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20/01/2014 07:22 CET | Actualizado 21/03/2014 10:12 CET

Volver

Mi sueño es trabajar aquí en Barcelona, en un centro de investigación tan bueno como el CMRB. Hace un par de semanas un artículo trataba de aportar luz a la cuestión de cuántos se han ido con la crisis. Espero que algún día valga la pena analizar lo contrario: "¿Cuántos han conseguido volver?"

Hace pocos días mi pareja me preguntaba: Guillermo ¿cuáles son tus sueños?

En ese preciso instante me encontraba yo en Barcelona, junto a las olas del mar, jugando con mi hijo de tres años en la arena. Giré la cabeza y, mirando al edificio situado a pocos metros de nosotros, respondí: mi sueño es trabajar aquí en Barcelona, en un centro de investigación tan bueno como ese. El centro en cuestión se llama Centre de Medicina Regenerativa de Barcelona (CMRB) y representaba hasta hace poco la idealización de un feliz retorno a mi ciudad natal: mi anhelo de poder trabajar en lo que me gusta en buenas condiciones, pero también de poder ver el mar, el cielo azul, a mi familia y a mis amigos regularmente. Solo una semana más tarde, los periódicos se hacían eco de que el director de ese centro deja su cargo y se lleva la mayoría de los proyectos con él.

El director del CMRB desde su misma fundación se llama Juan Carlos Izpisúa y es una eminencia en el campo de la medicina regenerativa. Para que se hagan una idea, Izpisúa es uno de esos científicos que contribuyen a hacer realidad cosas que parecían imposibles, como crear mini-riñones en el laboratorio (uno de los 10 hitos científicos en 2013 según la revista Science). Siguiendo el día a día de las informaciones sobre las causas de su renuncia, me voy dando cuenta de que las versiones son dispares. Mientras unos hablan de falta de apoyo institucional hacia el CMRB, otros argumentan que las causas han sido otras: la poca presencia personal de Izpisúa en el centro, la negativa a la cesión de patentes, que la línea investigadora debe dejar de ser básica. No voy a entrar a discutir las causas reales, la conveniencia o acertado de esa renuncia (aquellos de ustedes que se informen un poco sobre el tema pueden formarse su propia opinión) pero sí voy a plantear lo siguiente: espero que las personas responsables hayan tomado la decisión correcta. Eso, como muchas otras cosas, lo dirá el tiempo.

Por otro lado, hace un par de semanas El Huffington Post publicaba un excelente artículo que trataba de aportar algo de luz a la cuestión nada clara de "¿Cuántos se fueron de verdad con la crisis?". Les recomiendo encarecidamente leerlo.

Aunque mi caso sea algo diferente, y la causa de mi marcha de España no fuera la crisis, espero que algún día valga la pena analizar lo contrario: "¿Cuántos han conseguido volver?"

Algunas voces dicen que el fenómeno de la emigración es bueno para España porque estas personas volverán algún día a enriquecer el país. Si esas voces tienen razón o no, es también algo que el tiempo dirá. En mi opinión, como ya he dicho otras veces, España está regalando su capital humano, tal vez de forma irreversible.

Y es que a muchos de nosotros que vivimos en el extranjero, científicos (y no científicos), españoles (y no españoles) nos gustaría pensar que sí, que esto es aún posible: volver.