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18/12/2014 19:00 CET | Actualizado 16/02/2015 11:12 CET

Las bipolares instrucciones de Rajoy para no perder Moncloa

2014-02-06-20131023sesioncontrol.jpgRajoy ha decidido ponerles las pilas a los miembros del Ejecutivo y a sus diputados. Las órdenes son claras. "Por un lado hay que ser cañeros, pelear el voto en donde haga falta y, por otro, hay que ser optimistas. Ese es el nuevo camino que ha emprendido el presidente", explica entregado un diputado del estrecho círculo de Rajoy.

"¡Haced política!", ha pedido el presidente a sus ministros.

"¿A qué crees que se refiere con que hagamos política?", preguntaba un ministro desorientado a otro de sus colegas de Gobierno con más experiencia mediática, esta misma semana. Rajoy ha decidido ponerles las pilas a los miembros del Ejecutivo y a sus diputados. Las órdenes son claras: "Por un lado, hay que ser cañeros, pelear el voto en donde haga falta y, por otro, hay que ser optimistas. Ese es el nuevo camino que ha emprendido el presidente", explica entregado un diputado del estrecho círculo de Rajoy. La bipolaridad para frenar la caída libre.

En un extremo, el estilo hooligan -una definición bastante extendida entre sus señorías- de Rafa Hernando como nuevo portavoz en el Congreso para satisfacer a quienes echan en falta una comunicación más agresiva y callejera. Y en el otro, el optimismo exacerbado y exento de cualquier matiz negativo para lavar el cerebro a esos votantes que en 2011 compraron las promesas, hoy incumplidas, del candidato popular. "Ya basta de ser cenizos y fomentar la idea de que nos envuelve una nube gris. Cada vez que decimos algo bueno añadimos siempre la coletilla: aun así no podemos alegrarnos, seguimos estando tristísimos. Ha bajado el paro, aunque todavía quedan dos millones de hogares con todos sus miembros sin trabajo. No. Eso se ha acabado. Hemos creado 1000 puestos de trabajo al día y punto", dice convencido otro diputado al que el mensaje le ha llegado de primera mano. "Vamos a salir a la calle a pelearlo, a los mercados, a las plazas. Tenemos datos muy positivos, y es necesario contárselo directamente a la gente. Esto marcha muy bien", repite excitado un joven diputado dispuesto a entonar el singing in the rain si es preciso. Al menos, una parte del partido ha interiorizado la consigna. Más les vale, pues o logran transmitir la sensación de que brilla el sol o más de uno va a pasar a sumarse a los millones de parados que ahora toca excluir del discurso.

¿Quién le ha recomendado a Rajoy nombrar a Rafa Hernando, un viejo pepero que no se muerde la lengua, para cubrir la última etapa del Gobierno? "Solo habla para los hooligans, y ahora no se va a cortar. Yo veía más a José Luis Ayllón -actual secretario de Estado de Relaciones con las Cortes- porque tiene buena relación con los grupos, pero nos ha quedado claro que hemos venido a pelear", considera uno de los socialistas que tendrán que vérselas todos los miércoles en la tribuna con el nuevo portavoz.

Arenas, Arriola, Margallo y, en ocasiones, el gallego Nuñez Feijóo, cuatro de los interlocutores con los que el presidente comenta los aspectos más políticos, parecen haber influido en la estrategia de ser más agresivos en el ruedo. "Arenas es sin duda mentor de Hernando y sigue siendo un pilar importante para Rajoy, con el que mantiene una estrechísima relación de confianza y asesoramiento", revela una señoría que ha pasado muchos años al lado de ambos. "Con Margallo la amistad es evidente, incluso cuando discuten porque mantienen posiciones encontradas, como en el reciente caso de Palestina. De hecho, a Margallo se le consienten actitudes y opiniones que a otro no se le tolerarían. Incluso Soraya, que saca de quicio al ministro, se contiene", advierte un colega del ministro de Exteriores. Así es como la complicidad de la santísima trinidad de Rajoy ha dado como resultado un portavoz tan marcado públicamente por su habitual falta de intución y de tacto. "Rafa es como se le ve. No mide. En el escaño se pasa la vida diciendo a los ministros lo que tienen que responder mientras les está interpelando la oposición. Él no es consciente de que no procede, y eso que no le hacen ni caso, pues lo que hace es impedirles escuchar lo que les están diciendo", cuenta uno de sus compañeros en el hemiciclo.

En el análisis de la significativa elección del portavoz, la vicepresidenta sale inevitablemente a colación. En unos meses ha pasado de ser la escudera fiel de Rajoy a posible presidenciable. Y esa percepción ha encendido las alarmas para un sector del PP. "Lo que ha ocurrido es que, seguramente, Rajoy se ha dado cuenta de que la incombustible Soraya se estaba quemando como portavoz plenipotenciaria de cualquier cuestión. Empezaba a hacer de sí misma cada viernes en la rueda de prensa posterior, y en cuanto había un problema al que dar respuesta, ahí la tenías dando lecciones y enmendando la plana al resto", comenta un diputado del PP, con décadas de militancia y amigo de Rafael Hernando, quien por cierto, pese a que ha declarado no tener ni idea de que iba a ser el elegido, albergaba grandes esperanzas. "Se quiere mucho a sí mismo. Lo que le habría sorprendido es que no le nombraran. Es clave para entrar en esta etapa de ser más cañeros, de decir esto va bien y punto pelota, sin peros, que estábamos acoquinados. Él no se ve como un hooligan, para nada. La realidad es que en el PP hemos explotado esa vertiente suya, más que dura, inconsciente, de no reflexionar lo que dice. Es un perfil muy útil dentro de un partido", declara otra señoría popular con ironía.

Tampoco ha pasado por alto el papel de José Luis Ayllón como segundo portavoz del Gobierno. Hay quienes lo interpretan como un triunfo más de Saénz de Santamaría, que apuntala su poder dentro del Ejecutivo, y quienes alaban el criterio del presidente al elegirle, porque se lleva bien con la prensa, nunca se moja y traslada los mensajes con efectividad. "Es el chico que le lleva la cartera a Soraya, no tiene más pretensión que cumplir la tarea que se le encarga en cada momento y cae simpático. Como contrapunto a Hernando, funciona", remata un crítico que no confía demasiado en que el cambio de estrategia frene la sangría de votos.