Un informe de MSF documenta la violencia sexual generalizada y sistemática en carreteras, campos de cultivo y campos de desplazados, tanto en zonas de conflicto como lejos del frente.
En abril de 2026, Sudán entra en su cuarto año de guerra. Para la población civil, el conflicto ha significado una violencia implacable: ejecuciones masivas, tortura, detenciones y la destrucción de hogares, hospitales e infraestructura esencial.
El aniversario de la caída de Kabul y de la huida de los occidentales sirve para hacer repaso. Se constata lo esperado: los islamistas han vuelto a las andadas, aplicando la sharia, sometiendo a las mujeres y hundiendo al país en el fanatismo y el hambre.
Una mujer de Hawaii ha compartido en sus redes sociales la anécdota que vivió cuando salió a pasear a su hija en el carrito de bebé y escuchó el maullido de un gatito. Al ponerse a buscar, encontró un pequeño felino que había sido abandonado y decidió subirlo al carrito con su niña.
Las promesas de los islamistas sobre una reapertura de aulas a las estudiantes siguen sin cumplirse. De nuevo, eran un espejismo, un intento de lavar su imagen.