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15/12/2018 11:35 CET | Actualizado 15/12/2018 11:35 CET

Decálogo para familias con asignaturas suspensas

Niños en una clase.
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Niños en una clase.

¿Tu hijo ha traído una o varias asignaturas suspensas? No es el fin del mundo, pero tampoco hay que dejarlo pasar. La virtud está en el término medio y en analizar la situación para atajarla desde la raíz. Muchos de estos asuntos están desarrollados en mi libro Espabila, chaval, por si queréis echarle un vistazo.

1.- Calma y diálogo: una vez que ya se han entregado las notas, lo hecho en la primera evaluación, hecho está. De poco sirve una discusión airada o una bronca que, quizá, debiera haberse producido hace tiempo.

Cuando hay malas notas es fundamental dejar al adolescente que se exprese, nos dé su opinión y se justifique. Otra cosa es que nos convenzan sus argumentos.

2.- Analizar el origen del problema: varias asignaturas no se suspenden de la noche a la mañana. En mis clases, siempre pongo el ejemplo de los descensos de los equipos de fútbol a segunda división: para darle mayor dramatismo al asunto, los diarios deportivos, en las últimas jornadas de liga, siempre titulan que tal equipo ha enviado a este otro a segunda. No. El equipo que termina en segunda lleva perdiendo partidos desde que empezó la liga.

El alumno que suspende una evaluación lleva haciendo mal las cosas tres meses. Es fundamental encontrar en qué se ha estado fallando para corregir la base del problema.

Un alumno que ha suspendido una o dos asignaturas suele tener un problema puntual con esas materias. A partir de tres asignaturas el problema es mayor.

3.- Un poco de autocrítica: no solo por parte del alumno, también por la familia: ¿Hemos mostrado interés en conocer la evolución académica de nuestro hijo o, por el contrario, no hemos conocido en tres meses ni una sola calificación de ningún examen que haya hecho? ¿Le hemos revisado algún día la agenda escolar para comprobar que va anotando los deberes, tareas y exámenes? ¿Hemos llevado un mínimo seguimiento del tiempo que le ha dedicado, por las tardes, a estudiar?

Un adolescente no es como un coche en un túnel de lavado: tú lo metes y sale limpio como por arte de magia. La labor de los docentes debe ser complementada en casa, de lo contrario, es como lavar el coche un día que se anuncian tormentas.

4.- Diferentes soluciones según el número de suspensos: en mis institutos solemos establecer la frontera crítica en 3 suspensos. Consideramos altamente recuperables una o dos asignaturas suspensas. A partir de ahí, la probabilidad va decreciendo según aumenta el número de "cates".

Un alumno que ha suspendido una o dos asignaturas suele tener un problema puntual con esas materias. A mí, por ejemplo, se me daban fatal tanto las matemáticas como el dibujo técnico; nada que no se solucionase con un poco de ayuda extra en forma de academia, profesor particular o plan de estudios específico por parte del centro.

A partir de tres asignaturas el problema es mayor. Y digo, por mi experiencia en 16 institutos diferentes, que en la mayoría de los casos se debe a falta de estudio, de interés, de trabajo diario o de una mezcla de estos tres aspectos.

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5.- La agenda, fundamental: los institutos suelen regalar agendas a principio de curso. Es una pena porque, la mayoría, no se usan. Nuestros jóvenes deben tomar conciencia de la importancia que tiene llevar una agenda al día. Es mentira que un día cualquiera no haya nada que hacer: siempre hay alguna tarea que realizar o, al menos, algún tema que repasar.

Si no se apuntan las cosas en la agenda es normal que se asista a clase con los deberes sin terminar o desconociendo que había un examen a tercera hora. Pensad: mis alumnos tienen, cada día, seis asignaturas distintas. Si en cada una se dice algo distinto y no se apunta, o tienen una memoria digna de pasear por la parrilla televisiva de la tarde noche o lo más probable es que no recuerden casi nada. Ahora, en Navidad, hay una oferta despampanante de agendas para el año que entra, quizá sea un buen regalo.

