José Manuel López Nicolás, catedrático de Bioquímica: "20 céntimos de atún pueden publicitar las mismas propiedades que un suplemento de 22 euros"
El experto explica por qué una simple lata de supermercado le da mil vueltas a las carísimas pastillas de selenio.
El bienestar y el cuidado personal están, hoy más que nunca, en boca de todos. Con el paso del tiempo, nos hemos vuelto muchísimo más conscientes de la inmensa importancia que tiene mantener una salud de hierro, tanto a nivel físico como mental.
Sin embargo, este boom del estilo de vida fitness y wellness despertado el apetito voraz del mercado. La industria de los suplementos alimenticios cotiza al alza y, desde luego, no es por casualidad. Las marcas están exprimiendo al máximo esta moda para capitalizar nuestras inseguridades, lanzando campañas de publicidad que, rozando el límite de lo ético (pero cumpliendo con el marco legal mínimo), consiguen confundir por completo al consumidor.
Para arrojar luz sobre este lucrativo negocio, el catedrático de Bioquímica José Manuel López Nicolás ha concedido una reveladora entrevista a la Cadena SER, donde pone el foco en uno de los minerales estrella que la industria está intentando colarnos a precio de oro: el selenio.
El truco de la "eterna juventud" y la trampa legal
El especialista apunta que el selenio se asocia habitualmente a beneficios propios de la “eterna juventud”. Entre sus propiedades destacan el funcionamiento normal del sistema inmunitario y de la glándula tiroides, así como el mantenimiento del cabello y de las uñas en condiciones óptimas.
El "truco" está en las cantidades. En realidad, los seres humanos necesitamos una dosis diaria diminuta de este mineral para cumplir con nuestras funciones vitales: exactamente 55 microgramos. Una cantidad que cualquier persona alcanza sin el más mínimo esfuerzo simplemente comiendo normal.
Sin embargo, el mercado de la suplementación se aprovecha de un coladero en la legislación europe. La normativa permite a las marcas estampar todos estos maravillosos beneficios en el envase siempre y cuando el producto contenga, al menos, un 15% de la cantidad diaria recomendada (es decir, unos ridículos 8 microgramos de selenio).
“Es una cantidad relativamente fácil de incorporar a un producto y además insignificante”, apunta López Nicolás.
El brutal contraste económico: atún vs. pastillas
Es aquí donde se fragua la estrategia comercial perfecta: es totalmente legal, pero resulta tremendamente engañosa para el bolsillo del usuario. El catedrático subraya que no necesitamos comprar botes en la farmacia, ya que el selenio está presente de forma natural y masiva en nuestra gastronomía diaria (pescado, marisco, carne, huevos, lácteos, cereales y legumbres).
“Para la mayoría de las personas que siguen una alimentación equilibrada, lo que comemos normalmente, lo hay de sobra”, detalla. Cabe recordar que este mineral está presente en el pescado, marisco, carne, huevo, productos lácteos, en cereales y algunas legumbres.
Pero es al traducir esto a euros cuando la diferencia se vuelve verdaderamente escandalosa. “En 100 gramos de atún cuyo precio no llega a 2 euros, en muchos supermercados, hay 82 microgramos de selenio”, comenta. En otras palabras, la conclusión es demoledora: “20 céntimos de atún pueden publicitar las mismas propiedades que un complemento alimenticio que vale 22 euros”, concluye López Nicolás, invitándonos a llenar la despensa antes que el pastillero.