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Por qué llegas exhausto de trabajar y cenas ultraprocesados: la trampa biológica que nos está envejeciendo, según un médico internista

Por qué llegas exhausto de trabajar y cenas ultraprocesados: la trampa biológica que nos está envejeciendo, según un médico internista

Un estudio de los Institutos Nacionales de Salud de EE UU mostró que, aun ofreciendo dietas con la misma cantidad de grasa, azúcar y sal, quienes consumían alimentos ultraprocesados ingerían más de 500 calorías extra al día frente a quienes comían productos frescos. 

Mujer cansada con un café
Los problemas hepáticos provocan fatigaGetty Images/iStockphoto

Llegas a casa reventado, sin energía para cocinar, abres el congelador y ahí está: pizza, nuggets o cualquier cosa lista en cinco minutos. No es solo falta de fuerza de voluntad. Según el internista alemán Andreas Michalsen, es una trampa biológica perfectamente diseñada… y está acelerando nuestro envejecimiento.

Michalsen, médico jefe en el Hospital Immanuel de Berlín y profesor en la Charité, lleva décadas estudiando cómo la alimentación influye en la longevidad y, según cuenta en una entrevista con el diario alemán Der Spiegel, "el envejecimiento no es más que un proceso bioquímico", y lo que comemos es el factor bioquímico más importante que afecta a nuestras células.

El problema no es solo qué comes, sino cómo te atrapan

Los ultraprocesados no son simplemente "comida rápida". Son productos diseñados para ser hipersabrosos: muy salados, muy dulces, muy crujientes o muy cremosos. Activan con fuerza el sistema de recompensa del cerebro, lo que hace que, una vez empiezas, cueste parar.

Un estudio de los Institutos Nacionales de Salud de EE UU mostró que, aun ofreciendo dietas con la misma cantidad de grasa, azúcar y sal, quienes consumían alimentos ultraprocesados ingerían más de 500 calorías extra al día frente a quienes comían productos frescos. Resultado: más peso y más grasa corporal. Y aquí viene el problema mayor.

La grasa abdominal y la inflamación que envejece

El exceso de grasa —sobre todo la visceral, la que se acumula en el abdomen— favorece la inflamación crónica, uno de los grandes marcadores del envejecimiento. Cuanta más inflamación, mayor riesgo de enfermedades metabólicas, cardiovasculares y deterioro general.

Es decir: esa cena "rápida" tras un día largo no solo suma calorías. Activa procesos celulares que, mantenidos en el tiempo, aceleran el desgaste del cuerpo.

Qué comer para vivir más (y mejor)

Michalsen resume la alimentación saludable en tres preguntas: qué comemos, cómo comemos y cuánto comemos. Para él, lo más potente es el "qué".

Recomienda aumentar alimentos vegetales ricos en fibra y reducir carne, embutidos, harinas blancas y bebidas azucaradas. Entre los productos especialmente beneficiosos destaca:

  • Legumbres (lentejas, judías, garbanzos) 
  • Cereales integrales
  • Frutos secos
  • Aceite de oliva
  • Verduras
  • Especias

Además, cita estudios que asocian el consumo regular de legumbres con hasta 2,4 años más de vida, y los cereales integrales con más de dos años adicionales.

También importa cuándo comes

Otro factor clave es no estar comiendo constantemente. El ayuno intermitente —especialmente el método 16:8, concentrando las comidas en una ventana de ocho horas— puede activar procesos de "limpieza celular" y mejorar la regulación metabólica.

Pero incluso sin llegar a ese esquema estricto, empezar por algo sencillo como no cenar tarde ya puede marcar diferencia.

Entonces, ¿por qué seguimos cayendo?

Porque estamos cansados. Porque el cerebro busca energía rápida cuando el cuerpo está exhausto. Y porque la industria ha perfeccionado productos que combinan conveniencia con máxima estimulación del paladar.

La buena noticia, según el internista, es que muchos platos saludables son igual de rápidos que un ultraprocesado: pan integral con tomate, pasta integral con pesto, un bol de yogur con frutos secos. No requieren una revolución, solo pequeñas decisiones repetidas.

En definitiva, no es solo cuestión de disciplina. Es biología. Y entenderla puede ser el primer paso para no dejar que una cena automática nos reste años de vida sin que nos demos cuenta.