Ni San Sebastián ni Santiago de Compostela: el pueblo medieval de Cantabria que Jean-Paul Sartre llamó "el más bonito de España"
Una villa que combina historia romana, arte prehistórico y literatura existencialista.

El norte de España guarda muchos secretos que van más allá de los destinos más fotografiados. Lejos del ruido turístico de ciudades como San Sebastián o Santiago de Compostela, existen rincones donde la historia sigue viva en cada piedra y el tiempo parece avanzar más despacio. Lugares que no siempre encabezan las listas, pero que, cuando se descubren, dejan claro que el verdadero encanto a veces se esconde en lo inesperado.
Uno de esos lugares es Santillana del Mar, una villa medieval a apenas media hora de Santander que parece detenida en el tiempo. Sus calles empedradas, sus casas solariegas y su estrecha relación con la prehistoria, gracias a la cercana Cueva de Altamira, la han convertido en uno de los enclaves más singulares del país. Tanto es así que el filósofo Jean-Paul Sartre lo llegó a describir como “el pueblo más bonito de España”, tal y como recoge The Guardian.
Una fascinación que no pasó desapercibida, ya que el filósofo francés dejó constancia de su paso por la villa al inmortalizarla en ‘La náusea’, publicada en 1938. En sus páginas, el escritor elevó a esta pequeña localidad cántabra a la categoría de mito literario y consolidando una reputación que, casi un siglo después, sigue atrayendo a viajeros en busca de autenticidad. Por ello, Santillana del Mar sigue funcionando como una especie de cápsula del tiempo donde la literatura, la historia y la vida cotidiana se entrelazan en la actualidad.
Los atractivos de Santillana
La ruta de quienes visitan el pueblo suele arrancar en Altamira, a escasos minutos del casco medieval, un conjunto que la UNESCO sitúa entre los grandes hitos del arte rupestre europeo. La cueva original no está abierta al público con el fin de proteger unas pinturas extremadamente frágiles, pero se puede realizar la visita en la Neocueva, una réplica científica instalada junto al yacimiento, cuya entrada solo cuesta 3 euros.
Al llegar a Santillana del Mar el visitante descubre un ambiente medieval que parece sacado de un decorado de Juego de Tronos: calles empedradas, casas nobiliarias, torres defensivas y palacios renacentistas. Según la información turística oficial, sus orígenes se remontan al siglo VIII y el núcleo se articuló en torno a la colegiata de Santa Juliana; además el monasterio primitivo tiene su origen en el año 870 y el edificio que hoy es visible es del siglo XII. También fue una parada clave para los peregrinos que caminaban hacia Compostela.
Por si fuera poco, Cantabria presume de ser la única región del mundo atravesada por dos rutas de peregrinación reconocidas por la UNESCO: el Camino del Norte y el Camino Lebaniego, que conectan la costa con el monasterio de Santo Toribio de Liébana. Ese cruce de caminos explica por qué Santillana sigue atrayendo a viajeros que buscan algo más que una foto bonita, ya que este pueblo concentra historia romana, arte prehistórico y literatura existencialista en apenas unos kilómetros.
