió a quienes protestaban contra el régimen de Teherán. No aclaró cómo sería esa ayuda y como tantas veces, la ambigüedad no fue un error: fue parte del método.

En lugar de lanzar un ataque inmediato, Trump optó primero por una estrategia híbrida. Mientras enviaba a sus emisarios —Jared Kushner y Steve Witkoff— a explorar la vía negociadora, reforzaba simultáneamente el despliegue militar en la región.

Durante semanas, el mensaje osciló:

  • en algunos momentos, la diplomacia parecía avanzar
  • en otros, el choque militar parecía inevitable

Ese vaivén, lejos de ser improvisado, respondía a una táctica conocida en el trumpismo: generar incertidumbre para maximizar la presión y la influencia de dos aliados clave. Y es que, dos actores que rara vez coinciden en estrategia diplomática —el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman— compartían un diagnóstico: Irán era el enemigo prioritario.

La coordinación comenzó meses antes

En diciembre, Netanyahu visitó a Trump en Mar-a-Lago. Allí se discutió la posibilidad de una segunda oleada de ataques tras la llamada Guerra de los Doce Días.

En paralelo:

  • Israel envió a Washington a sus jefes de inteligencia y defensa
  • el mando regional estadounidense CENTCOM intensificó contactos con Tel Aviv

Arabia Saudí, públicamente partidaria de la negociación, presionaba en privado. Según diversas informaciones, MbS alertó a la Casa Blanca de que no actuar fortalecería a Teherán.

En Washington se consolidó una percepción: Irán estaba debilitado, debido principalmente a que sus aliados regionales —hutíes, Hezbolá o Hamás— habían sufrido golpes severos. Además, la red de influencia que conectaba Teherán con el Mediterráneo a través de Siria se había erosionado. Ese contexto abría dos caminos forzar un acuerdo o lanzar un golpe estratégico

Omán intentó inclinar la balanza hacia la negociación. Su canciller, Badr Albusaidi, viajó a Washington con una oferta: Teherán estaba dispuesto a renunciar a materiales nucleares con potencial militar.

Pero los negociadores estadounidenses no quedaron convencidos. La conclusión fue que Irán estaba ganando tiempo y mientras las conversaciones avanzaban sin resultados claros, los servicios de inteligencia hacían su propio trabajo.

Estados Unidos e Israel lograron reconstruir con precisión los movimientos de la cúpula iraní, incluido el líder supremo Alí Jameneí y tal y como asegur´un funcionario de inteligencia, según Axios, desde Teherán "fueron arrogantes y pensaron que no actuaría. Se equivocaron", concluyó. Según diversas filtraciones, sabían:

  • dónde residía
  • cómo se desplazaba
  • y cómo se comunicaba

Cuando surgió la oportunidad de atacarlo durante una reunión de alto nivel en Teherán, ambos países ajustaron sus planes. Incluso se modificó el momento del ataque: en lugar de hacerlo de noche, se ejecutó a plena luz del día.

La dimensión doméstica

La decisión no se explica solo en clave geopolítica, ya que Trump afronta varios problemas internamente que le estarían llevando a llevar a cabo políticas de exterior tan agresivas como las que lleva ejerciendo desde inicios de año.

Por un lado, un índice de aprobación bastante bajo, por otro, un revés judicial respecto a la imposición de los aranceles y finalmente y casi más importante, el riesgo próximo de perder la mayoría del Congreso en las elecciones de medio mandato de este mes de noviembre.

Sin embargo, dirigiéndose al pueblo iraní tras el ataque, el presidente afirmó que Estados Unidos nunca antes había estado dispuesto a intervenir de esa manera.

Riesgo y oportunidad

Las encuestas reflejaban una sociedad dividida:

  • casi la mitad se oponía a un ataque
  • apenas uno de cada cinco lo apoyaba
  • y un amplio grupo permanecía indeciso

Eso convertía la operación en una apuesta. Un éxito podría reforzar su liderazgo. Un fracaso, ampliar las fracturas políticas. Trump optó por asumir el riesgo. Porque, en su lógica, la intervención no solo redefinía el equilibrio en Oriente Medio, sino también su propia posición en casa.