A tu hijo le quedan cuatro. Yo, que soy su tutor, le riño. Tú, que eres su padre o su madre, le regalas esa videoconsola de 300€. Uno de los dos lo está haciendo mal.

6.- El horario de tardes: estudiar bien requiere orden y disciplina, precisamente las cualidades que aporta un horario de tardes. Para que esté compensado, no solo debe contener horas de estudio, también ratos para el ocio. Una vez elaborado, deberéis repasarlo junto con vuestros hijos para analizarlo: ¿pasa demasiadas horas en actividades extraescolares que le quitan tiempo de estudio? ¿Pasa demasiadas horas estudiando y sus resultados académicos no son buenos? La cualidad básica de un buen horario es la compensación.

7.- Los métodos de estudio: "No entiendo cómo no he podido terminar la maratón, si todos los días, durante los últimos meses, he estado nadando cinco kilómetros". Al igual que con el deporte entendemos que los planes de entrenamiento han de adaptarse a aquello que se practique, con los estudios, diferentes asignaturas requieren métodos de estudios diferentes. Esta es la gran carencia de los centros educativos: en muy pocos enseñamos técnicas de estudio. A este vacío intento dar respuesta en mi próximo libro APROBAR ES MÁS FÁCIL DE LO QUE PIENSAS, que saldrá el próximo 8 de enero.

No hay métodos de estudio mejores que otros per se. Cada alumno debe encontrar aquel que mejor se adapte a su forma de aprender en cada una de las asignaturas. No se trata de usar quince métodos para quince asignaturas, con dos o tres bien manejados, es suficiente. Pero esto es como las parejas: cada cual debe encontrar la suya.

8.- El lugar de estudio: echad un vistazo al dormitorio de vuestros hijos. ¿Se puede estudiar bien ahí? Debemos analizar las distracciones presentes en los cuartos de los adolescentes de la casa. No podemos pretender que estudien con la tentación de una televisión, una videoconsola, un teléfono móvil, un ordenador, una tablet o la suma de todos ellos en su cuarto. Tengo alumnos con dormitorios más equipados que la suite presidencial del Ritz, quizá deberíamos reflexionar sobre ello.

El hecho de compartir dormitorio, de que tengan que estudiar en el salón o en la cocina, obviamente, influirá en los resultados académicos.

Tampoco debemos orientar nuestra casa al estudio como si de la biblioteca de un monasterio medieval se tratase, pero sí de ofrecer unas mínimas condiciones favorables.

9.- El compromiso educativo: este remedio solo sirve si se toma en serio. En caso contrario, no es que no funcione, sino que se vuelve contraproducente. Un compromiso educativo es un contrato que se firma con el adolescente y que incluye una serie de medidas que el joven se compromete a cumplir, junto con una serie de recompensas por ello. Estas deben ser proporcionales, en caso contrario, el compromiso degenera en una especie de coacción adolescente por escrito a su familia. Se puede aprovechar el compromiso educativo para ir devolviendo, poco a poco, aquello que se le haya quitado al adolescente como castigo: móvil, videoconsola, etc...

10.- No lo recompenses si no se lo merece: a tu hijo le quedan cuatro. Yo, que soy su tutor, le riño. Tú, que eres su padre o su madre, le regalas esa videoconsola de 300€ con el pack que incluye ese juego de fútbol y ese del oeste. Uno de los dos lo está haciendo mal.

Nuestros adolescentes están disociando los conceptos "recompensa" y "esfuerzo". Luego nos preguntamos por qué no toleran la frustración.

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Hay esperanza

Un curso académico es una carrera de tres vueltas. Los pasos por la primera y la segunda vuelta son solo indicadores de cómo vas situado de cara a la vuelta final, la importante, la tercera.

Suspender muchas asignaturas en la primera evaluación quiere decir que, como sigas así, lo más probable es que repitas curso. Por suerte, solo ha transcurrido un tercio del curso, por lo que el margen de mejora es amplio.

Aprobarlas todas es indicativo de trabajo bien hecho, pero no conviene relajarse, porque el curso aún es largo y queda mucho por aprender.

No tiremos la toalla en Navidad. Hay dos evaluaciones. Hay esperanza.

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