Los científicos coinciden: en los cuatro primeros meses de 2026 ya se han quemado 150 millones de hectáreas en el mundo, un 50% más que la media reciente
Los incendios han dejado de ser casos aislados para convertirse en algo habitual.

Los incendios forestales han dejado de ser episodios aislados para convertirse en una imagen cada vez más habitual en todo el planeta. Ya no aparecen únicamente en los meses de altas temperaturas, sino que ahora se adelantan, duran más y arrasan territorios cada vez más extensos. Lo que antes se consideraba una temporada crítica se ha convertido en una amenaza casi permanente en muchos puntos del mundo.
La magnitud del problema ya empieza a reflejarse en las cifras. Solo entre enero y abril de 2026, más de 150 millones de hectáreas han ardido en todo el mundo, un dato que supera en torno a un 50% la media reciente para este periodo, según datos recopilados por World Weather Attribution y difundidos por Reuters. Un arranque de año marcado por las temperaturas extremas, sequías persistentes y unas condiciones climáticas cada vez más favorables para la propagación del fuego.
África concentra el golpe más duro, con 85 millones de hectáreas arrasadas en Gambia, Senegal y Mauritania; aunque Asia también registra cifras muy elevadas, con 44 millones de hectáreas quemadas en Japón, China o India. A su vez, otros grandes incendios también se han extendido por Estados Unidos, Australia y Canadá. Los investigadores advierten de que la situación puede empeorar a medida que avance el verano en el hemisferio norte y se afiance El Niño.
2027 superará en calor a 2024
Estos investigadores afirman estar “muy preocupados” por el hecho de que la lucha contra el calentamiento global haya quedado “relegada a un segundo plano”. En todo el mundo, los indicadores cada vez son más alarmantes. Las temperaturas de la superficie oceánica alcanzan niveles casi récord, mientras que el hielo marino del Ártico ha sufrido uno de sus peores inviernos, muy por debajo de la media.
En este contexto ya alarmante, se espera que El Niño se desarrolle a partir de mediados de 2026, con una posible entrada ya entre mayo y julio. Este calentamiento del Pacífico ecuatorial, que ocurre entre tres y siete años, eleva la temperatura media global y propicia fenómenos meteorológicos extremos: sequías e incendios en Australia e Indonesia, lluvias torrenciales e inundaciones en partes de Sudamérica y el Cuerno de África.
El anterior fenómeno de El Niño contribuyó a que 2024 fuera el año más caluroso registrado y el primero en superar brevemente el umbral de 1,5 °C. Muchos científicos prevén que 2027 superará a 2024 y volverá a sobrepasar este límite de calentamiento. Sin un cambio de tendencia en las próximas décadas, los récords ya no serán excepciones puntuales, sino una sucesión cada vez más frecuente de años extremos que redefinen lo que hasta ahora se consideraba normal.
