Construyeron 100 aerogeneradores en Tasmania antes de darse cuenta de que se encontraban en el camino de un loro en peligro crítico de extinción
Cómo compatibilizar el desarrollo de energías renovables con la protección de la biodiversidad.

La transición hacia las energías renovables es uno de los grandes retos para frenar el cambio climático, pero su desarrollo también plantea nuevos desafíos. En ocasiones, infraestructuras pensadas para proteger el planeta terminan coincidiendo con ecosistemas especialmente sensibles o con el hábitat de especies amenazadas. Encontrar el equilibrio entre avanzar hacia un modelo energético más limpio y preservar la biodiversidad es un desafío complejo.
Eso es precisamente lo que ha sucedido en Tasmania (Australia), donde un ambicioso proyecto de energía eólica ha quedado en el centro de la polémica al descubrirse que los 100 aerogeneradores previstos se encuentran en plena ruta migratoria del loro de vientre naranja, una especie catalogada en peligro crítico de extinción. El caso ha reabierto el debate sobre cómo compatibilizar el desarrollo de las energías limpias con la conservación de la fauna más vulnerable.
El proyecto, impulsado por la empresa ACEN Australia en la isla de Robbins, contempla la instalación de un parque eólico con 100 aerogeneradores y una capacidad cercana a los 900 megavatios, suficiente para abastecer de electricidad a cientos de miles de hogares australianos. La iniciativa busca reducir de forma significativa las emisiones de gases de efecto invernadero, aunque su ubicación se ha convertido en el principal foco de preocupación.
Poco más de un centenar de individuos
Según recoge ABC News, el emplazamiento coincide con el corredor migratorio del loro de vientre naranja, una de las aves más amenazadas del planeta. Este pequeño loro, de apenas 40 gramos de peso, protagoniza una de las migraciones más extraordinarias del mundo. Es la única especie de loro conocida que cruza un mar abierto durante sus desplazamientos estacionales, atravesando el estrecho de Bass entre Tasmania y la Australia continental.
Además, toda la población silvestre se reproduce en un único rincón del planeta: la remota localidad de Melaleuca, en el suroeste de Tasmania, lo que convierte a la especie en extremadamente vulnerable. En 2016 apenas quedaban 17 ejemplares en libertad, de los cuales solo tres eran hembra, pero gracias a un ambicioso programa de cría en cautividad, liberaciones controladas y la instalación de cajas nido y comederos, la población ha logrado recuperarse lentamente hasta superar el centenar de individuos durante las últimas migraciones.
El problema es que la isla de Robbins se encuentra en el trayecto que utilizan estas aves durante sus vuelos migratorios. Por ello, las organizaciones conservacionistas advierten que el riesgo de colisión con las palas de los aerogeneradores podría comprometer años de esfuerzos de conservación, especialmente en una especie cuya supervivencia depende de un número tan reducido de individuos. A pesar de las críticas, el Gobierno australiano terminó autorizando el proyecto con una larga lista de condiciones ambientales.
Antes de iniciar la construcción, la empresa ACEN Australia deberá realizar varios años de seguimiento científico para conocer con mayor precisión la ruta y el calendario migratorio del loro, además de desarrollar un plan específico para aves y murciélagos. Entre las medidas previstas figura incluso la posibilidad de detener temporalmente algunas o todas las turbinas durante los periodos en los que las aves crucen la zona.
