Los científicos no dan crédito: los peces se están haciendo más pequeños y mueren para sobrevivir al calor del mar según un estudio que ha analizado 3.000 especies
La producción mundial de pescado podría reducirse en torno a un 22%.

Ahora, el instinto de supervivencia de 'crecer más que los posibles depredadores' está perdiendo valor. Según advierte un grupo científicos, que ha analizado 3.000 especies de peces, asegura que se están volviendo más pequeños y mueren con mayor frecuencia a medida que se adaptan al calentamiento de las aguas.
Así lo han publicado Jan Kozłowski, Dustin J. Marshall y Craig R. White en la prestigiosa revista Science. Desesperados por sobrevivir, los peces están acelerando su ciclo vital en un cambio biológico. De acuerdo con la teoría de Darwin, "las especies que sobreviven no son las más grandes ni las más fuertes, los que sobreviven son las que se adaptan mejor".
Eso mismo está pasando con los peces y pronto tendrá repercusiones en la producción mundial de peces que se calcula que se reduzca en una quinta parte según las predicciones actuales de calentamiento global, y hasta en un 30% en escenarios de altas emisiones.
Más pequeños y más vulnerables
Según los investigadores, el calentamiento del agua está acelerando el metabolismo de los peces, obligándolos a madurar antes. Esto aumenta sus probabilidades de reproducirse antes de morir, pero tiene un efecto secundario que es que alcanzan tamaños más pequeños y presentan mayores tasas de mortalidad.
“Aquí no hay verdaderos ganadores”, advierte Craig White, coautor del estudio. “La combinación de calentamiento y evolución siempre ha sido perjudicial para la pesca”. Esta adaptación, aunque útil a corto plazo para la supervivencia de las especies, implica que los peces son más vulnerables a los depredadores y menos valiosos desde el punto de vista pesquero.
Caída en la producción pesquera mundial
Las consecuencias económicas y alimentarias son significativas. Las proyecciones indican que la producción mundial de pescado podría reducirse en torno a un 22% si el calentamiento global alcanza los 2 °C respecto a niveles preindustriales, una cifra superior al 14% estimado anteriormente sin tener en cuenta la evolución de las especies.
En escenarios de altas emisiones, la caída podría llegar al 30%. Un ejemplo concreto es el abadejo de Alaska, un pez que proviene de la familia de bacalaos, cuya captura podría disminuir en medio millón de toneladas métricas al año. Para David Reznick, profesor de ecología evolutiva en la Universidad de California, esta situación es crítica: “Esto supone la pérdida de más de 1.100 millones de raciones de proteínas de alta calidad al año en una sola especie”.
Ecosistemas en riesgo de transformación irreversible
Más allá de la pesca, el impacto ecológico podría ser aún mayor. El tamaño de los peces determina las relaciones depredador-presa en los océanos. Si las especies grandes disminuyen de tamaño, toda la cadena alimentaria puede alterarse. Joseph Travis explica que “gran parte de lo que ocurre en el océano depende de quién se come a quién, y eso está directamente relacionado con el tamaño corporal”.
Ejemplos históricos ya muestran estos efectos. En la plataforma continental de Nueva Escocia, el tamaño de grandes depredadores se redujo un 40% en cuatro décadas, lo que permitió que sus presas aumentaran hasta un 300%, alterando completamente el equilibrio del ecosistema.
Un problema agravado por la actividad humana
El calentamiento no actúa solo. Factores como la sobrepesca, la falta de oxígeno en el agua y las enfermedades intensifican el problema. Intentar compensar la reducción del tamaño capturando más peces podría acelerar el colapso de las poblaciones.
Además, estos cambios pueden volverse irreversibles. Al reducirse el tamaño medio, se pierde diversidad genética, especialmente los rasgos asociados a individuos grandes. Esto limita la capacidad futura de las especies para adaptarse.
La evolución no es la solución
Uno de los mensajes más contundentes del estudio es que aunque los peces se adaptan, lo hacen de una manera que empeora las condiciones para los ecosistemas y para los humanos. “Lo que no podemos hacer es suponer que las especies evolucionarán para salir de los problemas de una manera que nos convenga”, insiste White.
Los científicos coinciden en que la única forma de mitigar estos efectos es frenar el calentamiento global. Según el estudio, políticas climáticas eficaces podrían preservar hasta 18 millones de toneladas de producción pesquera al año.
