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20/11/2014 07:12 CET | Actualizado 19/01/2015 11:12 CET

El progreso de Egon 'El Terrible' en New York City

egonLa milla de los museos, Quinta Avenida arriba, flanqueando el Central Park, por donde los grandes magnates del XIX solían construir sus palacios, acoge orgullosa al dibujante más importante y apasionado del siglo XX: Egon Leo Adolf Ludwig Schiele

Hasta el 15 de Enero se expone en la Neue Galerie de Nueva York la canalla de Egon Leo Adolf Ludwig Schiele, el genio maligno que se revolvió rabiosamente bajo su propia piel hasta que la guerra, la esposa y la descendencia le dieron a encontrar su identidad.

La milla de los museos, Quinta Avenida arriba, flanqueando el Central Park, por donde los grandes magnates del XIX solían construir sus palacios, acoge orgullosa al dibujante más importante y apasionado del siglo XX. La Neue Galerie, fundada por el heredero del emporio Estée Lauder, y dedicada por entero al arte alemán y austriaco del siglo veinte, pone ahora un foco de luz finísima sobre el discípulo y protegido personal de Gustav Klimt. La cima del Art Nouveau aupando a la cima del expresionismo. Ronald Lauder, presidente de la Neue Galerie, ex-embajador de los Estados Unidos en Austria, y presidente del World Jewish Council es el principal responsable de esta exposición de retratos de Egon Schiele. Mr. Lauder, que compró su primer Schiele con apenas catorce años por unos irrisorios seiscientos dólares, reconoce que para pintar como Schiele hace falta tener un cierto fuego en las tripas. Podemos atestiguar que por los ventanales de la casa William Starr Miller en que se asienta el museo salen lenguas de fuego (Imagen:Autorretrato, 1910. Foto: MARP).

Ciento veinticinco dibujos y pinturas atraviesan las cuatro etapas vitales y creativas de Egon Schiele. Sólo un paño de pared está dedicado a aquellos dibujos tentativos de la Escuela de Bellas Artes de Viena donde podría haber compartido clase con Adolf Hitler de haber sido aceptado. Estos carboncillos sobre papel son diestros ejercicios de dibujo natural propios de la academia, donde ya se aprecia un talento inusual para marcar la psicología de sus modelos, pero que en su estilo fiel y disciplinado no permiten adivinar las relaciones incestuosas que mantuvo con su hermana Gerti, o el impacto profundo que le produjo presenciar el progresivo enloquecer de su padre. La sífilis que testarudamente rehusó tratar lo mató el año anterior al ingreso del joven Egon en la academia vienesa. Sin embargo, sabemos que el genio furioso de Egon ya se agitaba en las aulas y a menudo aparecía el exabrupto pictórico contra los cánones académicos. En cierta ocasión, un profesor gritó a Egon: "¡Schiele, has metido al demonio en mi clase!".

Aunque fue al margen de la academia donde comenzara a desarrollar su estilo mórbido y escabroso. Frente al gran espejo que se hizo traer de su casa a Viena, Egon, in nude veritas, se desnudaba y retrataba obsesivamente con trazos continuos y velocísimos asomándose a sus estados mentales y prescindiendo de otras aspiraciones. Egon, cuyo nombre sólo dista en una letra del vocablo latino "ego" y cuyo apellido proviene del verbo alemán "schielen" -que se traduce por mirar con los ojos parcialmente cerrados-, se vuelca sobre sí escrutando la interioridad de su ser y la tormenta de sus pasiones. Se presenta sin avisar en el estudio de Gustav Klimt, el pintor más importante del Imperio Autro-Húngaro, y blandiendo sus dibujos le espeta al maestro: "¿Tengo talento?" a lo que este repone "Viel zu viel" ("Mucho, demasiado"), quizá leyendo el tormento autoinfligido que estaría por venir. Klimt lo toma como su protegido y lo presenta a la Viena disoluta de los secesionistas, de la eroticidad del Art Nouveau, y de la vanidad decadente de los últimos años del Imperio Habsburgo. El influjo de Klimt lo encanta por un tiempo, y acaba por desembridar toda inhibición en él. Es un joven que se busca a sí mismo escrutando su interioridad a través de un espejo, y lo que encuentra allí son pasiones terribles, que aborrece y a las que se entrega.

Dibuja febrilmente movido por una fuerte insatisfacción. Los autorretratos son muy abundantes, porque es barato alquilar al modelo (de ellos encontramos en esta exposición dos de los más señeros, fechados en 1910) pero también retrata a prostitutas y niños perdidos de la calle. A un amigo le escribió que a estos niños se les podía pedir cualquier pose y que no se extrañaban ni se inquietaban. Según él, parecía que estaban, en su pasividad un poco muertos ya. La obscenidad de sus retratos no está en los genitales enrojecidos en la sorna procaz o en la lascivia de sus modelos, estriba en el descarnado rechazo que le producen sus compulsiones sexuales. En su correspondencia confiesa que el verde con que matiza sus retratos representa la podredumbre manifestándose bajo la piel de unos personajes demacrados y secos.

(Imagen: Autorretrato con brazo torcido, 1910. Foto: Neue Galerie).

