Almodóvar vuelve a retratarse en un doble 'alter ego' explorando el conflicto moral de 'vampirizar' historias en 'Amarga Navidad'
La 24ª cinta del manchego llega a los cines este 20 de marzo en un nuevo ejercicio de autoficción.
Después de una temporada pletórica para el cine español, muchos tenían apuntada en rojo la llegada del que es el gran referente dentro y fuera de nuestras fronteras: Pedro Almodóvar. El manchego regresa a los cines este viernes con Amarga Navidad, su cinta número 24, donde vuelve a ahondar en lugar seguro en su etapa más reciente: el de la autoficción y el alter ego personal como hizo en la aclamada Dolor y Gloria.
En esta ocasión, Almodóvar se autorretrata para sacar su cara menos amable en un neurótico director de cine, Raúl (Leonardo Sbaraglia), que a su vez crea una película ambientada en 2004 basada en el mismo en la que Elsa, una cineasta (Bárbara Lennie), que sufre continuas migrañas y ataques de pánico y que, tras un fracaso de acogida, decide abandonar el séptimo arte y centrarse en la publicidad.
Lo hace cuidada por Bo (Patrick Criado) su novio bombero y stripper en sus huecos libres —con un tórrido baile con música de Grace Jones que recuerda a los inicios del manchego— y muy cercana a los respectivos duelos que pasan sus amigas, encarnadas por Milena Smit y Vicky Luengo, mientras ella misma trata de superar la pérdida de su madre un año atrás.
Estos continuos juegos de espejos y reflejos se dan no solo en ese doble alter ego del propio Almodóvar, sino también en el Bo de Patrick Criado, a la vez objeto sexual y cuidador, atento y casi ninguneado emocionalmente de una forma narcisista por Elsa, y por el asistente de Raúl, al que encarna Quim Guitérrez.
En este juego de dobleces y alter egos tiene también un papel fundamental Aitana Sánchez-Gijón, con una de las interpretaciones más reseñables de la cinta, que encarna a la exasistente del director encarnado por Sbaraglia, con quien se ve enfrentada por el conflicto central de la película: el conflicto moral que existe a la hora de vampirizar historias del entorno.
Los límites de la autoficción, en relieve
Sánchez-Gijón, al igual que Vicky Luego en este universo ficcional, recrimina a los creadores —Luengo a Lennie y Sánchez Gijón a Sbaraglia— que vampiricen sus historias personales para su guion. Toda una crítica a la autoficción y los conflictos morales de los autores, en una cinta en la que el propio Almodóvar expone sus propias carnes.
Este discurso es el más político del cineasta en esta cinta, después de la reciente reflexión sobre la muerte digna y la eutanasia de La habitación de al lado o el reflejo de la importancia de la memoria histórica de Madres paralelas: ¿Hasta qué punto es ético ficcionar la realidad de tu entorno?
Eso sí, solo en la pantalla, ya que fuera de ella, Almodóvar sigue sin morderse la lengua. De hecho, no se ha callado a la hora de hablar de los jóvenes que romantizan la dictadura franquista. "Es un escándalo que los chicos jóvenes puedan decir, primeramente, que no saben quién fue Franco", señaló en una entrevista con Harper's Bazaar, donde también cargó contra las políticas de Donald Trump.
"No podemos ser insensibles a las barbaridades que estamos viendo con el ICE en EEUU. Uno tiene que ser consciente de que el mayor país del mundo, el más poderoso, no está viviendo en una democracia, porque todavía los medios hablan de ‘democracia imperfecta’. ¿¡Qué coño democracia imperfecta!? Es puro fascismo brutal donde impera la ley de la selva, del más fuerte", añadió.
Almodóvar dentro de Almodóvar
Más allá de la autorreferencialidad del personaje, que Almodóvar encarnó en sus alter ego en Dolor y Gloria, La Ley del deseo, La flor de mi secreto o en La mala educación, también vuelve a lugares que ya habíamos visto en sus cintas.
Lo es la habitación de hospital donde transcurre Hable con ella a la que es trasladada Elsa en su primer ataque de pánico, ese Lanzarote adonde se retira con su amiga a pasar el duelo que ya reflejó en Los abrazos rotos o ese retiro de una madre para superar al duelo tras perder a su hijo de Todo sobre mi madre.
Tampoco a nivel musical, con una Chavela Vargas omnipresente desde ese Amarga Navidad, que da título a la película, una catártica La Llorona o hasta colarse en la voz de Amaia Romero en una fiesta con cameos que van desde la anfitriona Rossy de Palma, a Bibiana Fernández, Los Javis u Omar Ayuso. Todos en una suerte de foto grupal a lo ¿Dónde está Wally?
En Amarga Navidad, Almodóvar se pone sobre un espejo nada complaciente que le explota a modo de autocrítica en una perfecto encontronazo al final del metraje a manos de Sbaraglia y Sánchez-Gijón en el parque del Retiro, porque el alter ego no tiene que ser romantizado ni exento de autocrítica.