Un reportero se atreve a meterse al agua a -3º: "El dolor me recorre el cuerpo, y sí, incluso en lo más íntimo"
“Mi cerebro deja de tener lógica. Lo olvido todo”.

Un paisaje cubierto de nieve, unas temperaturas bajo cero y un grupo de nadadores profesionales que competirán en el Campeonato Europeo de Natación en Hielo fue lo único que le hizo falta al periodista Gerco Mons para motivase a darse un chapuzón junto a los atletas. Sin embargo, la experiencia fue peor de lo que esperaba.
Una mezcla de pánico, respiración descontrolada y una lucha contra el propio cuerpo fue lo que sintió al sumergirse a –3 grados en las aguas heladas de una piscina exterior de El Hessenbad, en Hoog-Keppel, en los Países Bajos. Por suerte, lo acompañaron los nadadores profesionales Mignon Willems-Brussen, Alfred Berendsen y Marlies Melenhorst.
Para hacerse a la idea, la temperatura mínima que puede soportar el cuerpo humano es de aproximadamente -20ºC. A esta temperatura, ya empiezan a congelarse partes del cuerpo como la nariz o las orejas. Sin embargo, el cuerpo puede funcionar normalmente en temperaturas entre 0ºC y -10ºC, siempre y cuando cuente con la protección adecuada. En el caso de Mons, no fue así ya que se metió en el agua con un simple bañador.
Cómo fue la experiencia
El agua está oficialmente a tres grados, el límite para que se considere natación en hielo. “Entre cero y tres grados”, precisa Alfred. Según se ve en el vídeo publicado por el medio Gelderlander el reportero se quita el albornoz y desciende lentamente por la escalera. El golpe es inmediato. “Hace frío, mucho frío. El dolor me recorre el cuerpo. Y sí, incluso en lo más íntimo”, describe.
Intenta concentrarse en la respiración, inhalar, exhalar y mantener la calma. Empieza a nadar despacio mientras escucha ánimos desde el borde. Pero el cuerpo reacciona de otra manera. “El ritmo cardíaco se dispara. Ya no puedo controlar mi respiración”. Lo que comenzó como una experiencia intensa se transforma en que el pánico aparece sin avisar.
A mitad del recorrido, algo cambia. “Mi cerebro deja de tener lógica. Lo olvido todo”. La respiración se acelera de forma incontrolable. El pensamiento racional desaparece. Solo piensa en salir. Cambia su ritmo de nado y alcanza el borde en cuestión de segundos. Allí lo esperan con un poncho caliente. Apenas escucha las palabras de ánimo.
Le secan los pies, lo ayudan a ponerse las chanclas y lo trasladan rápidamente al interior. Nada de duchas calientes: “La diferencia de temperatura sería demasiado grande y no es buena para el cuerpo”, le explican mientras le entregan un vaso de agua tibia.
Un reto helado
“Entrenamos dos o tres veces por semana en agua helada”, explica Alfred. “Para ser sincero, yo también soy friolero. Cada vez que entro en el agua tengo que cruzar un umbral”. Ese mismo umbral es el que decide cruzar el reportero, pese a admitir que odia el frío según recoge el medio local.
“Me preguntan a menudo si es peligroso”, comenta Mignon entre risas. “No tengo una respuesta clara. Creo que al final es una patada. Y además es saludable”. Eso sí, aclara que nunca nadan solos. Siempre hay un compañero vigilando por si algo sale mal.
Es una actividad arriesgada por lo que tiene una serie de normas que no se pueden saltar bajo ningún concepto: entrar por la escalera, controlar la respiración y nadar por el lado corto de la piscina. “No sabemos cómo reaccionará tu cuerpo, podrías hundirte si te da un shock”, advierten.
