Jorge Macías, modelizador de tsunamis de la Universidad de Málaga: "Si notas algo muy fuerte cerca de la costa, no esperes a la alerta, incluso un primer piso puede ser suficiente"
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Jorge Macías, modelizador de tsunamis de la Universidad de Málaga: "Si notas algo muy fuerte cerca de la costa, no esperes a la alerta, incluso un primer piso puede ser suficiente"

El diario británico 'The Guardian' se pregunta si son seguras las playas españolas ante un hipotético maremoto: aporta diagnóstico y consejos, y también calma. 

Playa de Regla y santuario de la Virgen de Regla al pie de la playa, en Chipiona (Cádiz), en julio de 2006.Cristina Arias / Cover / Getty Images

Un maremoto (del latín mare: mar y motus: movimiento) es, según la definición de la Real Academia de la Lengua (RAE), "la agitación violenta de las aguas del mar a consecuencia de una sacudida del fondo, que a veces se propaga hasta las costas dando lugar a inundaciones". A nivel internacional se conoce como tsunami (del japonés tsu: puerto o bahía y nami: ola) que la RAE define como "ola gigantesca producida por un maremoto o una erupción volcánica en el fondo del mar". En definitiva, se trata de una ola o serie de olas que se producen en una masa de agua al ser empujada violentamente por una fuerza que la desplaza verticalmente.

Un maremoto puede ser provocado por terremotos, volcanes, derrumbes costeros o subterráneos, explosiones de gran magnitud o incluso meteoritos. Los seísmos cercanos son los que más daño causan, debido a que no se cuenta con tiempo suficiente para evacuar la zona (generalmente se producen entre 10 y 20 minutos después del terremoto) y a que el terremoto, por sí mismo, genera terror y caos que hacen muy difícil organizar una evacuación ordenada.

Al miedo hay que sumar la organización y prevención de cada sociedad. Y en un país como España, que tiene aproximadamente 8.149 kilómetros de costa, hay mucho de lo que preocuparse y mucho trabajo que hacer. El Ministerio del Interior, en 2021, planteó ya el Plan estatal de Protección Civil ante el Riesgo de Maremotos que, entre otras cosas, detecta los mayores riesgos en la costa occidental de Andalucía y en Canarias.

Pero, pasado este tiempo, ¿estamos bien preparados? En el diario británico The Guardian se han planteado esta pregunta, teniendo en cuenta que cada año hay 19.068.319 turistas procedentes del Reino Unido que vienen a nuestro país (son datos del Instituto Nacional de Estadística) y, sobre todo, buscan destinos de costa. En su reportaje, destacan las declaraciones de Jorge Macías, modelador de tsunamis de la Universidad de Málaga, quien describe el riesgo como de "baja probabilidad pero alto impacto". Si se originara un terremoto en el mar de Alborán, un tsunami podría llegar a Málaga unos 20 minutos después, sostiene. 

El sistema nacional de alerta de tsunamis de España puede detectar un terremoto en alta mar y realizar una evaluación inicial en tres a cinco minutos. En el Atlántico, esto deja tiempo suficiente para la evacuación. En el Mediterráneo, puede que sólo queden unos minutos, indica el especialista. Así que "si sientes algo muy fuerte cerca de la costa, no esperes la alerta", dice Macías. "Desplázate tierra adentro o hacia un piso superior. Incluso un primer piso puede ser suficiente", recomienda. 

La Junta de Andalucía, recuerda el diario, también aprobó su plan de emergencia ante el riesgo de tsunami en 2023, que incluye la cartografía de las zonas inundables a lo largo de 800 kilómetros de costa y más de 500 playas. El plan contempla escenarios en los que las olas podrían azotar partes de la Costa del Sol, con posibles inundaciones a cientos de metros tierra adentro. "Se trata de proyecciones del peor escenario posible, no de predicciones", matiza.

Y hay localidades que están empleándose a fondo para estar lo más prevenidos posible, como Chipiona (Cádiz), que se convirtió en 2024 en la primera comunidad española preparada para tsunamis, una de las pocas en la región del Atlántico nororiental y el Mediterráneo. Cannes, Alejandría y Minturno son las otras. Este reconocimiento por parte de la Comisión Oceanográfica Intergubernamental (COI) de la UNESCO forma parte de un objetivo regional para establecer 25 comunidades preparadas para tsunamis antes de que finalice este año y preparar a todas las comunidades en riesgo para 2030, sostiene el Guardian.

Vulnerables por nuestra mano

Una de las conclusiones desoladoras de la información de que España tuvo en el pasado una mejor protección natural, pero ahora somos más vulnerables por nuestra propia mano. "Parte de la vulnerabilidad radica en cómo se construyó la costa mediterránea española", resume. Miriam García, geomorfóloga y urbanista, describe décadas de desarrollo impulsadas por el ideal de la "casa en la playa". Los sistemas de dunas que antes absorbían la energía de las tormentas se urbanizaron. Los paseos marítimos fijaron las líneas costeras, indica. 

Las dunas, los humedales y los arrecifes actúan como barreras naturales, mitigando el aumento gradual del nivel del mar y los peligros repentinos. Sin ellos, la costa pierde resiliencia. "Si no se replantea la relación entre el desarrollo urbano y la dinámica costera", afirma, "corremos el riesgo de no tener ya casas junto al mar, sino, literalmente, casas en el mar", incide. .

La normativa de construcción española incluye estándares de resistencia sísmica, pero no requisitos específicos para la carga de tsunamis. Los hoteles del paseo marítimo de Málaga no están diseñados con la evacuación vertical como principio arquitectónico formal, como sí ocurre en algunas zonas de Japón.

Durante años, recuerda de nuevo el especialista de la UMA, Macías, hablar del riesgo de tsunami en Andalucía resultaba políticamente incómodo. Las economías turísticas temían el alarmismo. Pero percibe un cambio de actitud proveniente de Occidente, donde ahora se televisan los simulacros en Cádiz. Los mensajes de ES alert resuenan simultáneamente en todas las provincias. Y lo que antes era impensable, ahora se practica "con frecuencia".

"Según los científicos, la preparación no consiste en predecir el día y la hora, sino en elegir no sorprenderse cuando la naturaleza, tarde o temprano, repita lo que la historia y la geología indican que sucederá", concluye el artículo.

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