Tommy Wood, neurocientífico, sobre el deterioro cognitivo en quienes se jubilan pronto: "Hay que mantenerse estimulado social y cognitivamente"
El cerebro necesita retos constantes para seguir funcionando a buen ritmo.

Cada vez más personas adelantan su jubilación, dejando atrás décadas de rutina laboral con la ilusión de descansar y disfrutar del tiempo libre. Pero la realidad que alertan los científicos no siempre es tan idílica, ya que retirarse antes de tiempo puede traer consigo un riesgo inesperado para la mente. La falta de estímulos sociales y cognitivos que el trabajo ofrecía casi de manera natural puede acelerar el deterioro cerebral.
En ese contexto, el neurocientífico Tommy Wood pone el foco en que no es la jubilación en sí el problema, sino el vacío que puede dejar si no se llena de nuevas rutinas. Según explica, el trabajo no solo estructura el tiempo, sino que también obliga a pensar, relacionarse y tomar decisiones constantemente. Al desaparecer ese estímulo diario, muchas personas reducen sin darse cuenta su actividad mental y social, y ahí es donde el cerebro empieza a perder ritmo.
Por eso, insiste en que mantenerse activo no es opcional, sino que aprender, moverse y conectarse con otros una pieza clave para envejecer mejor. “Hay que mantenerse estimulado social y cognitivamente”, asegura el profesor asociado en la Universidad de Washington en una conversación divulgativa en ‘The Doctor’s Kitchen’, donde advierte de que el cerebro necesita retos constantes para seguir funcionando a buen ritmo incluso con el paso de los años.
Seguir ejercitando el cerebro
Su advertencia no surge en vano, sino que llega en un momento en el que investigaciones como el estudio Whitehall II han observado que, tras dejar de trabajar, ciertas capacidades como la memoria verbal pueden deteriorarse más rápido. En paralelo, informes recientes como el de la Comisión Lancet sostienen que hasta un 45% de los casos de demencia podrían prevenirse o retrasarse modificando hábitos de vida.
Pero Tommy Wood insiste en un matiz clave, y es que no se trata de demonizar la jubilación en sí, sino romper con la idea de que la pérdida de capacidades es inevitable y que, con los años, uno tiene menos margen de maniobra. Como solución propone el modelo de las “3S”: estimulación, suministro y soporte. Es decir, mantener el cerebro activo con retos, cuidar la base física con ejercicio y garantizar descanso y recuperación adecuados.
Además de desmentir que el declive es inevitable, el neurocientífico también explica que el cerebro conserva una notable capacidad de adaptación incluso en edades avanzadas. “Hay decenas de estudios que muestran que la función cognitiva puede mejorar incluso en personas de 60 o 70 años si empiezan a implicarse en estas actividades”, señala. En otras palabras, envejecer no significa dejar de aprender, sino todo lo contrario: seguir activo puede marcar la diferencia entre perder capacidades o reforzarlas con el paso del tiempo.
