El uso de cortinas de humo es una vieja táctica periodística que permite reconducir la atención de la opinión pública cuando no interesa que se centre en determinados temas.
Son cada vez más clamorosas, graves y preocupantes las experiencias que muestran que frente a cada vez más relatos, y cada vez más acríticamente asumidos, no hay "dato" ni evidencia empírica que pueda mover un solo voto.
Que el primer ministro húngaro haya tenido el descaro de reunirse en el Kremlin con el autócrata ruso y extender beneficios al no menos despótico Lukaschenko, es en sí una elocuente muestra de su contumaz desprecio por lo común.
Les place experimentar ese voto como una forma exasperada o nihilista de rechazo por casi todo lo demás, y saborear al daño que creen infligir, al votar, a ese supuesto statu quo cuyo desprecio incita la ultraderecha flamígera.