Urge preservar la mayoría proeuropea frente a quienes la impugnan, pero no es sensato subestimar —menos aún, ignorar— el riesgo indicado por la tendencia al alza de la reacción nacionalista, del populismo de ultraderecha y su explotación de las incertidumbres y temores.
Que el PP y Vox quieran influir en la Justicia es humanamente comprensible (aunque no por ello deje de ser inmoral y desde luego ilegal), ya que la política no la hacen espíritus puros, pero hay que reconocer que no lo intentarían si no vieran una predisposición favorable en una parte de la judicatura.
La impresión que se trasmite es la de que está nervioso y se siente inseguro en su liderazgo -la sombra de Casado es alargada-, necesita ganar lo que sea como sea para mantener la esperanza.
Pierde clientela por el centro, que huye despavorido de las nuevas inclinaciones ultraderechistas, y pierde por la extrema derecha ya que los ultras prefieren el producto genuino al sucedáneo sobrevenido.
"España adopta esta decisión junto a otros dos países: Irlanda y Noruega. Y parece que otros, como Malta, Eslovenia y Bélgica, se inclinan por lo mismo".
El antisionismo es un despojo antiguo, y conviene vigilar que no tenga reminiscencias; el antiislamismo y la arabofobia están en cambio muy presentes en nuestro ámbito cultural, elitista y xenófobo.
Sin una red europea de solidaridad, entonces no solo inexistente sino a duras penas imaginable, España reforzó su presencia y su colaboración con los principales países de procedencia de migrantes.
En su galope de Gish, las tres derechas españolas volvieron a verter desenfrenadamente, falsedades y enormidades tan cansinas como estrambóticamente lesivas para la imagen de España.
La idea europea de democracia, derechos fundamentales y Estado de Derecho exige también no sólo una toma de conciencia respecto a sus amenazas sino una acción común de preservación y defensa.
En esta Legislatura que enfila su desenlace, la UE ha acometido retos tan inaplazables como ejemplificativos de la necesidad de acelerar la integración supranacional europea, porque de esa escala son las respuestas requeridas, escapando del perímetro individual de sus estados miembros.
La tentación fascistizante no necesariamente comparece con gomina en el pelo, uniformes paramilitares, correaje, botas de charol, saludo romano o paso de la oca.