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15/03/2013 08:31 CET | Actualizado 14/05/2013 11:12 CEST

El asesinato de los marqueses de Urbina

Lo que conozco y descubro como investigador se convierte en un material excepcional para mis novelas, en cuyas páginas la realidad y la ficción forman un todo indivisible. Así queda patente en mi última novela, donde, desde la ficción novelística, indago sobre el móvil económico del caso Urquijo, jamás investigado por la Policía.

Ficción y realidad se funden en mis libros. Para mí, la creación ha sido siempre como un péndulo. Cuando la investigación periodística no llegaba hasta sus últimas consecuencias, en vez de conformarme y pasar a otra cosa, utilizaba esos materiales para escribir ficciones en las que construía la historia que podría haber escrito si hubiera conseguido los datos precisos, o si hubiera demostrado los hechos que buscaba en mi investigación.

Lo que conozco y descubro como investigador se convierte en un material excepcional para mis novelas, en cuyas páginas la realidad y la ficción forman un todo indivisible. Así queda patente en mi última novela, El asesinato de los marqueses de Urbina, donde, desde la ficción novelística, indago sobre el móvil económico del caso Urquijo, jamás investigado por la Policía. Sobre la verdad.

Casos criminales reales, conocidos de primera mano y documentados a fondo, inspiran y mueven todas mis novelas negras: Carne fresca (1989), Festín de tiburones (1990), Para matar (2008), Lejos de Orán (2003), La brújula de Ceilán (2007), Nuestra propia sangre (2009, Premio de narrativa Francisco García Pavón), hasta llegar a El asesinato de los marqueses de Urbina, editada por Roca, Premio Internacional de Novela Negra L'H Confidencial 2013, convocado por el Ayuntamiento de L'Hospitalet.

El marqués asesinado en su cama. Foto policial.

Siempre he sido un autor a la caza de una historia que contar, y siempre como periodista me he movido en terrenos donde imperaba el crimen y la política. Eso curte. La relación inseparable entre la realidad y la verosimilitud (hacer creíble esa realidad) es, a mi entender, el gran reto y la gran virtud de la novela negro-policiaca que yo cultivo.

En el terreno de la investigación histórica, en mis reportajes y ensayos de no-ficción se repiten dos temas: la violencia y los abusos del poder. A mis dos libros sobre el movimiento neofascista, Los hijos del 20-N (1993) y Descenso a los fascismos (1998), se suman otras tres obras que, sin proponérmelo a priori, forman una trilogía sobre el poder del dinero en España y la manera en que este poder actúa sobre nuestras vidas: Ricos por la patria (2001), Las sotanas del PP (2002) y Negocios privados con dinero público (2002). Estos tres libros hablan de los métodos poco ortodoxos que utilizan los grandes poderes (financiero, político y religioso) para mantener su hegemonía. Los Franco, S. A. (2003) y Los banqueros de Franco (2005) también indagan en algunos de los aspectos menos estudiados de la dictadura, el círculo íntimo del general y la capacidad corruptora de la denominada "Corte de El Pardo". Mi última obra, La transición sangrienta (Península, 2010), es una investigación histórica sobre el verdadero precio de la transición política española, con 591 muertos y más de dos mil heridos de bala en apenas siete años. Un hecho que, hasta el momento, nadie se había interesado en desvelar. El objetivo de un libro así es que la gente sepa la verdad de la manera más amplia posible.

Una obra basada en hechos reales

Donde no puede llegar el periodismo ni la historiografía, la literatura de ficción se convierte para mí en la verdadera narradora de lo que significa nuestra sociedad. Escribo, pues, novelas realistas, documentadas, inspiradas en personas y sucesos reales; interpreto los hechos, trato de reflexionar... Y lo hago con novelas de acción donde las peripecias nos conducen al retrato social y humano. No en vano, la novela tiene esta advertencia inicial: "Por imperativo legal, los nombres verdaderos de los protagonistas de esta historia se han encubierto. Los crímenes ocurrieron tal como se relata".

El argumento de El asesinato de los marqueses de Urbina es claro al respecto: "Fierro, un especialista en trabajos ilegales al servicio de la banca, prepara por encargo el crimen perfecto, planificado al detalle, en el que incluye la fabricación de un culpable conveniente a los intereses financieros que le han contratado. El asesinato de los marqueses de Urbina, mientras duermen plácidamente en sus camas, convulsiona la vida española de 1980, sometida al azote terrorista en plena transición democrática. A pesar de que todo se desarrolla según lo previsto, los planes de Fierro tienen consecuencias imprevisibles para él. Desde la sombra, se mueven las fuerzas superiores del mundo del dinero, que escapan a su control y pueden convertirlo cuando quieran en la pieza a batir".

En El asesinato de los marqueses de Urbina la ficción se pone al servicio de la realidad, para desvelar la oscura maquinación financiera jamás investigada por la policía, que envolvió al misterio criminal más famoso de la España del siglo XX.

La marquesa asesinada en la cama. Foto policial.

La literatura moderna no se entendería sin este género de fronteras difusas etiquetado como "negro"; no existe otra variedad narrativa que explique tan profundamente la verdad de la sociedad capitalista o los oscuros mecanismos del poder.

Mis libros no tendrían sentido si no fueran instrumentos de conocimiento, de revelación. No escribo historias tan oscuras porque me diviertan. Si quisiera escribir novelas adaptadas al consumo literario tendría que ir por caminos distintos que no me interesan absolutamente nada. A mis 59 años, me considero un escritor radical; sigo escribiendo sobre lo que me gustaría leer y con ello trato de responder a la realidad que me ha tocado en suerte. La escritura es para mí una actividad total en la que cabe el periodismo, el ensayo, la narrativa, la poesía... Son distintas parcelas de una única posición ante el mundo y la vida. Desde el punto de vista profesional, me considero un cronista, un narrador, un periodista literario. Uso la palabra escrita como herramienta absoluta. Durante mi adolescencia decidí dedicarme a la escritura. Desde entonces, vivo escribiendo porque es, para mí, la única manera que conozco de seguir vivo en este mundo tan brutal.

Estoy a favor de un mundo más razonable y más justo. Por eso escribo novelas criminales de corte realista; porque me permiten ir al grano, tratar temas sociales y escribir sobre personajes de los que no podría en otro género. Me baso en lo que sé; nunca utilizo materiales de segunda mano porque no quiero caer en el mimetismo o la copia. Algunos de los sumarios más controvertidos de los últimos treinta años han sido el material con el que he construido mis novelas.

Dibujos del arma del crimen. Foto: material policial.

Mis ficciones y mis no-ficciones forman un todo, se complementan. Cada cual escribe los libros que quiere. Yo escribo las historias que me interesan y hablo de los asuntos que importan. Son, para mí, libros necesarios.

La necesidad de contar historias es lo determinante. La escritura, tal como yo la practico, es una actividad de contrapeso crítico frente a tanta estupidez organizada. Escribiría desde el mismísimo infierno.

Puedes descargarte aquí los primeros capítulos en PDF de Los marqueses de Urbina.

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