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El Círculo Sáfico de Madrid o cómo Victorina Durán, Victoria Kent o Elena Fortún rompieron la heteronorma en la Segunda República

El Círculo Sáfico de Madrid o cómo Victorina Durán, Victoria Kent o Elena Fortún rompieron la heteronorma en la Segunda República

Entrevista con Paula Villanueva, investigadora y autora del ensayo 'El Círculo Sáfico. Lesbianismo y bisexualidad en el Madrid de principios del siglo XX' (Antipersona).

Victorina Durán, Victoria Kent y Elena Fortún en varias imágenes de archivo.
Victorina Durán, Victoria Kent y Elena Fortún en varias imágenes de archivo.Wikimedia Commons/El HufPost

A la hora de pensar en espacios para el colectivo LGTBIQ+ se suele pensar en discotecas, bares de ambiente o locales de ocio en barrios como Chueca o en localidades como Torremolinos o Maspalomas. La mayoría, orientadas al público gay, pero con algunos espacios para mujeres LBT. Sin embargo, la historia del colectivo pide ampliar un poco más allá la mirada.

A comienzos del siglo XX, cuando todavía no se vislumbraba que una Guerra Civil acechaba y que el franquismo acabaría con todas estas libertades, como hizo en lugares como el Pasaje Begoña, un grupo de mujeres intelectuales, políticas y escritoras encontraron su propio espacio para relacionarse. Un espacio seguro, sáfico, donde nombres como Elena Fortún, Victorina Durán, Rosa Chacel o Victoria Kent se daban cita para compartir intereses y amistad, pero también identidad y deseo hacia otras mujeres.

En esto basó su investigación Paula Villanueva, filóloga hispánica y profesora con máster de estudios LGBTIQA+, quien llegó a este grupo de la mano de Elena Fortún, autora de la saga juvenil Celia, y de libros como Oscuro Sendero, donde reflejaba las vivencias de una mujer lesbiana a principio de siglo.

"Esta novela me había parecido tan fascinante, no dejaba de ser el testimonio de una lesbiana armarizada en las primeras décadas del siglo XX antes del estallido de la Guerra Civil. A mí ya se me había puesto como la mosca detrás de la oreja de que había algo y empecé a buscar nombres de los que aparecían en ese prólogo, en otros libros, en otras autoras, y acabé encontrándome con algo que no era tan secreto, pero que no resonaba tanto", explica Villanueva. 

Así, haciendo un trabajo más bien de unir puntos aparentemente inconexos más que de archivo y atando cabos llegó a conocer este Círculo Sáfico de Madrid, que ha motivado su ensayo El Círculo Sáfico. Lesbianismo y bisexualidad en el Madrid de principios del siglo XX (Antipersona). 

"Pude ver que sí que existió una red de mujeres que tenían una relación de amistad, de romance, que algunas coexistieron en tiempo y espacio y otras no. Pero se puede entender que se tomaron el relevo o que formaron parte de una misma red de resistencia", recuerda Villanueva, quien suma a este grupo otras como Carmen Conde o Lucía Sánchez Saornil, grandes nombres que, a pesar de tener puestos tan relevantes como ser académica de la Real Academia como Conde o ser directora general de prisiones de España como Kent, siguen sin ocupar un hueco tan relevante como el de los hombres en los libros de historia.

"Luego hubo nombres que descubrí investigando y me fascinaron como Ángeles Vicente, la condesa Gloria Laguna o Victorina Durán, que es una de mis grandes obsesiones desde el primer día que supe de ella", recuerda sobre la escenógrafa y figurinista abiertamente lesbiana que jugó un papel fundamental en la escena surrealista. 

"Ha sido una tarea de desenterrar nombres muy relevantes y sustanciales para el momento cultural de la época pero también para una historia queer, concretamente sáfica, lésbica y de mujeres bisexuales. Fueron personalidades muy relevantes, muy activas, políticamente también muy implicadas", señala.

Un "círculo" que nace de un espacio seguro en un contexto de libertad y creatividad frente a la lesbofobia latente

Tal y como recuerda Villanueva, en esta época, donde encontramos a grandes poetas y creadores de la Generación del 27 o las Sinsombrero, a las que pertenecía Chacel entre otras mujeres como Maruja Mallo o María Zambrano, había un auge creativo, bohemio y de asociasonismo que permitía a estas mujeres acceder a recursos culturales y académicos.

"La Residencia de señoritas es uno de esos primeros ejemplos que viene siguiendo la estela de la Residencia de estudiantes. Pero el asociacionismo femenino de la época, que empieza con la ANME (Asociación Nacional de Mujeres Españolas), y después pasa ya por el Lyceum Club Femenino, que es de donde tiro el hilo, permitía un punto de reunión y acceso a la cultura para mujeres de distintos estratos sociales, dentro de cierto privilegio", recuerda Villanueva.

Dentro de estos primeros espacios, estas mujeres se encontraron de frente con el machismo y la resistencia ultraconservadora: "Se encuentran con muchos rechazos sociales, igual que también hay sectores de la población que las aplauden y las celebran. Se las devalúa mucho, se habla de ellas como ‘las maridas’ de forma despectiva porque había muchas que estaban casadas con intelectuales de la época. Las llaman de todo, rojas satánicas, demoníacas...".

