Nolan y Jan, 15 y 73 años, son pura definición de buena relación nieto-abuelo: "Ojalá hubiera tenido tanto acceso a la información cuando era más joven"
“Siempre puedo acudir a él… Realmente lo aprecio”, asegura el nieto.

La relación entre abuelos y nietos suele construirse en los pequeños gestos del día a día, pero en algunos casos se convierte en un vínculo que trasciende generaciones. Compartir tiempo, intereses y curiosidad mutua no solo fortalece la familia, sino que también abre puertas al aprendizaje y al entendimiento entre edades distintas. La historia de Nolan (15) y su abuelo Jan (73) es un ejemplo perfecto de esa cercanía intergeneracional.
Entre ellos hay casi seis décadas de diferencia, pero también una rutina compartida que, según ambos, define lo que debe ser una buena relación entre nieto y abuelo: curiosidad, respeto, tiempo juntos y un toque de química en la cocina y en el laboratorio de la vida. En su día a día, la diferencia de edad se diluye y deja paso a un vínculo natural en el que aprender, escucharse y disfrutar del tiempo compartido es la norma, no la excepción.
Jan estudió química en Utrecht y dedicó alrededor de treinta años a la industria farmacéutica, y hoy sonríe al ver que su nieto quiere seguir un camino parecido. "Todavía no sé exactamente en qué dirección, pero definitivamente quiero dedicarme a la química. Creo que mi abuelo influyó en esto. Me gusta mucho la química porque siempre hablábamos en la mesa y él me explicaba cómo funcionaban las cosas", explica Nolan en declaraciones recogidas por AD.

Una relación envidiable
Para Jan, no hay mayor satisfacción que observar cómo las nuevas generaciones se interesan por la misma disciplina que marcó su vida. Cuando Nolan nació, su madre aún estudiaba, por lo que vivió con sus abuelos hasta los cinco años, donde creció yendo a conciertos de música clásica y visitando museos. Por su parte, Jan recuerda con humor cómo una vez Nolan le mostró en Internet el hallazgo de “oro rosa”, al principio lo dudó, hasta que comprobó que era cierto.
La cocina es otra escuela de química en esta casa. Nolan habla con brillo en los ojos de la receta familiar conocida como “repollo de mono”, un estofado donde ingredientes poco ortodoxos, plátano incluido, se combinan hasta dar en el clavo. Jan lo llama “química comestible”, ya que para él cocinar es experimentar y compartir. Esa mezcla de tradición culinaria y experimentación resume su relación: aprendizaje mutuo, risas y respeto.
Aun con gustos distintos, Nolan es aficionado a los videojuegos y Jan prefiere leer el periódico, ambos reconocen los beneficios de compartir tiempo y tareas. El adolescente recorre varias veces la ciudad en bicicleta para visitar a su abuelo y valora la disponibilidad de Jan a la hora de ayudar con los deberes. “Ojalá hubiera tenido tanto acceso a la información cuando era más joven”, cuenta Jan, que envidia el acceso que tienen los jóvenes a recursos digitales.
Jan y Nolan se ven al menos un par de veces por semana. No practican deportes de competición, pero lo hacen todo en bicicleta: desde visitas a amigos hasta escapadas culturales. “Nunca tenemos un conflicto; es muy armonioso. Siempre es un placer tenerlo aquí”, dice Jan. Según Nolan, su abuelo es muy bueno con él. “Siempre puedo acudir a él, ya sea para hacer la tarea o para arreglarme la llanta. Me ayuda. Realmente lo aprecio”, asegura el joven.
