La peor extremaderecha del mundo
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La peor extremaderecha del mundo

"Cuando ocurre una desgracia, sabemos que aparecerán. Pero no para ayudar o arrimar el hombro. Aparecen para poner el cazo, aprovecharse del shock y sembrar bulos".

Santiago AbascalEuropa Press via Getty Images

Frane Selak, croata nacido a finales de los años veinte del siglo pasado, ostenta un récord que nadie querría disputar: ser el hombre con peor suerte documentada. A lo largo de su vida sobrevivió a siete accidentes mortales. Tren, avión, autobús, un acantilado… un catálogo completo del desastre concentrado en un solo cuerpo, Hay biografías que parecen empeñadas en acumular todas las desgracias posibles, como si el azar hubiera decidido cebarse sin medida.

Algo parecido ocurre con el auge global de las fuerzas reaccionarias. No es un fenómeno aislado ni una rareza local: fuerzas de corte autoritario, racista y machista avanzan en medio mundo, empujados por grandes intereses económicos, amplificados por medios afines y potenciados por los algoritmos de las redes sociales. Una internacional reaccionaria que disputa elecciones en numerosos países y que, por supuesto, también tiene su versión -o más bien sus versiones- en España.

No tendría sentido que nuestro país se quedara al margen de esta deriva y se librase de ese peso muerto de la Historia. Lo que sí cuesta explicar es por qué nos ha tocado la extremaderecha más zafia, servil y desnacionalizada del mundo. No hay que ser un lince, basta con observar lo que dicen y, sobre todo, lo que hacen para saber quiénes son: cachorros tardíos de los señoritos de siempre, con menos discurso que rencor y menos proyecto que sumisión.

Cuando ocurre una desgracia, sabemos que aparecerán. Pero no para ayudar o arrimar el hombro. Aparecen para poner el cazo, aprovecharse del shock y sembrar bulos. Para convertir el dolor en combustible político. Lo hemos visto con el accidente del tren de Adamuz, donde ni siquiera han respetado el luto oficial. Lo vimos durante la DANA, donde, además de activar el ventilador de la mentira, se dedicaron a robar miles de euros de las donaciones que nunca llegaron a las víctimas. Hay que estar muy podrido para chapotear así en el fango y sacar rédito de una tragedia.

Si Trump amenaza con destruir Europa, callan. Si apunta directamente a nuestra economía, callan. Si señala a España por no plegarse a sus intereses, callan. Peor aún: aplauden. Mientras Lepen o Meloni al menos simulan cierto patriotismo enfrentándose -aunque sea de boquilla- al imperialismo estadounidense, aquí Abascal, Alvise o Ayuso no se atreven a decir ni pío. Cipayos modernos, quintacolumnistas orgullosos, expertos en arrastrarse ante cualquier poder extranjero. Incapaces de defender su propio país porque le deben todo al sheriff desquiciado: el discurso, la estrategia y la ventana de oportunidad que les ha permitido crecer.

Cuando se trata de ampliar derechos o aliviar el bolsillo de la mayoría, su respuesta es siempre la misma: no. No a la subida de salarios, no a la bajada de alquileres, no a los permisos de paternidad y maternidad. No a las pensiones dignas, al transporte público asequible o a la educación gratuita. No a poner freno a los fondos buitres que devoran nuestros barrios o a los gigantes de la sanidad privada. La patronal ordena, ellos obedecen. Los rentistas señalan, ellos ejecutan.

Por mucho que algunas cabeceras progresistas insistan en venderlos como una opción renovada con guiños obreristas, la realidad es más simple y triste. Son lo mismo de siempre: una derecha cutre, vaga y profundamente clasista. Gente mala empeñada en no molestar a los que mandan y dedicada a redirigir el malestar hacia chivos expiatorios. Odio hacia abajo, pleitesía hacia arriba.

No tiene sentido encumbrarles ni comprar sus marcos, ni siquiera los más pequeños. Hay que ponerles frente al espejo, desmontar sus mentiras y señalar su servilismo. Hacerles frente con valentía y con propuestas que mejoren radicalmente la vida cotidiana. No hay nada escrito. Y del mismo modo que Frane Selak, tras todas las penurias, no solo sobrevivió sino que ganó la lotería y pudo vivir feliz y en paz rodeado de sus amigos y sin preocupaciones, tenemos la posibilidad de sobreponernos a esta mala racha histórica. Incluso la de tener, hoy por hoy, a la peor extremaderecha del mundo.

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