Una fundación europea y un ejemplo de activismo: memoria de Manu Escudero
Manu Escudero fue, en todas las estaciones, animador infatigable de todo tipo de emprendimientos intelectuales en la esfera de la izquierda socialista.
A comienzos de 2026, el Parlamento Europeo (PE) ha aprobado su Reglamento de Partidos Políticos y Fundaciones. Es un paso relevante en la voluntad de construir un genuino espacio público europeo, cimiento de opinión pública europea y, consiguientemente, de un demos europeo parejo a la ciudadanía europea conformada por el Tratado de Lisboa (TL) y la Carta de Derechos Fundamentales de la UE (CDFUE). Además, es coherente con las conclusiones de la Conferencia sobre el Futuro de la UE (COFEU) que tuvo lugar, a lo largo de dos años (2021/2022) de la pasada Legislatura 2019/2024 del PE.
Tanto en mis publicaciones como en mis intervenciones durante mis años de trabajos en el Parlamento Europeo me ha preocupado de subrayar su principal característica institucional: se trata de la única Institución directamente electiva de la arquitectura de la UE; la única legitimada por el sufragio universal (nada menos que 450 millones de ciudadanos/as europeos(as); y la única que, dimanando del voto popular, es supranacional en su alcance y legislativa en su función.
No hay, pues, ningún déficit democrático de origen en el PE, como tampoco funcional (inviste a la Comisión Europea, la controla y puede revocarla por medio de moción de censura; legisla sobre materias de rango constitucional —derechos fundamentales; legislación penal y procesal; migraciones y asilo, entre otras—; es autoridad presupuestaria y tiene la última palabra en todo tipo de tratados y acuerdos internacionales, incluidos los comerciales con países terceros u organizaciones especializadas).
Por contra, resulta reseñable el déficit de comunicación con la ciudadanía de su gobernanza, a la vista de las carencias relativas a medios de comunicación, partidos europeos y fundaciones revestidas de verdadero supranacional.
Es cierto que son varios los partidos políticos nacionales que, en el respectivo ámbito nacional, se han ocupado de enhebrarse en federaciones europeas, vinculadas en su caso, a fundaciones afines que actúen como foros de discusión y prognosis y a think tanks que abran caminos a formaciones afines e idearios compartidos.
En el caso del PSOE, la plataforma de referencia describe círculos concéntricos: en una primera circunferencia, el Partido de los Socialistas Europeos (PES, presidido por Stefan Lövfen, antiguo Primer Ministro de Suecia); en una segunda, más amplia, la Internacional Socialista (presidida por Pedro Sánchez, Presidente del Gobierno de España). En el capítulo de fundaciones, la referencia es FEPS (Foundation for European Progressive Studies, presidida por Nicholas Schmit, antiguo Comisario de Asuntos Sociales y Empleo de la UE).
Pero el PSOE ha hecho también su propio esfuerzo por poner en pie espacios de reflexión, elaboración teórica y exploración y debate de nuevas respuestas progresistas ante un mundo sometido a cambios acelerados y vértigos desafiantes. Además de su más antigua y arraigada Fundación de memoria y archivo, la Pablo Iglesias (presidida por María Luisa Carcedo, actual Consejera de Estado), el PSOE ha contado en los últimos años con un taller fundacional de pensamiento progresista, AVANZA, presidida desde su incepción por el veterano Manu Escudero, recientemente fallecido.
Sirvan estas líneas de tributo a su memoria y sus trabajos. Manu Escudero se inscribe en una cohorte distinguida de socialistas legatarios del Congreso de Suresnes (1974) y la refundación del PSOE que en esa ocasión causaron tres grupos generacionalmente jóvenes del entonces llamado "socialismo del interior" (vascos, madrileños y andaluces) frente a la dirigencia en el exilio, tan avanzada en su edad como distanciada, por la fuerza de los hechos y del transcurso del tiempo, de los cambios anhelados por la sociedad española en el franquismo tardío.
A partir de la victoria de 1982, el PSOE encomendó a un puñado de profesores, intelectuales y activistas la prefiguración de los nuevos horizontes ideológicos que diesen cuerpo a las resoluciones del XXVIII Congreso (1979), con la superación del marxismo como paradigma normativo de su oferta programática "hay que ser socialistas antes que marxistas", proclamó Felipe González, en su trayecto ya imparable a la Presidencia del Gobierno).
Manu Escudero (economista y profesor en Deusto antes de ser diputado en el Congreso) y Ramón Vargas Machuca (Filósofo del Derecho y diputado en el Congreso) elaboraron entonces el Programa 2000, un horizonte que parecía hace más de 40 años, remoto e inalcanzable, con resonancias promisorias de renovación ideológica.
Desde entonces, Manu Escudero fue, en todas las estaciones, animador infatigable de todo tipo de emprendimientos intelectuales en la esfera de la izquierda socialista. Ya fuera colaborando con Almunia (inmediato sucesor de Felipe en 1997, XXIV Congreso), ya fuera colaborando con Borrell, o luego con Zapatero, y luego con Rubalcaba, desembocando en Sánchez, a cuya plataforma se vinculó como economista y bajo cuyo mandato ejerció, primero, de representante de España ante la OCDE (con rango de Embajador) y, con posterioridad, hasta su fallecimiento (23 de marzo de 2026) como Director de Avanza, tanque de pensamiento fruto de su iniciativa y de su empuje personal.
Conversador inagotable, orador apasionado y siempre argumentativo, la vida y empeños de Manu Escudero ilustra ese campo abierto, esperablemente fértil, a la osadía de pensar desde valores progresistas respuestas innovadoras ante problemas y retos hasta ayer desconocidos pero urgidos de debates y propuestas radicadas en valores progresistas, rebeldes contra injusticias causadas por la desigualdad.
Partidos anclados en la UE, que es nuestra escala común de relevancia global; Fundaciones europeas, capaces de hermanar inquietudes desde compromisos comunes y lealtad socialdemócrata en la remoción de barreras de discriminación en derechos y en oportunidades, son eslabones que apuntan a un espacio público europeo requerido de tantas aportaciones individuales y colectivas como seamos capaces de imaginar y activar. Uno de esos objetivos en los que poner toda una vida en el empeño. Tal como ilustra el trayecto descrito por Manu Escudero.