Consejo y Parlamento acuerdan pelear por una Unión climáticamente neutra para 2050, lo que garantiza una "senda verde" para toda la próxima generación.
La emergencia climática, junto con la ecológica, realmente podrían llevar a un fin de la historia. Exactamente el fin contrario a la predicción de las personas que, con esta misma expresión, anunciaron el triunfo definitivo de este capitalismo.
El cambio climático es uno de los mayores reflejos de la desigualdad extrema en el mundo. El 50 % de las emisiones de gases de efecto invernadero son producidas por el 10 % de la población. Y a la inversa, el 50% de la población, los más pobres y vulnerables, solo producen el 10 % de las emisiones.
El futuro de todos está en sus manos pero parece que los dirigentes mundiales siguen optando por favorecer los intereses de unos pocos; por ejemplo, de las grandes empresas que se encargan de explotar las energías fósiles.
Mucho se ha dicho acerca de la dimensión moral del engaño de los diésel de Volkswagen. La compañía traicionó a sus clientes, al público y al planeta, mediante la construcción de " dispositivos de desactivación de los controles de emisiones en 11 millones de coches. Pero hay una pregunta que todavía no se ha respondido: ¿por qué?
No se tienen noticias de lo que habrán dicho sobre el escándalo de Volkswagen los alemanes que se quejan de la picaresca de los vagos del sur europeo que pretenden vivir a costa de los laboriosos y honrados trabajadores del norte. No sé qué hubieran dicho si la empresa, en lugar de ser alemana, hubiera sido española, italiana, griega o portuguesa.
Hace tiempo, se indicó por consenso científico que la temperatura media del planeta no debería incrementarse más de 2ºC, ya que la propia inercia del clima le haría seguir aumentando. Esto no se está cumpliendo, y se habla de fijarlo en 2,7ºC, muy por encima de lo que se dijo que jamás debería superarse...
Muchos crímenes y distorsiones coloniales siguen provocando consecuencias todavía hoy. Ni los beneficios que los europeos trajeron a las colonias, ni nuestra modesta tasa actual de ayuda al desarrollo, pueden compensarlos. Además, el neocolonialismo continúa en el presente, a través del proteccionismo económico, de la corrupción e influencia externa sobre los gobiernos locales, y de la exportación de armas hacia algunos de los regímenes más nefastos.