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La nueva versión de 'Mi querida señorita' quiere visibilizar la intersexualidad: "No cabía sugerir, había que contar las cosas de frente"

La nueva versión de 'Mi querida señorita' quiere visibilizar la intersexualidad: "No cabía sugerir, había que contar las cosas de frente"

Este viernes llega a los cines la adaptación de la película original de 1972, esta vez dirigida por Fernando González Molina y con guión de Alana S. Portero. 

Elisabeth Martínez como Adela en 'Mi querida señorita'
Elisabeth Martínez como Adela en 'Mi querida señorita'MICHAEL OATS/NETFLIX

Cuando Jaime de Armiñán estrenó Mi querida señorita en 1972, la película protagonizada por José Luis López Vázquez abordó un tabú en una España todavía franquista: el de la intersexualidad. La cinta contaba la historia de Adela, una mujer de una ciudad de provincias que sabía que había algo en su cuerpo que la diferenciaba del resto. 

La versión original de Mi querida señorita, que consiguió una nominación al Oscar como Mejor película extranjera, no abordaba explícitamente la intersexualidad, algo que sí hace la adaptación de Fernando González Molina que se estrena este viernes en cines. La película, con guión de Alana S. Portero y producida por Los Javis, rompe del todo el silencio para intentar visibilizar la realidad de las personas interesex, que apenas se ha plasmado en la pantalla.  

"Tenía todo el sentido actualizar la película original de 1972 y traerla al mundo actual. Yo no recordaba lo qué le pasaba al personaje, incluso los periodistas que me entrevistaban cuando estábamos rodando la peli ni siquiera entendían que se trataba de un personaje intersex, pensaban que era una persona trans", rememora González Molina en una entrevista con El HuffPost

El cineasta asegura que "el sentido de la película era abordar la realidad intersex, tan poco abordada en el cine, invisibilizada a todas luces incluso desde el propio activismo". "Es lo que le daba sentido a nuestro trabajo", apunta el director. "Es la tesis central de nuestra historia, contar una historia intersex y visibilizar al colectivo o al menos una vida intersex. Aquí ya no cabía sugerir, había que contar las cosas de frente", añade Alana S. Portero. 

En esta nueva cinta, Adela, interpretada por Elisabeth Martínez, vive en una familia tradicional en Pamplona buscando sentirse invisible y pasar desapercibida, sabiendo que hay algo que su familia le ha ocultado desde que era pequeña. La joven veinteañera, que ejerce como catequista y trabaja en la tienda de antigüedades de su padre, descubre en una visita al ginecólogo que es intersex, lo que hace que entre en un conflicto con la identidad que le ha sido negada toda su vida. 

La familia elegida y los referentes en la ficción

Eso lleva a Adela a mudarse a Madrid para intentar descubrirse a ella misma y vivir su propia vida. En la capital hace piña con Gato (Manu Ríos) y Ángela (Lola Rodríguez), que terminarán convirtiéndose en su familia elegida. "Es una de las claves de nuestra peli que nos aleja un poco de la original, en la que Adela hacía un viaje en soledad", apunta González Molina. 

Lola Rodríguez y Manu Ríos como Ángela y Gato
  Lola Rodríguez y Manu Ríos como Ángela y GatoMICHAEL OATS/NETFLIX

"En realidad la mayoría de los viajes de historias LGTBI se cimentan sobre las familias elegidas, los mentores, la gente que es mayor que nosotros y nos explica cómo es el mundo. Todo eso era bonito colocarlo en la película y arropar al personaje de otros personajes que también formaban parte del colectivo pero que no tuvieran ningún conflicto respecto a quiénes eran. El personaje de Isabel, por ejemplo, tiene un conflicto porque quiere ser actriz", relata el cineasta. 

"La mayoría de los viajes de historias LGTBI se cimentan sobre las familias elegidas, los mentores, la gente que es mayor que nosotros y nos explica cómo es el mundo. Todo eso era bonito colocarlo en la película"
Fernando González Molina

Además, explica Portero, les parecía interesante "ampliar el espectro" a personas con todo tipo de problemas que condicionan su vida, como Ángela que es madre soltera. "Cuando tienes que irte de un lugar y cuando tu vida no se ajusta a lo que esperan de ti en un sitio, tienes una posibilidad ahí fuera de encontrar gente que te va a proporcionar eso que no tienes y me parecía esperanzador y bonito", destaca la guionista y escritora. 

En esas personas que va conociendo a lo largo de su proceso Adela encuentra un hogar, algo que tanto González Molina como Portero esperan que sea la película para los espectadores. "Nos parece no solo un referente para la gente intersex, sino para cualquier persona que tenga un conflicto con su propio cuerpo, de identidad... Una película que te reconoce el derecho legítimo que tienes a experimentar, a equivocarte. Una oda al amor propio, un viaje a querernos", defiende el cineasta. 

