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Con el gorro a todos los lados: ¿es verdad que perdemos calor por la cabeza?

Con el gorro a todos los lados: ¿es verdad que perdemos calor por la cabeza?

La creencia de que la cabeza es un gran coladero de calor viene de los años setenta, pero los expertos explican que el cuerpo se enfría sobre todo por las zonas que dejamos al aire.

Cubrir la cabeza ayuda a conservar el calor cuando hace frío, pero no porque sea la parte del cuerpo que más calor pierde.
Cubrir la cabeza ayuda a conservar el calor cuando hace frío, pero no porque sea la parte del cuerpo que más calor pierde.OlgaPankova

Lo hemos oído desde pequeños, lo repiten los padres, los abuelos y hasta los manuales de supervivencia: “ponte un gorro, que por la cabeza se pierde casi la mitad del calor del cuerpo”. La frase tiene pinta de verdad científica, pero en realidad se parece más a una leyenda urbana con décadas de recorrido. Y, como suele pasar en estos casos, la explicación es bastante menos dramática.

El origen del mito está bastante localizado. Según The Guardian, la idea de que la cabeza pierde entre un 40% y un 45% del calor corporal procede de un manual de supervivencia del Ejército de Estados Unidos de los setenta. “Ahí es probablemente donde nace este mito”, explica John Tregoning, profesor de inmunología en el Imperial College London.

La realidad, dice Tregoning, es mucho más simple y bastante menos misteriosa: la cabeza no tiene nada de especial. “Cuando sales al frío, pierdes más calor por cualquier parte del cuerpo que dejes expuesta que por aquellas que llevas cubiertas”, señala. Es decir, si sales a la calle con un mono térmico pero sin gorro, perderás calor sobre todo por la cara y la cabeza, mientras el resto del cuerpo aguanta mejor gracias a la ropa.

El ejemplo extremo ayuda a desmontar el mito. “Si fueras al Ártico en bañador, perderías más calor por las piernas que por la cabeza, porque su superficie es mayor”, explica Tregoning. No hay magia térmica en el cráneo: manda la piel que queda al aire.

Eso no significa que el debate esté completamente cerrado. El propio Tregoning recuerda un artículo publicado en 2008 en el British Medical Journal que apunta a dos factores relevantes: en la cabeza tenemos menos grasa que en otras zonas del cuerpo y, por tanto, menos aislamiento natural: la vasoconstricción, el mecanismo por el que los vasos sanguíneos se estrechan para conservar el calor, funciona algo peor en esa zona.

Aun así, el balance general no cambia demasiado. “La cabeza pierde calor, pero no de una forma excepcional”, resume. De hecho, en uno de los estudios citados se sumergió la cabeza de varias personas en agua fría y se midió la velocidad a la que descendía la temperatura corporal. El resultado no fue muy diferente al de otras partes del cuerpo.

Entonces, ¿sirve de algo el gorro? Sí, claro. Pero no porque la cabeza sea un coladero térmico único. Sirve por la misma razón que sirve un jersey. “Si hace mucho frío y no llevas gorro, te vas a quedar frío, igual que si sales sin abrigo”, explica Tregoning, que añade un detalle que suele pasarse por alto: “Probablemente también habría que cubrir la cara, si se puede. Por la cara se pierde bastante calor”.

Moraleja: el gorro no es un amuleto ni la cabeza una chimenea corporal. Pero si hace frío, mejor cubrir lo que queda al aire. No por ciencia ficción térmica, sino por puro sentido común.