Aislar por dentro o por fuera de la fachada: un ingeniero explica qué opción calienta antes la casa y cuál evita el moho
Ambas soluciones pueden mejorar la eficiencia energética de la vivienda.
Con las temperaturas extremas tanto en verano como en invierno, son muchos los propietarios que empiezan a plantearse cómo hacer que su vivienda sea más acogedora sin disparar el consumo de aire acondicionado o calefacción. Mejorar el aislamiento de la fachada suele ser una de las primeras opciones, pero antes de dar el paso surge una duda muy habitual: ¿es mejor hacerlo por dentro o por fuera?
Aunque ambas soluciones pueden mejorar la eficiencia energética de la vivienda y reducir las pérdidas de temperatura, no ofrecen el mismo comportamiento una vez instaladas. Un ingeniero especializado en construcción explica que la diferencia no está tanto en el ahorro energético como en la forma en la que la casa conserva el calor o el fresco, el tiempo que tarda en alcanzar una temperatura adecuada y el riesgo de que aparezcan problemas de humedad y moho.
Uno de los materiales más utilizados para este tipo de trabajos es el poliestireno expandido (EPS), un aislante con una conductividad térmica muy baja. Su capacidad para frenar el paso del calor es muy superior a la de un ladrillo tradicional, lo que permite conseguir un elevado nivel de aislamiento con apenas unos centímetros de espesor, según explica el ingeniero y planificador general Luca Arenz al medio alemán Chip.
El exterior, mejor contra el moho
Desde el punto de vista del consumo energético, el experto señala que, si el grosor y las prestaciones del aislamiento son equivalentes, tanto colocarlo por dentro como por fuera puede ofrecer prácticamente la misma reducción de pérdidas de calor. En otras palabras, ninguno de los dos sistemas es claramente más eficiente que el otro por sí solo. La diferencia aparece en el comportamiento de la vivienda una vez encendemos la calefacción.
Cuando el aislamiento se instala por el exterior, toda la pared queda protegida dentro de la envolvente térmica del edificio. Esto permite que los muros acumulen calor y lo liberen poco a poco, manteniendo una temperatura más estable durante más tiempo. Lo malo es que si la casa ha permanecido varios días sin calefacción, tardará algo más en alcanzar una temperatura acogedora porque también habrá que calentar esa masa de ladrillo.
En cambio, el aislamiento interior deja los muros fuera de esa envolvente térmica. Al haber menos espacio que calentar, las habitaciones alcanzan antes la temperatura deseada, una ventaja para viviendas que permanecen vacías durante gran parte del día. Sin embargo, también se enfrían con mayor rapidez cuando se apaga la calefacción, por lo que el confort térmico dura menos tiempo.
Además, los especialistas advierten que un aislamiento exterior bien ejecutado protege mejor la fachada frente a la lluvia, reduce los puentes térmicos y disminuye el riesgo de condensaciones, uno de los principales desencadenantes de la aparición de moho. Mientras que en el aislamiento interior cualquier entrada de humedad desde el exterior puede favorecer la proliferación de hongos y daños en la construcción.