"Es mucho más desmovilizador siempre plantear las experiencias queer o de cualquier disidencia como hechos aislados y únicos"
Paula Villanueva, investigadora y autora del ensayo 'El Círculo Sáfico.
Lesbianismo y bisexualidad en el Madrid de principios del siglo XX'

Pero también con lesbofobia y homofobia por parte de otras compañeras de asociación, lo que lleva a estas mujeres lesbianas y bisexuales a buscar un nuevo refugio, clandestino y sin ningún tipo de carnet como sí tenían en el Lyceum Club Femenino. "Por ejemplo, en los diarios de la escritora Carmen Baroja se refiere a Victorina Durán y a Matilde Calvo Rodero como 'dos viejas gordas con un complejo de masculinidad que a mí me horrorizaba'. Queda muy clara en palabras como estas la homofobia que había en el momento y que tenían que surgir otros espacios para ellas", recuerda.

Victorina Durán en una imagen de archivo.
  Victorina Durán en una imagen de archivo.Wikimedia Commons

Sin embargo, la contribución y la sexualidad de estas mujeres se ha pasado por alto mucho más de que lo que ha ocurrido con coetáneos masculinos como Federico García Lorca. 

"Apenas se nos habla de la contribución de sujetos considerados mujeres a lo largo de la historia, mucho menos de su identidad sexual. De Lorca, si tienes también un poco de suerte, puede que te diga un profesor que le matan por ser un hombre gay o que te hablen relación turbulenta con Dalí, con Buñuel. Pero de las mujeres, si no se habla directamente de sus contribuciones, no se va a hablar tampoco de su identidad ni de sus maneras de resistencia", recuerda Villanueva.

La autora apunta que su investigación fue como un "puzzle de unir eventos aislados". "Es mucho más desmovilizador siempre plantear las experiencias queer o de cualquier disidencia como hechos aislados y únicos", recuerda.

Encuentros entre el intelectualismo y la libertad sexual y los referentes de París y Londres

A pesar de que estos encuentros, todos ellos clandestinos en chalets como el de Gabriela Mistral, donde se reunían a partir de 1935, y de otras aristócratas e intelectuales, tenían en un primer momento una motivación intelectual, se fueron convirtiendo en espacios seguros para la sexualidad de estas mujeres lesbianas y bisexuales, convirtiéndose también en espacios de fiesta y encuentros románticos. Todo ello a pesar de que, por las imposiciones de la época, algunas de estas mujeres estuvieran casadas con hombres como era el caso de Elena Fortún.

"En los diarios de Victorina Durán, que planea publicar Eva Moreno, que serían el primer libro de memoria autobiográfica lésbica que tenemos en español, ella habla del chalet de Gabriela Mistral y del estudio que compartía con Matilde Calvo Rodero, donde hacían reuniones y fiestas", recuerda. "Pero también habla de fiestas en palacios de mujeres que pertenecen a la nobleza. Lo cuenta con todo lujo de detalles porque ella no bebía nada de alcohol y lo hace de una forma muy lúcida", señala.

Muchas de estas fiestas tenían lugar en carnaval, "que ha sido siempre un lugar de libertad para el travestismo, para otra expresión de género". "Habla de un contexto que con nuestra mirada actual no podemos ni llegar a pensar que eso podía existir en algún momento, que podía haber realmente fiestas en las que todo el mundo se estuviese enrollando con todo el mundo, y que lo vieran", apunta Villanueva. "Era un espacio seguro en el que podía pasar eso, porque no había como infiltrados malos que iban a acusar a nadie, que permitía la posibilidad de existir", señala.

"Era un espacio seguro en el que podía pasar eso, porque no había como infiltrados malos que iban a acusar a nadie, que permitía la posibilidad de existir"
Paula Villanueva, investigadora y autora del ensayo 'El Círculo Sáfico.
Lesbianismo y bisexualidad en el Madrid de principios del siglo XX'.

Tal y como recuerda Villanueva, en estos espacios había encuentros literarios, pero también de los "más febriles y divertidos", donde primaba lo festivo y lo erótico, lejos de la asexualización que se puede hacer de las relaciones entre mujeres de la época, muchas veces plasmadas como amigas o compañeras. 

"Leyendo los diarios de Victorina se puede leer frases como que 'estaba encantada de ver en las playas de San Sebastián mujeres haciendo topless, pero gratis, que era como en los casinos, pero que no había que pagar'. O sea, hay una mirada como claramente de deseo hacia las mujeres", recuerda.

Además, apunta que en el caso de Durán, la implicación política de sus textos era explícita y se puede ver cómo manifiesta de primera mano que "de la homosexualidad masculina se ha hablado mucho, pero de la femenina no" y que esa era la voluntad de su obra.

