Ernesto Mateos, especialista en ansiedad: "El cuerpo se prepara para sobrevivir"
Los problemas digestivos no empiezan en el estómago, sino en el sistema nervioso

Náuseas, gases, estreñimiento o sensación constante de malestar estomacal. Muchas personas experimentan síntomas digestivos cuando atraviesan periodos de ansiedad, aunque en numerosas ocasiones las pruebas médicas no detectan ningún problema físico en el aparato digestivo.
Detrás de esta conexión entre mente y cuerpo existe una explicación biológica relacionada con el funcionamiento del sistema nervioso. Así lo explica Ernesto Mateos, en su cuenta de TikTok @ernestomateos1, que ha analizado por qué la ansiedad puede afectar de forma tan intensa al sistema digestivo.
El cuerpo entra en “modo supervivencia”
Según explica Mateos, el sistema nervioso funciona principalmente en dos estados diferentes. Por un lado, existe un "modo descanso y calma", en el que el cuerpo puede reparar tejidos, digerir correctamente y mantener los sistemas internos funcionando con normalidad.
Por otro, aparece el conocido mecanismo de "lucha o huida", una respuesta automática diseñada para ayudar al organismo a sobrevivir ante una amenaza. Cuando el cerebro interpreta peligro —ya sea real o no— activa inmediatamente ese segundo modo. "El cuerpo se prepara para sobrevivir", explica.
Por qué la digestión se detiene con ansiedad
En ese estado de alerta, el organismo prioriza funciones relacionadas con la supervivencia inmediata. "El cuerpo necesita mandar toda la sangre posible a los brazos para pelear o a las piernas para huir", señala. Como consecuencia, el sistema digestivo deja de ser prioritario y recibe menos flujo sanguíneo.
"El cuerpo literalmente le corta el suministro de sangre para que deje de funcionar", afirma. Ese proceso provoca que la digestión se ralentice o incluso se detenga temporalmente, generando síntomas como dolor abdominal, náuseas, sensación de pesadez, diarrea o estreñimiento.
Por qué algunas personas pierden el apetito y otras comen más
Uno de los aspectos que más confusión genera, según el especialista, es que la ansiedad no afecta igual a todas las personas. Hay quienes pierden completamente el apetito y otras que sienten necesidad constante de comer, especialmente alimentos calóricos. Sin embargo, el especialista aclara que ambas respuestas tienen el mismo origen que es el sistema nervioso intentando gestionar la ansiedad.
"En algunas personas el cuerpo apaga todo lo que no es esencial para sobrevivir", explica. En esos casos, comer deja de ser prioritario y aparece la falta de apetito. Por el contrario, otras personas reaccionan buscando energía rápida para afrontar el estado de alerta. "La comida se convierte en una forma automática e inconsciente de intentar regular el sistema", señala.
El intestino y el cerebro están profundamente conectados
La relación entre ansiedad y digestión no es casual. Numerosos estudios científicos han demostrado la conexión directa entre el cerebro y el sistema digestivo a través del llamado eje intestino-cerebro.
El intestino contiene millones de neuronas y está estrechamente ligado al sistema nervioso autónomo, responsable de regular funciones involuntarias como la respiración, el ritmo cardíaco o la digestión. Por eso, situaciones de estrés emocional prolongado pueden terminar generando síntomas físicos muy reales.
