Un pueblo irlandés de 22.000 habitantes logra que el 70% de los padres firme un pacto para no dar móvil a sus hijos antes de los 12 años: las lágrimas en las puertas del colegio fueron la señal
Se rompe con la idea de “todos lo tienen” y se apuesta por una infancia menos conectada.
Ver a un niño con un teléfono móvil entre las manos ya no sorprende a nadie. En parques, restaurantes o a la salida del colegio, la escena se ha vuelto cotidiana y cada vez ocurre a edades más tempranas. Para muchas familias, el primer smartphone ha pasado de ser un rito de entrada a la adolescencia a convertirse casi en un accesorio de la infancia. En ese contexto, hay comunidades que han decidido frenar y preguntarse si de verdad tiene que ser así.
En Greystones, un municipio costero de poco más de 22.000 habitantes al sur de Dublín, esa pregunta dejó de ser retórica para convertirse en acción. Lo que empezó como una inquietud compartida entre padres y profesores acabó transformándose en un acuerdo colectivo: cerca del 70% de las familias decidió retrasar la compra del primer smartphone hasta el inicio de la secundaria, rompiendo así con la inercia de “todos lo tienen” y apostando por una infancia menos conectada y más pausada.
La iniciativa tomó forma en 2023, cuando las asociaciones de padres y madres de los colegios de primaria, junto a directores y docentes de Greystones, decidieron dar un paso al frente al ver a los niños a las puertas del colegio con lágrimas en los ojos. Así surge el proyecto ‘It Takes a Village’ (Se necesita una comunidad), con la idea de que solo una respuesta conjunta podía aliviar la presión social que empuja a adelantar cada vez más la edad del primer móvil y ofrecer a los niños un entorno más protegido frente al impacto de la tecnología.
Una respuesta comunitaria
De esta forma, este pueblo irlandés convirtió una preocupación privada en una respuesta comunitaria, poniendo en común situaciones que se repetían en muchos hogares: niños con ansiedad, dificultades para dormir, discusiones constantes por el uso del móvil o problemas para concentrarse en clase tras pasar horas conectados, según recoge NY Times. Estas señales encendieron todas las alarmas y empujaron a familias y colegios a actuar antes de que el problema fuera a más.
En este contexto, un informe de la organización de seguridad digital CyberSafeKids, realizado en 2025, señala que 28% de los niños irlandeses de entre 8 y 12 años sufrió contenidos no solicitados que les molestaron, y que el 63% de los escolares de primaria dice que sus padres no pueden ver lo que hacen en internet. También advierte que el 71% de esos menores usa aplicaciones o servicios pensados para mayores de 13 años.
Por ello, Greystones no afirma haber resuelto el problema de fondo, pero sí haber cambiado la norma social. El pacto no surge como una prohibición por decreto, sino para quitar presión al padre o a la madre que se queda sola frente al clásico “pero todos los demás tienen uno”. Esto hace que ahora el ambiente sea distinto, con menos prisas por crecer a golpe de pantalla y más espacio para que los niños que vuelvan a jugar y, en definitiva, a vivir una infancia más acorde a su edad.