Elisabeth Martínez, 26 años, ingeniera informática y actriz: "En la ciudad va todo demasiado rápido, necesito naturaleza, tranquilidad, calma"
La joven, galardonada con un Premio Arcoíris por el Ministerio de Igualdad, reflexiona sobre el tabú de la intersexualidad y su nueva vida en una aldea asturiana de cuatro habitantes.

Con el paso de los años, la comunidad LGTBIQ+ ha logrado conquistar un espacio y una relevancia fundamentales en nuestra sociedad. Los derechos y las realidades de este colectivo son cada vez más visibles y defendidos, tanto a pie de calle como desde las propias instituciones. O al menos algunas de ellas.
El Ministerio de Igualdad juega un papel clave gracias a iniciativas como los Reconocimientos Arcoíris, unos galardones estatales que se otorgan anualmente para premiar a aquellas personas y entidades que destacan en la visibilización y defensa de los derechos del colectivo.
Recientemente, Elisabeth Martínez ha sido distinguida con ese reconocimiento gracias a su participación en ‘Mi querida señorita’, un largometraje español que pone sobre la mesa y reivindica los derechos de las personas intersexuales.
"Me entero por un diagnóstico, como quien tiene una enfermedad rara"
En una entrevista con el diario El País, Martínez detalla a corazón abierto cómo es su experiencia vital siendo una mujer intersexual. “La mayoría de personas intersex no sabemos que lo somos, nos enteramos por un diagnóstico, casi como quien tiene una enfermedad rara”, apunta.
Para Martínez, el golpe de asimilar que no podría ser madre biológica pasó, con el tiempo, a un segundo plano. La verdadera y más dura batalla a la que se enfrenta hoy en día es la de la propia aceptación personal frente a los prejuicios heredados.
"Yo misma, cerebralmente, encuentro argumentos para decir que no soy una mujer del todo correcta. Me ataco a mí misma muy a menudo”, confiesa con crudeza.
En este sentido, la intérprete puntualiza que su gran objetivo personal es lograr un cambio profundo de mentalidad respecto a su condición. "Sí, es una putada. Y eso es un poco a lo que me estoy enfrentando ahora: a intentar dejar de considerarlo así", puntualiza.
Refugio en Asturias y teletrabajo
Más allá de los focos, los premios y las cámaras, la alicantina trabaja a diario como ingeniera informática. Una profesión que le ha permitido huir del ruido urbano y afincarse junto a su pareja, Celia, en una diminuta y aislada aldea de Asturias que cuenta con tan solo cuatro habitantes empadronados.
La joven no oculta la inmensa felicidad que le ha supuesto dar este giro radical, cambiar el asfalto por el campo y abrazar el teletrabajo. “En la ciudad va todo demasiado rápido, necesito naturaleza, tranquilidad, calma”, señala.
Para terminar, Martínez no cierra la puerta a volver a ponerse delante de los focos en un futuro largometraje, aunque reconoce con humildad que su timidez es un obstáculo. “Me encantaría, estoy abierta a ello, pero lo veo difícil. No soy el tipo de persona que esté cómoda en un trabajo que implique conocer a mucha gente", concluye.
