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05/01/2014 09:48 CET | Actualizado 07/03/2014 11:12 CET

'The Carry Trade Party', la fiesta benéfica del BCE

Estas fiestas son muy exclusivas. Ni familias ni empresas fueron invitadas, a pesar de ser responsables últimos de la deuda que generaba el Estado al pagar un precio superior por el dinero barato que le pasaban los bancos. Por ello a los ciudadanos les preocupaba el enganche de sus Estados a la deuda.

Durante la crisis financiera el Banco Central Europeo (BCE) ofreció, y todo apunta a que seguirá haciéndolo, cantidades ingentes de liquidez al sistema financiero. Concretamente, aumentó los activos de los bancos que se pueden utilizar como garantía para obtener financiación del BCE, bajó el tipo de interés que exigía por conceder esos créditos y aumentó el periodo de devolución. Aclaró en todo momento que no compraría deuda soberana, que ese dinero iría a parar a los bancos, no a los gobiernos. Bancos que nos sacarían de la crisis concediendo con ese dinero créditos a familias y empresas, verdadero motor de la economía.

Hasta aquí la teoría, pero la realidad es que los bancos se han beneficiado del carry trade, que consiste en financiar a los Estados comprando deuda pública (supuestamente un activo sin riesgo) con dinero que toma prestado de la barra libre del BCE. Son los conocidos como LTRO -Long Term Refinancing Operation-, un método de financiación a los bancos europeos iniciado por el BCE en diciembre de 2011 para evitar el colapso del sistema bancario europeo, y que esos bancos financien la desorbitada deuda de los Estados durante la crisis, que dicho sea de paso ofrecía unos rendimientos muy elevados por las elevadas primas de riesgo que hemos vivido durante la crisis de deuda soberana. Un banco toma dinero prestado del BCE al 0,5% (0,25% tras la última bajada de tipos) y con él compra deuda pública que tiene una rentabilidad superior al 4%, ganando la diferencia. Se conseguía pues, matar dos pájaros de un tiro. Se sanean las cuentas de resultados de los bancos y éstos, financian la incipiente deuda de los Estados.

Y es que, ¿a quién no le gusta una fiesta? Hay un refrán anglosajón que dice "If you are not on the table, you are part of the menu" (si no estás en la mesa, estás en el menú), y da la impresión de que en la fiesta del BCE los ciudadanos no estábamos sentados en la mesa. Es lo que yo llamo, la fiesta benéfica del BCE, cuya historia es más o menos así.

El BCE decidió organizar una fiesta benéfica a la que todos los bancos de la Eurozona fueron invitados, The carry Trade party. El anfitrión -BCE- ofrecería una barra libre de dinero barato a sus invitados, los bancos, y así conseguirían que estos comenzaran a conceder crédito a familias y a empresas para en última instancia, fomentar la recuperación económica que nos afecta a todos. ¡Qué mejor fiesta benéfica que aquella que acaba ayudando a tanta gente!

Para controlar que la celebración se produjese con orden y que nadie resultase perjudicado, había un invitado más, los Estados miembros de la zona euro. Normalmente éstos últimos no eran invitados, pero en esta ocasión los bancos, como principales patrocinadores, los eligieron de acompañantes para la fiesta y el organizador -BCE- aceptó invitarles. Esta pareja estaba llamada a llevarse bien pues ambos compartían un claro interés: los Estados soberanos necesitaban financiar su galopante deuda pública, y los bancos necesitaban rentabilidades para mejorar la débil situación de sus cuentas de resultados tras la crisis. El problema de los Estados es que les violentaba acercarse a la barra a pedir, pues el organizador consciente de su problema de deuda nunca le serviría más dinero barato como se comentaba que se hacía en las fiestas al otro lado del atlántico. Y parece obvio que no podían acercarse ellos directamente a la barra libre, ¡cómo iba el anfitrión a servir dinero barato directamente a los Estados soberanos! Así que entre todos se diseñó una estrategia para que la fiesta continuase y no se dejara fuera a nadie. El BCE -anfitrión- dejaría dinero a los bancos -invitados oficiales- extremadamente barato, una especie de donación muy típica en las fiestas benéficas, y los Estados soberanos -invitados extra-oficiales y también patrocinadores de la fiesta- crearían un fuerte incentivo para beneficiarse de la barra libre: financia mi deuda con el dinero barato que acaban de servirte en la barra libre y yo te pago cinco veces más de lo que tú has pagado por venir a la fiesta. La factura se la paso a mis ciudadanos, no te preocupes.

