“No puede haber certificación”, dice el canciller Scholz, porque “la situación ha cambiado” tras el reconocimiento por parte de Moscú de las repúblicas del Donbás.
Eran la gran esperanza, el clavo ardiendo, el marco acordado entre 2014 y 2015 para contener el choque entre rebeldes prorrusos y Ejército ucranio. Ya no valen nada.
El paso dado por Putin respalda a los rebeldes prorrusos que tienen abierta una guerra con Kiev en la zona desde 2014, aunque nadie en el mundo asume esa independencia.
Una ruptura del alto el fuego en la región del Donbás incrementa la tensión en Ucrania, pero no es algo nuevo, lleva así casi ocho años. Pero ahora el contexto ha cambiado.
La líder de los Verdes germanos visita Shirókino, una antigua aldea costera del mar de Azov capturada por fuerzas prorrusas en 2014 y recuperada en 2015 por Kiev.
Un llamamiento que sirve de calentamiento ante la llamada que hoy mantendrán el presidente de EEUU y su homólogo ruso, Vladimir Putin, sobre esta crisis.
Los uniformados toman posiciones. ¿Para qué? Kiev y EEUU temen una eventual invasión, pero Moscú denuncia que es su vecino quien quiere hacer cosas por la fuerza.