Los expertos en censura digital y ciberseguridad coinciden: Rusia bloqueará el 100% de su tráfico de internet este año y ya ha restringido 469 VPN
Pese a las dificultades de gran parte de los ciudadanos rusos, muchos de ellos han comenzado a popularizar nuevas soluciones técnicas para esquivar la censura.

Rusia avanza hacia un modelo de internet cada vez más controlado desde el Estado. Expertos en ciberseguridad y censura digital coinciden en que el Kremlin está ultimando un sistema que le permitirá supervisar prácticamente el 100% del tráfico online en el país, en paralelo a una ofensiva sostenida contra herramientas que permiten sortear los bloqueos, como las VPN.
El objetivo es claro: reducir al mínimo la dependencia de servicios extranjeros y reforzar un ecosistema digital bajo control nacional.
Un control cada vez más sofisticado
En los últimos meses, las autoridades han intensificado las restricciones. No solo han limitado el acceso a plataformas populares internacionales, sino que también han recurrido a cortes periódicos del internet móvil en distintas regiones.
Una nueva legislación permite, además, interrumpir el servicio sin necesidad de justificarlo, lo que amplía considerablemente el margen de actuación del Gobierno.
Pero el cambio más relevante está en la infraestructura técnica. Rusia lleva años desplegando sistemas de filtrado basados en inspección profunda de paquetes (DPI, por sus siglas en inglés), una tecnología que permite analizar en tiempo real los datos que circulan por la red.
Todos los proveedores de internet están obligados a instalar equipos gestionados por Roskomnadzor, que decide qué conexiones se bloquean o se ralentizan. El siguiente paso es escalar este sistema hasta cubrir la totalidad del tráfico.
Listas blancas y un internet a medida
Otro de los mecanismos clave es la creación de “listas blancas” de páginas y aplicaciones que seguirán funcionando incluso en escenarios de apagón digital. El problema es que no existe un criterio único: distintas instituciones y operadoras elaboran sus propios listados.
El resultado es un entorno imprevisible. Análisis recientes apuntan a que una parte significativa de los sitios más visitados del país —especialmente los extranjeros— podrían quedar fuera de estas listas y, por tanto, inaccesibles.
En paralelo, Moscú ha desarrollado su propio sistema de nombres de dominio (DNS), lo que facilita el bloqueo selectivo de páginas web, y estudia crear una base de datos de identificadores únicos de móviles (IMEI) para poder restringir el acceso a dispositivos concretos.
Cuando la censura no bloquea… ralentiza
No todo pasa por cortar el acceso. En muchos casos, la estrategia consiste en degradar el servicio hasta hacerlo prácticamente inutilizable.
Plataformas como YouTube han experimentado caídas drásticas de velocidad en Rusia. Las autoridades lo atribuyen a problemas técnicos, pero compañías como Google, propietaria del servicio, lo niegan.
Algo similar ocurre con sitios protegidos por Cloudflare, cuya carga se ve limitada a niveles mínimos. Es una forma de bloqueo encubierto: el usuario percibe que la página “no funciona”, aunque en realidad sigue técnicamente accesible.
La batalla contra las VPN: 469 servicios restringidos
En este escenario, millones de rusos han recurrido a redes privadas virtuales (VPN) para esquivar las restricciones. Sin embargo, el Gobierno también ha puesto el foco en estas herramientas.
Hasta ahora, Roskomnadzor ha restringido cerca de 469 servicios VPN y ha bloqueado miles de páginas que explican cómo utilizarlos. Además, ha presionado para eliminar estas aplicaciones de tiendas digitales y ha prohibido su promoción.
El siguiente paso pasa por el uso de inteligencia artificial para detectar y bloquear automáticamente el tráfico que parezca estar siendo redirigido a través de estas redes.
Una carrera constante entre bloqueo y evasión
A pesar de las restricciones, los usuarios siguen buscando alternativas. El uso de VPN continúa creciendo y podría alcanzar a cerca de la mitad de los internautas del país.
Al mismo tiempo, han comenzado a popularizarse nuevas soluciones técnicas. Protocolos como VLESS —diseñados específicamente para esquivar bloqueos— han disparado su presencia en buscadores rusos como Yandex.
También despiertan interés las redes malladas, sistemas descentralizados en los que los dispositivos se conectan entre sí sin depender de una infraestructura central. Aplicaciones como Telegram, fundada por Pavel Durov, podrían jugar un papel clave si integran nuevas formas de comunicación resistentes a la censura.
Un internet cada vez menos abierto
El resultado de esta dinámica es una brecha creciente entre usuarios. Por un lado, aquellos con conocimientos técnicos suficientes para sortear los bloqueos; por otro, una mayoría que podría terminar dependiendo de servicios aprobados por el Estado.
Expertos en censura digital advierten de que, en situaciones críticas, muchos usuarios priorizan la accesibilidad frente a la seguridad. Es decir, utilizan las herramientas que funcionan, aunque estén controladas o supervisadas.
En ese contexto, Rusia no solo está restringiendo el acceso a internet: está rediseñando cómo se usa. Y, si se cumplen las previsiones, el país podría convertirse en uno de los ejemplos más avanzados —y restrictivos— de control digital a gran escala.