Se formó pues, un matrimonio de conveniencia: el banco conseguía un margen considerable y los Estados seguían disfrutando de la fiesta colocando deuda que en condiciones normales, quizá no colocaría. Quizá, porque una organización que gasta más de lo que ingresa de manera recurrente y cuya deuda no para de crecer, no suele tener mucho éxito cuando sale al mercado en busca de financiación.

Estas fiestas son muy exclusivas. Ni familias ni empresas fueron invitadas, a pesar de ser responsables últimos de la deuda que generaba el Estado al pagar un precio superior por el dinero barato que le pasaban los bancos. Es por ello que cada vez a los ciudadanos les preocupaba más el enganche de sus Estados a la deuda y, mostraban mayor preocupación en cuanto a la futura recuperación de su dinero.

Yo no pude asistir a esa fiesta, pero cuentan maravillas de ella. Desde bancos que salieron de ella con cuentas de resultados positivas a pesar de haber llegado a ella en una situación de pérdidas preocupante, a Estados colocando deuda pública con rotundo éxito a pesar de su delicada situación financiera.

Volviendo a la idea lanzada al inicio, aunque el BCE dijera que no invitaría a los Estados a la fiesta -compraría deuda soberana- lo terminó haciendo, a través de los bancos. El principal problema de invitar a los Estados es que llenar sus balances de deuda pública es muy peligroso pues se crea una relación deuda Estado muy estrecha, una bomba de relojería que se pondría en marcha en el momento en que cualquiera de los dos tuviera problemas. Van de la mano, si uno cae, el otro va detrás: cuanta más deuda soberana tengan los bancos, más catastróficas van a ser las consecuencias de una reestructuración de la deuda pública ya que más bancos sufrirían y, si es el banco el que tiene problemas, será la deuda pública la que se incremente si tenemos que rescatarlo. Delicada situación. Como balance, seguimos teniendo Estados sobre-endeudados, bancos operando que deberían haber cerrado y una factura más alta a repartir entre todos nosotros. Durante la crisis la Reserva Federal multiplicó por 4 su balance hasta los 4 billones de dólares, y el BCE por su parte lo multiplicó por 3 superando los 3 billones de euros en su punto álgido, ¡menuda barra libre! No debemos olvidar que a toda gran fiesta le sigue una gran factura: la nuestra, la deuda pública española, se ha duplicado desde el inicio de la crisis. Pero no se preocupen, se seguirán organizando fiestas "benéficas" a nuestra costa, y algún día saldremos de la crisis, pagando nosotros la factura.

De hecho, casi le pasan parte de la factura de la última fiesta a los bancos cuando se hablaba de que la exposición a la deuda soberana que está en los balances de los bancos les penalizará para los nuevos test de estrés que tendrán que pasar el próximo año. Por suerte para ellos, finalmente no será así.

Mirando al futuro, sí que parece que el BCE pretende estimular la concesión de préstamos de los bancos a empresas y hogares mediante la adopción de una postura más estricta respecto a las carteras de deuda soberana de las entidades, que podrían verse obligadas a provisionar capital frente a potenciales riesgos derivados de esta exposición. La razón es obvia, si se tratase a la deuda pública como un activo con riesgo, perjudicaría al capital de los bancos que verían menos incentivos a engordar su balance con más deuda soberana. En palabras del economista jefe del BCE, Peter Praet, "si los bonos soberanos fueran tratados de acuerdo con el riesgo que representan para el capital de los bancos", las entidades serían menos proclives a utilizar la liquidez del BCE para comprar deuda pública.

¿Les suena esta historia? Pues eso, hasta la próxima fiesta.

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