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21/08/2014 07:04 CEST | Actualizado 20/10/2014 11:12 CEST

De la socialización de las pérdidas y de la estafa de la solar fotovoltaica (1)

energía solarEn estos momentos se está gestando una deuda con quienes invirtieron en tecnología solar fotovoltaica que tarde o temprano será socializada. Y cuando llegue el momento de pagar, el responsable del desaguisado estará sentado en el confortable sillón del consejo de administración.

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Desde que empezó la crisis nos están intentando vender la moto -y con cierto éxito, pese a los esfuerzos por demostrar lo contrario desde este y desde otros blogs- de que estamos donde estamos porque nuestros administradores han gastado el dinero público sin ton ni son y, por lo tanto, ahora nos toca a todos hacer acto de contrición. Los fundamentos teóricos de la austeridad son tan poco sólidos que sus más ardientes defensores quieren dotarla de fundamentos morales. La ignorancia del gran público sobre el keynesianismo y el desprestigio de la izquierda han dado así vía libre al austericidio.

Curiosamente, muchos de los desmanes más conocidos por todos y que dan cierta respetabilidad a esta visión del asunto, como el aeropuerto de Castellón, fueron precisamente perpetrados por políticos del mismo partido que defiende con más encono la austeridad en nuestro país. Para defender una agenda ideológica que pretende cargarse el estado del bienestar, se nos recuerda repetidamente que la deuda pública ya casi equivale a un año de PIB, lo que ciertamente es un problema, aunque de una urgencia mucho menor al problema del paro, que además reduce el PIB y alimenta el primer problema.

Si establecemos un paralelismo con el mundo de la empresa que tanto fascina a la derecha, retratar el estado de las cosas en España mirando solamente la deuda pública sería como intentar generar un balance de una empresa de la que sólo conocemos la deuda a largo plazo. Es decir, una parte del pasivo. Para que la foto de la situación sea exacta hay que contemplar los activos y, como me recordó Thomas Piketty en una entrevista, el capital existente en España es unas ocho veces esa cifra, por lo que si supiéramos buscar dónde está la chicha en vez de conformarnos con el hueso, las finanzas públicas de nuestro país estarían saneadas.

Si el hipotético auditor de mentalidad empresarial trazase un cuadro completo de la deuda, vería que la partida de deuda a corto plazo (la deuda privada) es mayor que la deuda a largo plazo (la deuda pública), y quizás recomendara reestructurar deuda a corto en deuda a largo. Eso es exactamente lo que se ha hecho rescatando a Bankia (y que se debería haber hecho rescatando a los familias menos solventes, hoy deshauciadas), pero en el ámbito nacional eso equivale a la socialización de pérdidas privadas a gran escala. Si el mismo auditor intentara convencernos, después de recomendar reestructurar la deuda, de que nuestra empresa está tan endeudada a largo porque ha comprado demasiados bienes de equipo que la directiva considera necesarios, deberíamos por lo menos llamarle la atención por su falta de memoria.

El problema, por lo tanto, era el apalancamiento privado, que precedió y alimentó el apalancamiento público, como la lectura de Hyman Minsky que recomendé recientemente permite entender. Minsky cita en su libro al economista polaco Michal Kalecki, que era muy bueno trazando paralelismos como los anteriores: de hecho Kalecki equiparaba el hoy vilpendiado déficit (en el que no deberíamos incurrir a partir de 2020) a una inversión productiva en la cuenta de resultados de una empresa que era necesaria para sostener los beneficios (que podemos por su parte equiparar al crecimiento).

Hace ahora un año escribí un post muy comentado sobre el desmantelamiento de la industria solar fotovoltaica en España. Lo que no escribí entonces es que en estos momentos se está gestando una deuda con quienes invirtieron en esa tecnología (que no será tan grande como la de Bankia, pero ojo) y que tarde o temprano la misma será socializada. Y cuando llegue el momento de pagar, el responsable del desaguisado estará sentado en el confortable sillón del consejo de administración de una gran compañía eléctrica, en vez de en una celda. Explicaré la gestación de esta deuda en mi próximo post, así que solicito su amable paciencia hasta entonces.

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