José Manuel López Nicolás, bioquímico: "Ponerse moreno evidencia una patología: el bronceado es una respuesta de defensa de la piel ante un daño que ya se ha producido"
La exposición solar siempre deja una huella en el organismo.

Basta con que el sol gane algo de fuerza tras unos días de frío para que se repita la misma escena: terrazas llenas, parques abarrotados y muchas personas buscando ese ansiado tono dorado en la piel. El deseo de “ponerse moreno” forma parte casi de un ritual colectivo con la llegada del buen tiempo, aunque la ciencia lleva años advirtiendo de que ese gesto tan cotidiano tiene más riesgos de los que solemos pensar.
Lejos de ser un indicador de bienestar, ese bronceado es en realidad una señal de alerta del propio organismo. Así lo explica el bioquímico José Manuel López Nicolás, quien advierte que el oscurecimiento de la piel no es más que una respuesta de defensa ante un daño ya producido por la radiación solar. Por ello, el experto invita a replantear la relación que mantenemos con el sol y a entender la importancia de cuidar la piel.
El bioquímico insiste en desmontar uno de los grandes mitos asociados al buen tiempo y la salud. “Ponerse moreno evidencia una patología: el bronceado es una respuesta de defensa de la piel ante un daño que ya se ha producido”, asegura en una entrevista con Cadena SER. Con esta afirmación, el experto pone el foco en la necesidad de cambiar hábitos y asumir que la exposición solar, incluso cuando no provoca quemaduras visibles, deja huella en el organismo.
Protección solar y oncocosmética
La OMS recuerda que el oscurecimiento de la piel se produce porque la melanina actúa como un escudo natural frente a la radiación ultravioleta, protegiendo los tejidos de daños mayores. Sin embargo, este tipo de exposición sigue siendo la principal causa de cáncer cutáneo. Por ello, cuidar la piel va más allá de la protección solar, ya que campos como la oncocosmética muestran cómo los cuidados específicos pueden ayudar a mantener la salud cutánea.
Según cuenta José Manuel López Nicolás, esta disciplina cada vez está más presente en hospitales y consultas porque busca aliviar los efectos secundarios de los tratamientos oncológicos sobre la piel, el cabello y las uñas. No se trata de estética en el sentido clásico, sino de cuidados orientados a mejorar la calidad de vida de los pacientes durante procesos especialmente duros.
Además, el experto subraya que la fotoprotección sigue siendo un pilar fundamental, incluso fuera del contexto oncológico. La piel expuesta al sol sin medidas preventivas acumula daño celular que puede derivar en envejecimiento prematuro o cáncer cutáneo. Por eso, recomienda no solo cremas solares con un factor de protección adecuado, sino también prendas con protección UPF, gafas, sombreros y evitar las horas centrales del día, reforzando así la defensa natural de la piel.
