Rafa Botella se quedó tetrapléjico en 2004 y, desde 2015, sufre un dolor crónico que hasta le deja sin habla. Él, la persona "con más ganas de vivir", defiende el derecho a poder morir dignamente.
Desde hace días, los médicos le habían retirado la alimentación e hidratación artificiales, en medio de un debate intenso sobre el encarnizamiento terapéutico.
El Consejo de Estado, la más alta institución del país, ha puesto fin al "encarnizamiento terapéutico" de un hombre símbolo de la lucha por la muerte digna.