El hilo conductor de este período creativo está en el tratamiento de las manos. Simbólicas y expresivas, son protagonistas en cada trabajo. Juan Valera dejó escrito: "La mano es el instrumento de nuestras obras, el signo de nuestra nobleza, el medio por donde la inteligencia reviste de forma sus pensamientos artísticos, y da ser a las creaciones de la voluntad". Pues bien, la colección de manos que recoge la Neue Galerie desde 1906 hasta 1915 es unívocamente tétrica. Son manos desproporcionadamente largas y nerviadas, con los dedos torcidos como el sarmiento seco. Unas veces chafadas, otras arrugadas y sorbidas de substancia, con las uñas pendiéndoles de las puntas. Tienen mucho peso en la composición, pero el genio de Egon se manifiesta en la cara. Los mismos ejercicios de introspección desesperada que lo ponían en el límite con la locura de su padre, lo entrenaban para acceder a la interioridad de sus modelos y dibujar de ellos, con una destreza expresiva única, los sentimientos amargos que encontraba. Así es que extrae la indiferencia exangüe de Mime van Olsen, la altanería de Ida Rossler, la represión temerosa de Frau Dr. Horowitz, o la cetrina suficiencia de Max Oppenheimer.

El retrato que cosecha más éxito entre los visitantes, de acuerdo con los guardas, que son siempre los mismos, es el del doctor Erwin von Graff. Cuenta la historia que esta pintura sirvió para pagar por el aborto de una novia del artista, y que el ginecólogo quedó tan satisfecho con su retrato que le permitió acceder a sus pacientes y dibujarlos. Bebés prematuros, neonatos y parturientas se convirtieron en objeto de su atención por un tiempo. El retrato del doctor Graff es un hito en el poder expresivo del artista. Schiele transforma al doctor bien parecido que apreciamos en los estudios previos a la obra, en un cadáver amoratado, y su gesto resiliente en una suerte de sádica satisfacción. El doctor se cuida un brazo que tiene contra el pecho, irónicamente vendado en la puntita del anular, mientras que el brazo que lo sostiene es en el que se acumula mayor mal, una plaga negruzca que se replica en la frente y por toda la cabeza retorciéndose. El lienzo epitomiza un período de búsqueda y de desasosiego donde no halla más fin que mirarse las pasiones y el sexo para dibujar luego su natural desesperación y desengaño (Imagen: Retrato del Dr. Erwin von Graff, 1910. Foto: Neue Galerie).

Lo meten en prisión, estalla la Gran Guerra, se casa, y lo llaman a filas. Se acabó imaginar horrores cuando la realidad material de las cosas trae horrores mayores. Acusado de corrupción de menores, permanece encerrado durante un mes experimentando una angustia intensa y nueva, la asfixia de la privación de libertad que reflejará en varias acuarelas de intensísima emoción que la Neue Galerie ha colocado acertadamente en un una salita estrecha y oscura junto con otras composiciones de aquella forzada estancia.

Sale de la celda resuelto, vuelve a Viena y en su nuevo apartamento se retrata en pinturas pesadas y sobrias en las que aparece como un asceta cubierto por un capote negro con la mirada serena y compasiva. Abandona a la modelo y amante que le había entregado Klimt y que lo había acompañado fielmente durante todo este período y se casa con la burguesía de la inexperta Edith Harms a quien dedica el gran retrato que preside la última sala de la exposición. En él, Edith aparece ruborizada, candorosa y expectante, carente de malicia y de sofisticación. No hay verdor alguno en su tez, y sus manos son proporcionadas y carnosas.

El ejército le envía a Praga y Edith le acompaña estableciéndose en el hotel París de Praga. La guerra fue extraordinariamente benigna con Schiele, que volvió a Viena unos meses después decidido a pintar más. Retrata a su suegro con empatía y simpatía, sentado pensativo en un espacio tridimensional, ya no en la vacía blancura de su anterior período, descansando la cabeza en una mano grande trabajada y viva. El influyente director de la Staatsgalerie de Viena le encarga un retrato donde insiste en este nuevo estilo pictórico y compositivo, llegando incluso a introducir, ya desde los estudios preparatorios, un elemento inesencial y cuasidecorativo como la pintura de los girasoles que sostiene el modelo en el cuadro. Schiele redefine su estilo retratístico con una paleta de sentimientos que no estaban disponibles para él. La exposición ofrece agradables ejemplos como La Mujer Sentada, de 1918, que te mira atentamente inclinada hacia el espectador y dada a él. O Retrato del Dr. Othmar, de 1917, en el que por fin se esboza una sonrisa y una actitud de jubiloso descubrimiento (Imagen: Mujer sentada desnuda con cabellos negros1910. Foto: MARP).

Edith queda embarazada y Schiele termina La Familia, en que el cuerpo de Schiele envuelve al de Edith y este al de su hijo. Sin abandonar nunca su atinadísima perspicacia psicoanalítica, Schiele protege físicamente al cuerpo de su mujer, mostrando a la vez alerta y miedo. Edith, preocupación, y el bebé, entre las piernas de su madre, es sólo menesterosidad amorosa. Ese niño, que no llegó a nacer, nos deja preguntándonos qué hubiera sido de este talento indómito de no haber fallecido abruptamente a los veintiocho años.

The Family, 1918. Foto: Neue Galerie.

OTRAS IMÁGENES

Por mi arte y por Aquellos a Los que Quiero, Resistiré hasta el Final! 1912. Foto: MARP.

Retrato de la esposa del artista, 1915. Foto: Neue Galerie.

Retrato de Dr.Franz Martin Haberditzl, 1917. Foto: MARP.

Retrato de Dr. Othmar,1917. Foto: MARP.

Distribuidor de la segunda planta. Foto: Neue Galerie.

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