Este Círculo Sáfico de Madrid no fue el único y seguía la estela que habían conocido Durán y Matilde Calvo Rodero en París, con el Templo de la Amistad de la escritora estadounidense abiertamente lesbiana Natalie Clifford Barney, que se convirtió en punto de encuentro de mujeres sáficas y feministas.

"Victorina Durán es como la cabecilla o entorno a la que podemos presentar todo esto, diría que es nuestra Natalie Clifford Barney española. Ella conocía el Círculo Sáfico de París, había viajado mucho junto a Matilde Calvo Rodero y en solitario para aprender la técnica del batik y va a muchas fiestas y conoce a estas mujeres", apunta Villanueva.

Esto sirvió asimismo como referente para el Círculo de Costura de Hollywood, donde se reunían actrices y escritoras lesbianas y bisexuales en el Hollywood de los años 20 a los 50, entre ellas Marlene Dietrich, Greta Garbo o Joan Crawford.

Victoria Kent con el presidente de la República Niceto Alcalá Zamora y Alvaro de Albornoz en Madrid en 1931.
  Victoria Kent con el presidente de la República Niceto Alcalá Zamora y Alvaro de Albornoz en Madrid en 1931.Universal Images Group via Getty

La resistencia tras el exilio y el silencio del franquismo

Con el estallido de la Guerra Civil y la victoria franquista en 1939, muchas de estas mujeres, al igual que buena parte de sus coetáneos masculinos, se vieron obligadas a exiliarse en Latinoamérica o Francia. Sin embargo, los encuentros de muchas de ellas continuaron allí.

"Se sigue emulando esto del Club de Costura, bajo un pretexto aparentemente inofensivo de amigas que se juntan, pero que efectivamente encontraron un espacio de libertad", señala Villanueva sobre estos encuentros especialmente frecuentes en Buenos Aires.

"Tenemos constancia de que, específicamente allí, se siguieron reuniendo Victorina Durán, Rosa Chacel, Elena Fortún, entre otras, también por ahí Margarita Xirgú, Irene Polo...", recuerda y apunta a que muchas de ellas como Xirgú y Durán mantuvieron una relación previa.

"Seguían en Argentina quedando con las amigas, en este caso en un café, salón de té, como era el Café Bambi, aparentemente muy respetable, pero haciendo las cosas que les apeteciera y hablando de sus cosas", señala.

"El franquismo lo tapó todo, como cualquier indicio de disidencia, de discordancia con el régimen, de libertad, de existir fuera de los márgenes de la familia nuclear, de la heteronorma, etc."
Paula Villanueva, investigadora y autora del ensayo 'El Círculo Sáfico.
Lesbianismo y bisexualidad en el Madrid de principios del siglo XX'.

Villanueva recuerda que buena parte de que no se conozca la historia y la sexualidad de estas mujeres es por la dictadura franquista. "El franquismo lo tapó todo, como se tapan tantísimas cosas, como cualquier indicio de disidencia, de discordancia con el régimen, de libertad, de existir fuera de los márgenes de la familia nuclear, de la heteronorma, etc. Todo esto era un peligro, por lo tanto, tapado y silenciado", enfatiza.

La disidencia de estas mujeres iba tanto a la heteronorma como incluso a la identidad de género. Tal y como recuerda Villanueva, Elena Fortún, cuyo nombre real era María de la Encarnación Gertrudis Jacoba Aragoneses y de Urquijo, eligió este nombre para sus obras a raíz de una novela de su marido, Eusebio de Gorbea, Los mil años de Elena Fortún, que tenía una premisa similar al Orlando de Virginia Woolf: "Una mujer que va dando saltos de siglos y va cambiando de género y que considera el género una cárcel".

Pero también Victorina Durán firmaba algunas cartas con otras miembros del círculo como "Vic o Víctor" jugando con la dualidad de género.

"Querían dejar muestra de la libertad que vivieron ellas en determinados momentos y de sus vivencias", recuerda Villanueva sobre estas cartas, los diarios de los encuentros de las que frecuentaron este Círculo Sáfico de Madrid y, sobre todo, de las obras de aquellas que se dedicaron a la literatura o la creación artística. 

"Se nos ha ocultado deliberadamente, respecto a la homosexualidad femenina había este halo de invisibilidad que en ocasiones venía bien para la permisividad, pero luego estaba el concepto de que eran ‘amigas’. Llevaba 40 años viviendo con su amiga", bromea. 

Esto se debe, tal y como apunta a la investigadora, a la concepción histórica de que las mujeres "no son seres deseantes, sino objetos que reciben el deseo de otros". "En el momento que la sociedad tiene que ver que pueden tener deseo entre ellas, te lo rompe todo", enfatiza.

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Redactora de Life en El HuffPost. Graduada en Periodismo por la Universidad de Málaga (UMA) y Máster en Periodismo Cultural por la Universidad CEU San Pablo, ha colaborado con diversas webs culturales y ha trabajado como coordinadora de proyecto en la VII Bienal de Arte Contemporáneo de Fundación ONCE. Desde 2017, en la sección de Life (antes Tendencias) de El HuffPost escribe sobre música, cultura y entretenimiento, pero también sobre feminismo y sobre el colectivo LGTBIQ+.

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