"Hemos tenido muchas casas en nuestra vida, en la ficción, que nos han sostenido y que en algún momento de nuestra vida era casi la única compañía que teníamos y el único ejemplo de que la vida podía ser otra cosa"
Alana S. Portero

"Fernando hablaba de crear una película que sea una casa y a mí me parece la definición perfecta. Porque hemos tenido muchas casas en nuestra vida, en la ficción, que nos han sostenido y que en algún momento de nuestra vida era casi la única compañía que teníamos y el único ejemplo de que la vida podía ser otra cosa. Las películas de Almodóvar nos abrieron una ventana a un mundo que era maravilloso. Modestamente es el intento", añade Portero. Basta con fijarse en las paredes de los pisos en Madrid que se ven en la cinta para darse cuenta de esos pequeños guiños al director manchego. 

El derecho a ser libre y a mostrarlo en pantalla

Cuando Adela conoce a Isabel, una fisioterapeuta que atiende a su abuela, cambia gran parte de su forma de entender la vida y tiene ganas de dejar de ser invisible y de esconderse. Una declaración de intenciones cuando todavía se escuchan esas frases de 'mientras lo hagan en su casa'... 

Elisabeth Martínez y Anna Castillo como Adela e Isabel
  Elisabeth Martínez y Anna Castillo como Adela e IsabelMICHAEL OATS/NETFLIX

"El discurso del padre José María (Paco León) define lo que queremos contar en la peli. Ella dice 'quiero que me toquen, quiero que me toquen mucho'. Eso de 'mientras estés en casa, mientras no llames la atención, mientras no gritemos está bien', que estén ahí calladitos. Por eso nosotros queríamos que fuera una película que gritara, que dijera intersexual, que contara la realidad del personaje, que mostrara los cuerpos", explica González Molina. 

"En historias que tienen que ver con las nuestras, la obviedad es política y también es estética. Es una hartura estar hablando siempre en susurros. Esa manera sibilina de narrar es lo mismo que te dicen de ‘no tengas tanta pluma o no te pintes los labios de rojo’. La vida se abre por caminos múltiples cuando se mira de frente y esta película mira de frente al espectador y quiere que la miren como Adela quiere que la toquen"
Alana S. Portero

En ese sentido, Portero insiste en que es una decisión firme en el momento de discursos de odio contra la comunidad LGTBI en el que nos encontramos. "En historias que tienen que ver con las nuestras, la obviedad es política y también es estética. Porque es una hartura estar hablando siempre en susurros. Esa manera sibilina de narrar, que no se diga mucho, es lo mismo que te dicen de ‘no tengas tanta pluma o no te pintes los labios de rojo’. Las cosas se llaman como se llaman, son como son, y la vida se abre por caminos múltiples cuando se mira de frente y esta película mira de frente al espectador y quiere que la miren como Adela quiere que la toquen", defiende la guionista. 

"La paradoja de la historia es que estrenamos la película en un momento en el que se hace más necesaria que nunca la obviedad del elogio a lo diferente, a lo diverso, que parece tan evidente y eso, como tantos otros derechos que teníamos inherentes a nosotros, pues parece que no son nuestros, que no nos corresponden y que todavía tenemos que salir a luchar por ellos", añade González Molina.

"La paradoja es que estrenamos la película en un momento en el que se hace más necesaria que nunca la obviedad del elogio a lo diferente. Como tantos otros derechos que teníamos inherentes a nosotros, parece que no son nuestros, que no nos corresponden y que todavía tenemos que salir a luchar por ellos"
Fernando González Molina

Por su parte, Portero insiste en que la "manera de gritar" de esta nueva versión de Mi querida señorita es su forma de "contar el presente de otra manera", alejada del miedo. "Lo que se hacía en nuestro tiempo no sucumbe a las lógicas del fascismo, es todo lo contrario. La narrativa de nuestro tiempo, por lo que a mí y a Fernando respecta, es que nuestro tiempo no es así, nuestro tiempo es mejor de lo que se está contando", defiende. 

La guionista y escritora lo tiene claro y quiere aportar su granito de arena: "Yo no sé si la ficción tiene el poder de cambiar la realidad, pero sí tiene poder de influencia y yo no quiero contar historias desde ese miedo, quiero contar historias sin miedo que es lo que nos merecemos". 

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Redactora de Life en El HuffPost. Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela (USC) y Máster en Periodismo Cultural por la Universidad CEU San Pablo, aprendió en Radio Galega o Pentación Espectáculos y ha colaborado con diferentes webs culturales y de estilo de vida. Llegó a El HuffPost en 2016, donde compaginó su trabajo como redactora de Branded Content con temas para la sección de Tendencias. Desde 2019 forma parte de la sección de Life, donde escribe sobre moda, belleza, cultura y estilo de vida.


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