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26/04/2015 09:59 CEST | Actualizado 26/06/2015 11:12 CEST

El autismo y los pequeños ciclistas

Una vez decidimos hacer un viaje en bici que cruzara Europa. Era verano y tomamos la opción de hacer el camino más famoso y acondicionado: La Ruta del Danubio. Cuando haces un viaje de este tipo empiezas a comprender las verdaderas posibilidades de viajar pedaleando. Recorrer kilómetros y kilómetros de carril bici justo al lado de un río con bonitas paradas en pueblos, cruzar países europeos, bañarse en el río, conocer variadas gastronomías y ver esas fronteras que ya no existen. Esta ruta no solo te enseña hasta dónde puedes llegar con tu bici, que es muy lejos (como hasta el Mar Negro), sino que te muestra cuántas personas diferentes pueden hacer un viaje en bici. Allí hay gente de todo el mundo pedaleando y, sobre todo, de cualquier edad.

Algo que llamaba la atención era ver cómo las familias viajaban con bebés y con dos y tres niños. Te cruzabas con niños y niñas todo el tiempo. Una de las familias que encontramos en el camino iba con su hijo con autismo y estaban haciendo exactamente el mismo camino que nosotros. Así que, dando evidencia de nuestros prejuicios nos imaginamos y supusimos que les sería más complicado y duro que a nosotros realizar el viaje, pero hablando con ellos nos dimos cuenta de que lo estaban disfrutando aún más. Estuvimos charlando un buen rato con la madre. Resulta que estaban haciendo este viaje porque los médicos se lo habían recomendado. Sin duda, era una actividad enriquecedora para su hijo, y aunque no eran ávidos cicloturistas la familia al completo se había subido a la bici. "El médico cree que le viene muy bien hacer este tipo de actividades al aire libre; cada día vamos por un camino diferente y cada día se encuentra que duerme en un lugar diferente, por lo tanto sabe que se tiene que adaptar y abrirse más. Le sienta muy bien y le gusta". Así que, lo que parecía un simple viaje en bici, que lo era, además, era una recomendación de un médico especializado en autismo, que, por lo que parecía, había acertado.

Poco se sabe del autismo y el deporte, de su mundo interior y de cómo los deportes pueden ayudar al tratamiento y a la mejora de la calidad de vida de una persona con autismo. En realidad, la bicicleta puede ayuda a mejorar la calidad de vida de una persona, ya tenga necesidades especiales o no. Los deportes de equipo pueden ser más complicados de gestionar que otros como la natación o el senderismo. El tema del ejercicio físico está muy investigado y, como dicen en la web Autismo.org, "la actividad física, ese cansancio que parece que nos libera de tensiones, ansiedades, preocupaciones, puede ayudar a sentirse mejor a un muchacho con autismo y mejorar la calidad de la vida familiar, aunque solo sea por lo bien que duerme tras un día extenuante de actividad deportiva. La investigación sobre el ejercicio físico nos ha demostrado que el deporte disminuye el estrés, mejora la salud en general, aumenta las habilidades motoras, y ayuda a desarrollar virtudes individuales (confianza en uno mismo, disciplina, responsabilidad, trabajo por objetivos) y sociales (comunicación, compañerismo, trabajo coordinado)".

Parece que los motivos para pedalear con tu hijo quedan más que claros. Al menos, después dormirá como un bendito. En concreto, el Director del Laboratorio de Plasticidad Neuronal, José Ramón Alonso, afirma: "Sobre el ciclismo, personalmente, considero que la bicicleta es el mejor regalo que un niño puede recibir. Montar en bicicleta puede ser algo difícil para los niños con autismo, debido a que no consiguen mantener el equilibrio con facilidad, algo que se puede solucionar con un triciclo o con paciencia. Pero una vez que han dominado la técnica básica, el ciclismo puede ser una forma maravillosa de disfrutar del aire libre. Como muchos de los deportes que estamos describiendo, se puede practicar solo o en grupo y de forma competitiva o solo por disfrutarlo. Puede tardar un poco más en aprender, no ser especialmente habilidoso, pero puede disfrutar de la bici como cualquier otro niño, esa sensación del aire en la cara, del paseo tranquilo, de explorar caminos... También merece la pena intentarlo y ver si éste es su deporte".

Sobre mi experiencia personal diré que he propuesto a varios padres con niños con autismo y con necesidades especiales enseñar a montar en bici a sus hijos. Ninguno de ellos lo ha intentado y ninguno de ellos ha traído a los niños a las clases de montar en bici que suelo ofrecer. Han sopesado la oferta como algo muy atrevido por mi parte. Imagino que detrás de cada situación también hay ese miedo al pequeño fracaso --hay casos más complejos que otros-- y miedo a que el pequeño no lo logre o lo pase mal. Como dice José Ramón Alonso, solo hace falta "un triciclo o simplemente paciencia". A lo que añadiría que lo que hace falta es al menos intentarlo, porque, si no, se está decidiendo por ellos. Se pueden encontrar soluciones como una bicicleta especial o un tándem. ¿A qué niño no le va a gustar decidir un día hacer un viaje en bici para cruzar Europa con sus padres? Tomar la opción de hacer el camino más famoso y acondicionado: La Ruta del Danubio. Comprender las verdaderas posibilidades de viajar pedaleando. Kilómetros y kilómetros de carril bici justamente al lado de un río, con bonitas paradas en pueblos, cruzar países europeos, bañarse en el río, conocer variadas gastronomías y ver esas fronteras que ya no existen. ¿A qué niño no le va a sentar bien montar en bici después de haber aprendido?

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