Gaby Hostnik, psicóloga y neurocientífica: "La enfermedad carencial del siglo XXI es el sedentarismo, basta con caminar rápido 20 minutos al día para cambiar la química del cerebro"
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Gaby Hostnik, psicóloga y neurocientífica: "La enfermedad carencial del siglo XXI es el sedentarismo, basta con caminar rápido 20 minutos al día para cambiar la química del cerebro"

También desmonta otro hábito muy extendido: la queja constante.

Hacer deporte en casa te ayudará a estar más sanoGetty Images/Westend61

En un mundo donde el móvil vibra más que las piernas y donde mucha gente pasa más tiempo sentada que durmiendo, la psicóloga y neurocientífica argentina Gaby Hostnik cree que el gran déficit de esta época no es la falta de vitaminas, sino la falta de movimiento.

“La enfermedad carencial del siglo XXI es el sedentarismo”, asegura la experta en una entrevista con La Voz de Galicia, que acaba de publicar El futuro es lo que haces hoy. Y no habla de convertirse en atleta olímpico ni de sufrir en un gimnasio rodeado de máquinas imposibles. Su receta es bastante más sencilla: caminar rápido durante 20 minutos al día.

Según Hostnik, ese pequeño gesto cotidiano puede provocar un auténtico “reinicio” cerebral. “Te renueva el tanque de energía y te cambia la química del cerebro”, explica. Algo especialmente importante en una sociedad que vive acelerada, hiperconectada y permanentemente cansada… incluso antes del café de media mañana.

La neurocientífica sostiene que el cerebro humano sigue funcionando con mecanismos muy antiguos, aunque ahora viva rodeado de pantallas, notificaciones y prisas. “Tenemos tecnología ultramoderna y emociones del Paleolítico”, resume. El problema es que ese cerebro diseñado para sobrevivir en la sabana interpreta muchas situaciones diarias como amenazas: un correo urgente, una discusión en WhatsApp o incluso el simple hecho de no desconectar nunca.

Por eso insiste tanto en el movimiento, el silencio y el contacto con la naturaleza. No como modas de Instagram, sino como herramientas reales para regular el estrés y mejorar la salud mental. Porque, según explica, el cuerpo es muchas veces la puerta de entrada para gestionar las emociones.

Hostnik también desmonta otro hábito muy extendido: la queja constante. “La queja activa el sistema de amenazas del cerebro”, advierte. Y añade que ese estado no solo afecta al ánimo, sino también al cuerpo: aumenta el estrés y termina impactando incluso en el sistema inmune. Vamos, que el “todo me pasa a mí” sale más caro de lo que parece.

En lugar de instalarse en el drama permanente, la especialista propone entrenar algo mucho menos ruidoso pero más efectivo: la gratitud. Defiende que practicarla ayuda a desarrollar resiliencia y flexibilidad mental antes de que lleguen los problemas, no cuando ya estamos al borde del colapso emocional.

Finalmente, la experta también pone el foco en la inteligencia emocional, que define como la capacidad de poner una pausa entre lo que ocurre y cómo reaccionamos. En tiempos donde medio internet responde antes de pensar, no parece precisamente una mala idea.

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