La evolución de estilo de Bad Bunny: de un reguetonero excesivo más a un icono que no tiene miedo de experimentar
El artista está en España con su gira 'DeBÍ TiRAR MáS FOToS' y ha cambiado mucho desde que estuvo aquí por última vez en 2019.

Bad Bunny está haciendo historia. Esa frase se puede aplicar a prácticamente todo lo que está haciendo el artista puertorriqueño en los últimos años. Benito Antonio Martínez Ocasio se convirtió en febrero en el primer artista latino en ganar el Grammy al álbum del año por un disco íntegramente en español, DeBÍ TiRAR MáS FOToS.
El Conejo Malo es el artista más escuchado del mundo y no ha dudado en utilizar esa enorme plataforma para defender causas como los derechos de los migrantes, los estereotipos de género y muy especialmente la cultura y la libertad de Puerto Rico, su tierra natal.
Su impacto cultural es innegable, pero Bad Bunny no solo ha roto barreras en la música, también con la moda. El cantante ha conseguido lo que muy pocos reguetonero han logrado: posicionarse como un referente de estilo al que se rifan las marcas y trabajar con ellas directamente cimentando ese legado.
El camino no ha sido flor de un día y poco queda ya del estilo de aquel reguetonero que empezaba a despuntar allá por 2017, cuando el artista vestía como cualquier otro trapero latino del momento.
Trap latino, experimentación y lujo evidente

Durante su primera etapa, Bad Bunny seguía los códigos de la mayoría de artistas urbanos. Grandes logos, cadenas, oro y exceso. Por aquel entonces no había ni rastro del pelo negro y ondulado que luce actualmente, el cantante llevaba el pelo rapado con un marcado delineado. Las gafas de colores como el rojo también eran indispensables.
A medida que fue avanzando su carrera, Benito fue dejando atrás los pantalones pitillo y los estilismos más parecidos a los del resto de sus compañeros para incorporar prendas más excesivas y rompedoras. Texturas como el terciopelo, grandes chaquetas de plumas y logos todavía más evidentes. El mejor ejemplo, los trajes oversize con el logo de Louis Vuitton estampado en diferentes colores con los que subió a varios escenarios.

Difuminando la barrera de los estereotipos de género
Desde el principio de su carrera, Bad Bunny no tuvo miedo en difuminar la barrera del género a la hora de montar sus estilismos. Por ejemplo, fue uno de los primeros rostros conocidos en pintarse las uñas cuando todavía se consideraba una amenaza a la masculinidad hegemónica y un gesto especialmente significativo en una comunidad como la del reguetón. De hecho, Benito publicó en sus redes sociales en 2018 cómo un salón de uñas de Oviedo se había negado a hacerle la manicura por ser un hombre.

A medida que se fue consolidando, más difuminó esos códigos, incorporando regularmente prendas de mujer a sus actuaciones. Por ejemplo, en 2020 acudió al programa de Jimmy Fallon con una falda midi de tablas. Lo hizo, además, denunciando con una camiseta el asesinato de Alexa Negrón, una mujer trans de Puerto Rico.

Ese mismo año, se vistió de mujer con un vestido rojo de látex en el videoclip de Yo perreo sola un himno para reivindicar que las mujeres pudieran perrear sin miedo y, en sus propias palabras, defender el feminismo, aunque también recibió algunas críticas por esta elección.
“Me acuerdo de ver las prendas de las colecciones de mujer y siempre me quedaban mucho mejor y tenían mucha variedad”, explicó en una entrevista Harper’s Bazaar en 2022 sobre su gusto por las prendas femeninas.
Fue también en 2022 cuando protagonizó la campaña de la firma Jacquemus, The Splash, en la que se alternaban fotografías del artista luciendo prendas de la colección masculina de la marca con otras de la propuesta femenina. ¿La imagen más emblemática? La de Bad Bunny con un minivestido rosa fucsia y tacones azules.
Llegó la sobriedad
A pesar de que cuando presentó Un verano sin ti en 2022 su armario era un auténtico arcoíris y un derroche de estampados y diversión, la cosa cambió rápido cuando entró en la era de Nadie sabe lo que va a pasar mañana, el álbum que lanzó en 2023.

