Maxime, trabajador de 32 años: "Siempre tengo un nudo en el estómago los domingos por la noche"
Según una experta, los empleados que ascienden no son los más productivos, sino los que más se relacionan, más tarde se quedan sin necesidad y van a más eventos.

"Toda mi vida he tenido un nudo en el estómago los domingos por la noche. Odio tener que fingir con mis compañeros, tener que seguir órdenes y todo lo que conlleva la vida de oficina. Siento que estoy sacrificando parte de mi juventud. ¿Y todo para qué? ¿Para una jubilación después de los 60? No me imagino trabajando hasta entonces". Maxime, autor de este comentario tiene 32 años y se encarga de las comunicaciones digitales de una pequeña empresa en la región de Île-de-France, en Francia. Fue contratado hace unos meses, pero desde entonces ha hecho lo mínimo indispensable, saliendo puntualmente a las seis y media de la tarde, reconoce Maxime, tal y como ha publicado Ouest France.
Como él son muchas las personas a las que, cuando están en la oficina, su trabajo no les exige toda la atención, o ninguna. Entre la búsqueda de un equilibrio entre la vida laboral y personal, una carga de trabajo insuficiente o salarios considerados demasiado bajos, estos empleados afirman que pasan varias horas al día sin trabajar nada de nada. Así, dedican ese tiempo a mirar redes sociales, videojuegos, series de televisión o haciendo desde allí trámites personales... hasta que da la llega la hora de fichar para irse. Un mundo poco motivante y, además, menos aún productivo.
Volviendo a Maxime, este empleado reconoce que, con su actitud en el trabajo está jugando un juego peligroso y toma algunas precauciones. Lo primero que hace es instalarse en el puesto de trabajo más alejado de la puerta de la oficina, lo que le da tiempo de moverse a otra ventana si el jefe aparece de improviso, según relata.
Ludivine Adla, profesora de Ciencias de la Gestión en el Instituto de Administración de Empresas (IAE) de Grenoble, Francia, explica que "en las empresas muy pequeñas, suele ser más difícil fingir inocencia": "La proximidad jerárquica y la versatilidad de los empleados hacen que cualquier comportamiento contraproducente sea inmediatamente visible. Cada fallo tiene un impacto directo en la empresa. Por lo tanto, el margen de ocultación es bastante limitado", resalta esta experta.
“Quizás por eso no progreso tan rápido”, añade Maxime. Y, según Ludivine Adla, en estos casos la respuesta es muy clara: “Hoy en Francia, los empleados que ascienden no son los más productivos, sino los que más se relacionan: se quedan hasta tarde en el trabajo sin necesidad real, toman café con los compañeros, participan en eventos de la empresa…”, asegura esa especialista.
Maxime también admite no sobrecargarse y se asegura tener siempre algo que hacer pensado, "por si acaso " : "Tengo un contrato de 38 horas semanales, pero en realidad trabajo 28. Mis jefes no entienden mi trabajo, así que no saben cuánto tiempo necesito para completar un proyecto", explica este parisino. Trabajando a distancia, Maxime simplemente mueve el ratón de vez en cuando está un rato sin usarlo, para que su ordenador no se duerma, y ya está, asegura. Pero, añade otro dato: "Una vez vi a mi jefa pasarse la mañana entera buscando piso, así que, bueno...", se pone a sí mismo como excusa.
Este joven añade que, al principio, se sintió un poco culpable, pero con el tiempo, nada culpable, pues creía que "no ganaba lo suficiente por hora". Un argumento financiero compartido por otra empleada que vive una situación similar, Alexandra, de 25 años. Es editora web en un programa de estudio y trabaja en una agencia de viajes del sureste de Francia. "Un día, hago un artículo sobre el nuevo destino más popular este invierno, al siguiente, consejos para viajar con más tranquilidad con un niño pequeño... Así que, en resumen, un trabajo que me permite pagar las cuentas y ya, pero que no ,e entusiasma especialmente. Y no voy a dar el 110% a un trabajo si gano menos del salario mínimo", señala con sinceridad. Y acaba con otro truco, que mucha gente usa también: "Cuando necesito un descanso, me aíslo en una sala de reuniones. Todos creen que voy a trabajar en paz y tranquilidad, pero en realidad puedo pasar 45 minutos con el teléfono".
