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Gregor Mendel, científico: "El valor y la utilidad de cualquier experimento se determinan por la aptitud del material para el propósito para el que se utiliza"

Gregor Mendel, científico: "El valor y la utilidad de cualquier experimento se determinan por la aptitud del material para el propósito para el que se utiliza"

Más de un siglo después, las enseñanzas de Gregor Mendel siguen invitando a reflexionar sobre el método científico.

Gregor Mendel en un sello alemán
Gregor Mendel en un sello alemánGetty Images/iStockphoto

En una época en la que la genética ni siquiera existía como disciplina formal, un monje agustino ya estaba sentando sus bases en el huerto de su monasterio. Gregor Mendel, nacido en 1822 en el entonces Imperio austríaco, pasó a la historia por descubrir las reglas fundamentales que explican cómo se transmiten los rasgos de padres a hijos.

Religioso y científico, Mendel dedicó años a cruzar distintas variedades de guisantes y arvejas. Observaba con paciencia qué ocurría en cada generación: a veces aparecían rasgos nuevos; otras, se repetían patrones casi idénticos. De ese trabajo metódico surgirían las hoy conocidas como leyes de Mendel, piedra angular de la herencia genética.

Entre sus reflexiones más citadas destaca una que resume su filosofía científica: "El valor y la utilidad de cualquier experimento se determinan por la aptitud del material para el propósito para el que se utiliza, y por lo tanto en el caso que nos ocupa no pueden ser inmaterial lo que las plantas son sometidas a experimento y de qué manera tal experimento se lleva a cabo". 

La frase no solo subraya la importancia del método, sino también la elección adecuada del objeto de estudio. Y es que, para Mendel, no bastaba con experimentar: había que hacerlo con el material correcto y bajo condiciones cuidadosamente controladas.

De sus experimentos concluyó que ciertos caracteres —los dominantes— se imponían en la descendencia, mientras que otros —los recesivos— podían permanecer ocultos en generaciones intermedias sin desaparecer. Este hallazgo cambió para siempre la comprensión de la biología.

Sin embargo, cuando publicó sus resultados en 1866, el impacto fue limitado. Hubo que esperar hasta 1900 para que tres investigadores —Hugo de Vries, Carl Correns y Erich von Tschermak— redescubrieran de forma independiente sus principios y reconocieran la trascendencia de su trabajo.

Mendel, no obstante, parecía intuir que su legado terminaría siendo reconocido. Así lo expresó en otra de sus declaraciones. "Mis estudios científicos me han brindado una gran satisfacción, y estoy convencido de que no pasará mucho tiempo antes de que todo el mundo reconoce los resultados de mi trabajo", afirmó entonces. Esa convicción se cumplió décadas después, pues a día de hoy su nombre es sinónimo de genética moderna.