Benito comenzó a apostar por un estilo mucho más sobrio, con prendas básicas como la camiseta blanca, que combinó con accesorios de estética western como las botas de cowboy. Ese cambio de rumbo en su manera de vestir se evidenció cuando recogió el Grammy por Un verano sin ti en febrero de 2023 con un sencillo traje negro y una camisa blanca. Esa misma noche, encendió el escenario de la gala con un vaquero, una camiseta blanca de algodón y una gorra colocada hacia atrás.

Pero Bad Bunny seguía siendo Bad Bunny, por lo que la experimentación seguía muy presente en su armario a pesar de estar en una era en la que los colores cálidos habían pasado a un segundo plano. En la gala del Met del 2023, el artista se plantó en las escaleras del Museo Metropolitano como una novia en su gran día con un traje blanco a medida de Jacquemus con la espalda descubierta acompañado de un larguísimo chal de flores.

Fue también la época en la que empezó a cogerle el gusto a las gabardinas y abrigos hasta los pies, que siguió combinando con botas cowboy, y un punto de inflexión en su reclamo como imagen de grandes firmas. Participó en campañas de Gucci con su pareja de entonces, Kendall Jenner, encabezó grandes eventos como Vogue World en París, donde puso la banda sonora a un tramo de la celebración.
La sastrería y la reivindicación de Puerto Rico
La nueva fase en el estilo de Bad Bunny podría encapsularse en su look para la gala del Met de 2025, cuando eligió un impoluto traje marrón de Prada acompañado de un sombrero que emula la pava. Se trata de un sombrero que solían utilizar los trabajadores del campo en Puerto Rico con el que el artista no solo recuperaba uno de los grandes símbolos de su cultura, sino que ponía el foco sobre la figura de los campesinos, habitualmente despreciada.

En el último año, Bad Bunny ha utilizado la pava una y otra vez, convirtiendo este sombrero en un icono de esta etapa musical. Además, desde el escenario de la Super Bowl hasta en los estadios que está llenando por todo el mundo, el artista no se ha separado en los últimos meses de los trajes, utilizando la sastrería que estamos acostumbrados a ver en grandes cantantes de salsa, bolero o bachata.
Desde en tonos grises hasta el más clásico color crema, pasando por el burdeos, Benito ha lucido infinidad de modelos, habitualmente combinados con gafas de sol o una gorra para aportarle su propia personalidad. El artista llevó esa sastrería a su máxima expresión en los Grammy de este año, cuando lució un traje de Schiaparelli con la parte posterior emulando la columna vertebral hecho a medida para él. No era un look cualquiera, ya que era la primera vez que la firma diseñaba un traje para hombre en una alfombra roja.

El reguetonero ya no busca exhibir las marcas que puede lucir, sino que son ellas mismas las que van a buscarlo. Para muestra, su colección Benito Antonio para Zara con la que ha trasladado su estética a las tiendas.
Los trajes han sido los grandes protagonistas del año de Bad Bunny, pero el cantante no ha renunciado a su espíritu innovador e irreverente. Es habitual que luzca shorts con la bandera de Puerto Rico en sus conciertos y elige prendas especiales para ciertas apariciones como, por ejemplo, la rueda de prensa previa a la Super Bowl en la que eligió un llamativo abrigo de pelo y su característico gorro con orejitas que se ha convertido en una seña de identidad.

Evolucionando pero sin olvidar sus raíces, 2026 está siendo el año en el que Bad Bunny ha confirmado que es una figura imprescindible en la industria de la moda y uno de los artistas con más impacto. ¿Qué pasó dará en su siguiente etapa? Estamos deseando verlo.
