Johan, gastroenterólogo: "Tenemos una cultura dietética que hace que todos nuestros alimentos sean un poco inferiores"
Un deterioro progresivo de la calidad nutricional en la dieta cotidiana.

El auge de los alimentos ultraprocesados en las últimas décadas ha transformado profundamente los hábitos alimentarios en las sociedades occidentales, pero también ha abierto un nuevo frente de preocupación sanitaria. Cada vez más investigaciones señalan que una dieta basada en productos industriales puede alterar el equilibrio del sistema digestivo y favorecer la aparición de enfermedades intestinales.
Este impacto ya no es solo teórico, sino que expertos empiezan a notar sus consecuencias en la salud de la población. Johan Burisch, jefe del servicio de gastroenterología del Hospital Hvidovre y profesor en la Universidad de Copenhague, advierte que la forma en que comemos, y cómo se fabrican muchos de esos alimentos, está influyendo en la aparición y el agravamiento de enfermedades inflamatorias intestinales como la enfermedad de Crohn.
Johan asegura que cada vez llegan al hospital más pacientes con cuadros crónicos que requieren tratamiento prolongado y atención especializada. Según él, el aumento del consumo de pizzas congeladas, comidas preparadas, refrescos y otros productos ultraprocesados está detrás, en parte, del crecimiento de estas patologías en los países occidentales, entre ellos Dinamarca, que figura entre los territorios con mayor carga de enfermedad intestinal del mundo.
Hay que reducir su consumo
El debate sobre la alimentación ya no se centra solo en qué comemos, sino en cómo se elaboran los productos que llegan a nuestra mesa. En un contexto marcado por la expansión de los alimentos ultraprocesados, los expertos alertan de un deterioro progresivo de la calidad nutricional en la dieta cotidiana. “Tenemos una cultura dietética que hace que todos nuestros alimentos sean un poco inferiores”, advierte Johan en declaraciones recogidas por el medio local DR.
No obstante, el gastroenterólogo subraya que no se trata de demonizar alimentos concretos de forma absoluta, sino de mirar la cantidad y la frecuencia. “No es peligroso comerse una pizza congelada o beber un refresco de vez en cuando, pero cuando estos productos constituyen una porción importante de la ingesta energética diaria, el riesgo para la salud aumenta con el tiempo”. En Dinamarca, se empieza a notar el efecto en las clínicas, donde cada vez más pacientes jóvenes llegan con enfermedades intestinales crónicas.
Anja Viendahl Olsen, investigadora principal en la Sociedad Danesa del Cáncer y profesora en la Universidad de Aarhus, recomienda a los consumidores mirar la lista de ingredientes: si un producto contiene sustancias que no emplearías en tu cocina o ha sido sometido a procesos que transforman mucho su textura y composición, probablemente sea ultraprocesado. Para Olsen, pocos comportamientos aumentan de forma tan sistemática el riesgo de enfermedades múltiples como el consumo habitual de estos productos.
¿Qué pueden hacer los ciudadanos? Los expertos abogan por políticas públicas que favorezcan alimentos menos procesados y mejor etiquetado, campañas de educación sobre dieta y salud intestinal, y medidas que faciliten el acceso a opciones frescas y mínimamente procesadas. A nivel individual, recomiendan priorizar frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y panes de fermentación tradicional, así como reducir la frecuencia de los ultraprocesados en la dieta.
