De sapiens y hormigas o ratas
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De sapiens y hormigas o ratas

"El PP y el presidente de Canarias han hecho declaraciones que pasarán a la historia de la mala política, la torticera y malvada".

Los pasajeros evacuados este domingo por la tarde del crucero MV Hondius en el puerto de Granadilla de AbonaMiguel Barreto EFE

Si han leído ‘Sapiens’, del historiador Yuval Noah Harari, ya conocerán su teoría sobre el éxito evolutivo del homo sapiens y la capacidad de lo que él llama la cooperación flexible. Según Harari, “todos los grandes logros de la humanidad a lo largo de la historia, ya sea construyendo las pirámides o volando a la luna, no se han basado en habilidades individuales, sino en esta capacidad de cooperar de manera flexible a gran escala”.

Harari defiende que hay, básicamente, dos formas de cooperación: la rígida, que es la que utilizan las abejas o las hormigas, que trabajan organizadas, pero siempre siguiendo el mismo patrón. Y la forma flexible, que tiene dos variantes, la de los lobos o los chimpancés, por ejemplo, que son capaces de comunicarse y cooperar de forma flexible en pequeños grupos. Es la forma que utilizamos los sapiens (o casi todos los sapiens, luego entenderán la excepción). Se basa en la cooperación flexible y entre un número incontable de personas. Esta capacidad es la que, según Harari, explica que los seres humanos dominemos el planeta.

Como pasa con todo, para que esta cooperación ocurra hay que quererlo, no basta con tener la capacidad. Desgraciadamente, cada vez más dirigentes políticos entienden la relación entre diferentes instituciones y grados administrativos como si fueran abejas u hormigas. Es decir, siguen patrones de cooperación rígida que se traducen básicamente en un principio: ante todo lo que se proponga desde La Moncloa la respuesta es no.

Un ejemplo: el Gobierno aprueba una Ley de Vivienda con la que las Comunidades Autónomas pueden topar el precio de los alquileres. Los datos muestran que la fórmula funciona. Tanto en Cataluña como en Navarra, donde sí hay cooperación entre gobierno autonómico y central. Las comunidades gobernadas por el Partido Popular han optado por seguir su mismo patrón de siempre, como haría cualquier abeja u hormiga, y que el mercado se regule sólo. Así hemos llegado a los 600€ por habitación y subiendo.

Otro ejemplo: El Gobierno central consigue 140 mil millones de euros (los Fondos Next Generation) y uno de los programas consiste en facilitar a las Comunidades Autónomas la creación de nuevas plazas de guardería. ¿Qué hace ante la propuesta el Gobierno de Moreno Bonilla, del PP andaluz? Justo: responder como una abeja u hormiga y decir no. No a 119 millones de euros para crear nuevas plazas de guarderías públicas y gratuitas.

Otro más: El Gobierno central transfiere a las Comunidades Autónomas casi 13 mil millones de euros más para que refuercen los servicios públicos de su competencia: sanidad, dependencia, educación o vivienda pública. ¿Qué hace el Gobierno de Ayuso, del PP madrileño? La respuesta de la abeja o la hormiga. Incrementar sus contratos con la sanidad privada, básicamente con el grupo Quirón, y dejar que la sanidad pública se degrade poco a poco hasta que se convierta en una opción meramente asistencial, sin prestigio ni competitividad frente a la privada.

Y el que acabamos de vivir todos. En este el protagonismo se reparte entre el Partido Popular en su conjunto, representado por figuras tan zumbantes u hormigueantes como Alberto Núñez Feijoó o Miguel Tellado, y el presidente de Canarias Fernando Clavijo. Al nombrar a este último, sinceramente, me viene a la cabeza otro animal del que se ve que él sabe mucho. Porque, en su caso, la hormiga me parece muy amable para describir su comportamiento.

La difícil situación que ha tenido que gestionar el Gobierno de Pedro Sánchez para atender a las personas que viajaban en el Hondius, siguiendo la solicitud de la Organización Mundial de la Salud, ha servido para ver, de nuevo, qué políticos actúan como sapiens y cuáles como ratas, abejas u hormigas, quédense con el que más rabia les dé. 22 países diferentes coordinados, varios ministerios, comunidades autónomas, servicios sanitarios y de protección civil muy diversos… Y el Gobierno de España ha estado a la altura moral y profesional que este país se merece, dejando claro ante el mundo que somos un ejemplo de solidaridad, rigor científico y servicio público.

Mientras desde el Gobierno se trabajaba, sin descanso, para organizar y coordinar un dispositivo de evacuación del barco, atención y derivación de los viajeros sin poner en riesgo la salud pública, trabajando bajo el principio de cooperación flexible propio del homo sapiens. Enfrente, el Partido Popular y el presidente de Canarias, de Coalición Canaria, han actuado únicamente siguiendo una premisa: si viene de Moncloa, no. Han hecho declaraciones que pasarán a la historia de la mala política, la torticera y malvada. Han mentido a la ciudadanía, han creado bulos, como el de las ratas nadando, y han añadido más tensión a una situación ya de por sí difícil.

Después de todo lo que han dicho y hecho, la única conclusión es que el miedo lo provocan ellos. Han dejado claro que en la misma situación gestionada por PP y Coalición Canaria habrían dejado morir a esas personas en el barco obligándoles a ir a algún puerto mucho más lejano. Les ha dado igual si eran españoles o no. No habrían actuado como sapiens. Habrían hecho lo mismo que las abejas o las hormigas: enviar el barco bien lejos o hundirlo, lo que fuera con tal de no asumir su responsabilidad ni trabajar coordinadamente con la OMS y el resto de países afectados para atender la emergencia y salvar al máximo de personas. Si ahora nos podemos sentir, una vez más, orgullosos de nuestro país, en caso de gobernar ellos estaríamos sintiendo mucha vergüenza.

Y acabo, con una reflexión también de Harari: “El sufrimiento es el parámetro real a través del cual deberíamos evaluar si las historias que inventamos son beneficiosas o dañinas”. Ojalá Feijoó, Tellado, Ayuso o Clavijo se hubieran planteado esto mismo estos días antes de abrir la boca o ponerse a tontear con la IA. Ojalá tuvieran siempre presente esta reflexión y el bienestar de la ciudadanía que depende de ellos. Para lograrlo deberían ser auténticos sapiens y, de momento, sólo veo en ellos hormigas al servicio de la ultraderecha.

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