Ana Luzón, experta en nutrición: "Con una dieta equilibrada no es necesario gastarse una fortuna en productos altos en proteínas"
Estos alimentos de moda "high protein" son una herramienta técnica interesante pero en casos puntuales, como personas con muy poco apetito o deportistas.
Si te has paseado últimamente por el pasillo de los lácteos, habrás notado que el color azul y blanco de toda la vida ha sido invadido por envases negros y un mensaje omnipresente: "HIGH PROTEIN", advierte la técnica superior en Nutrición y Dietética Ana Luzón. Lo que ha pasado es que lo que antes era un nicho para deportistas de élite se ha convertido en el nuevo estándar del "supermercado saludable". Pero, ¿cuánto hay de ciencia y cuánto de marketing en esa tarrina que cuesta el triple? Luzón desgrana si realmente merece la pena pagar este "impuesto al nitrógeno".
Una de las cuestiones principales tiene que ver con el yogur: ¿Cuánta proteína extra aporta realmente un yogur proteico? "Un yogur natural clásico aporta unos 4-5 gramos de proteína y cuesta unos 0,25 euros", responde luzón, "un yogur proteico, ronda los 10-12 gramos, pero su precio escala a los 0,80 euros o 1,20 euros". Así que "sí tiene el doble de proteína, pero el precio se triplica", concluye. "La realidad es que opciones como el queso fresco batido 0% o el skyr ofrecen prácticamente la misma densidad proteica por una fracción del precio. No estamos comprando un superalimento, estamos comprando comodidad y diseño", explica esa experta.
Otra cuestión es "el absurdo de las 'latas de atún proteicas'", dice Luzón. Seguramente hayas visto latas de atún o pechuga de pollo con el sello "Alto en proteína". Esta técnica nutricionista señala que "es el equivalente nutricional a vender 'agua alta en hidratación'". "Es decir, el atún y el pollo son proteína por definición. Ponerles ese sello es una estrategia para que el consumidor no compare el precio por kilo con la marca de al lado".
Y lo mismo ocurre con panes o galletas "proteinizadas", añade esta experta. A menudo se les añade gluten o soja para inflar la cifra de la etiqueta mientras mantienen harinas refinadas. Además, cabe preguntarse: ¿qué sentido tiene convertir alimentos cuya función principal es darnos energía (carbohidratos) en fuentes de proteína, cuando lo que buscamos en ellos es precisamente ese combustible?"
Un aspecto más a tener en cuenta es el sesgo de género y la proteína real. "Aunque a menudo se dice que comemos 'demasiada' proteína, en consulta observamos una paradoja: mientras una parte de la población se excede mediante carnes procesadas, existe un claro sesgo de género en el consumo de proteína de calidad", relata Ana Luzón.
Y explica que, "históricamente, la literatura y la cultura han empujado a las mujeres hacia platos “ligeros”: ensaladas, frutas y productos lights". Y lo que ella ve en la consulta es que "muchas mujeres que se preocupan por su salud no llegan a sus niveles óptimos": "Somos proteína: desde las hormonas y las células del sistema inmune hasta los dientes y el músculo", resalta. "Además, es un nutriente muy saciante, clave para evitar el picoteo constante", añade.
Así que "para cubrir estas necesidades no hace falta gastar una fortuna", afirma Luzón. "Un consumo de 2 o 3 raciones de legumbres semanales, unos 7 huevos, 3 de pescado y algo de carne o lácteos, combinado con frutos secos y cereales, cubre las necesidades de casi cualquier persona sana". Pero entonces, ¿cuándo puede interesar los suplementos? "El papel del 'aislado'", contesta la experta.
"Porque aquí entra en juego el aislado de proteína de suero (Isolate)", prosigue. "No es un producto milagroso, pero sí es una herramienta técnica interesante en casos puntuales, como personas con muy poco apetito (como ancianos o pacientes en recuperación) que no pueden ingerir grandes volúmenes de comida; deportistas con requerimientos altísimos que necesitan una digestión rápida, o casos de falta de tiempo extrema". "En estos casos", añade la técnica en nutrición, "el aislado es útil porque es, literalmente, proteína pura, es eficiencia técnica, pero nunca un sustituto de la comida real si tienes la oportunidad de sentarte a la mesa".
Además, hay que tener en cuenta que más es mejor para nuestro cuerpo, como añade esta experta: "El cuerpo tiene un tope de absorción por comida. Lo que no se usa para reparar tejidos o funciones vitales, el cuerpo lo oxida para obtener energía o lo elimina a través de la urea. Básicamente, si te excedes de forma innecesaria, estás tirando el dinero por el retrete", explica.
Además, el exceso de estos productos suele conllevar un desplazamiento nutricional: "Si te llenas a base de puddings y batidos, dejas fuera la fibra y los antioxidantes de la fruta, la verdura y las legumbres que ningún procesado puede replicar. Y recuerda: la proteína ayuda a preservar el músculo, pero el músculo es un tejido 'caro' de mantener para el cuerpo; si no le das estímulo (ejercicio), comer proteína por sí solo no hará el milagro", advierte la técnica en dietética.
En conclusión, Luzón nos recomienda que usemos "la cabeza, no sólo el músculo": "Los productos enriquecidos son herramientas útiles en situaciones específicas, pero para el consumidor medio son, a menudo, un lujo innecesario. Antes de dejarte seducir por el envase negro y los '20g. de proteína', recuerda que un huevo, un puñado de lentejas o una lata de sardinas siguen siendo los reyes imbatibles de la nutrición real". "Sin sellos dorados, pero mucho más honestos con tu salud y tu bolsillo", sentencia.
*Ana Luzón es técnica en nutrición y defensora de una alimentación realista, alejada de dogmas y dietas restrictivas. Su enfoque se centra en ayudar a las personas a reconectar con sus señales de hambre y saciedad, integrando la salud física con el bienestar emocional y el contexto de la vida actual. Más información en www.analuzonsalud.es y en Instagram @analuzonsalud.