Es un museo gratuito y una biblioteca de investigación para el estudio de las artes y cultura de España, Hispanoamérica y Portugal ubicado en Nueva York.
El sueño de Suribabu es mejorar la situación de las aldeas rurales. Su vocación no es algo anecdótico. Es la prueba de que algo está cambiando cuando un pequeño de la India rural, de casta baja y con discapacidad, es consciente de que puede aspirar a lo que quiera en la vida si lucha por conseguirlo.
Parece increíble, y es realmente inadmisible, que el género humano aún no haya podido vencer esta batalla primordial para asegurar que todos y cada uno tengan, cada día, acceso a una alimentación saludable y sustentable. Ha llegado la hora en que esta tarea, históricamente postergada, ya no se puede aplazar más.
Xavier Adsasa dirige desde 2002 la fundación Nuestros Pequeños Hermanos (NPH) en España. Su vocación de ayuda a los demás nació siendo voluntario en el barrio barcelonés del Raval, y desde allí se trasladó a América Latina en donde empezó su formación profesional en el campo de la cooperación al desarrollo.
36,7 millones de personas viven con el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y más de 2 millones de personas contrajeron la enfermedad ese mismo año. Además, se estima que 17 millones de personas viven sin saber que tienen el virus. Desde el inicio de la epidemia, allá por los años 80, el síndrome de la inmunodeficiencia adquirida (SIDA) se ha llevado la vida de 35 millones de personas. Por eso son necesarias más actuaciones políticas a nivel nacional e internacional.
Este octubre, Oxfam Intermón ha cumplido 60 años. Me gustaría compartir con las personas que seguís este blog tres agradecimientos, tres retos y tres compromisos que para mí marcan, o deberían marcar, este momento de nuestra historia.
La historia haitiana es una historia triste. Allí fue la primera revolución negra, allí, el pago en madera de su descolonización a los franceses, allí, sangrientas dictaduras apoyadas por Estados Unidos, y allí, manipulados gobiernos títeres de un capitalismo liberal que dictó las políticas desde instituciones como el Banco Mundial.
El sentimiento de que existen dos mundos diferenciados en Haití se percibe mientras se conduce desde el oeste hasta la capital. Cada kilómetro pesa como si nos estuviésemos mudando de una existencia a otra. Desde un lugar donde los hogares de las familias permanecen destrozados, más aún tras el paso del huracán Mathew, a una ciudad vibrante en la que la mayor parte de la gente ya está inmersa de nuevo en la rutina.
La verdad es que el Comercio Justo y las otras certificaciones de café, cacao y chai (té) no son justas, y nunca lo han sido para los agricultores, los trabajadores agrícolas o para sus hijos. La mayoría de las certificaciones afirman falsamente que están sacando a los agricultores de la pobreza. No es cierto.
Es posible plantear un turismo gestionado por los propios miembros de las comunidades que favorezca, en gran medida, la generación de ingresos complementarios y unas mejores condiciones de vida. Se trata del turismo de base comunitaria, un modelo de gestión turística fundado en la propiedad y la autogestión de los recursos naturales y culturales de los pueblos indígenas originarios, bajo un enfoque de compromiso social, respeto al medio ambiente y distribución equitativa de beneficios.
Si continúan las tendencias actuales, en 2030, 69 millones de niños morirán debido a causas evitables -neumonía, diarrea, malaria...-, 167 millones de niños vivirán en la pobreza y 750 millones de mujeres se habrán casado siendo aún niñas. ¿Estamos dispuestos, como sociedad, como ciudadanos, a permitir que eso suceda?
Cuando llegué a casa de Sebenele, una cabaña pequeña situada al final de un sendero polvoriento, me recibió con una enorme sonrisa. Le pregunté por el colegio, por las asignaturas que le gustaban, por sus futbolistas favoritos y por lo que quería ser de mayor. Me dijo que quería ser enfermero porque quería ayudar a los niños, igual que le ayudaron a él cuando cayó enfermo por culpa de la desnutrición.
Otras decenas de refugiados llegarán en los próximos días, una cifra mínima comparada con las 17.000 personas que se comprometió a acoger España; un compromiso perezoso, a rastras podríamos decir, a la vista de las críticas de autonomías, ciudades, ONG y ciudadanos en general que -no lo olvidemos- apoyan estas acogidas solidarias.