Uno de los politólogos más prestigiosos de Europa habla así de la división de la izquierda: "La clase trabajadora se ha convertido en un problema"
Para Remi Lefebvre, los colectivos sociales a los que debería dirigirse la izquierda de forma unitaria son vistos "a veces en un objetivo a recuperar, a veces en un obstáculo a superar".
Pasan las elecciones, pasan los candidatos y sigue el debate como hace décadas. La eterna pelea de la izquierda por la unidad afronta en este tiempo un nuevo capítulo con Gabriel Rufián como autoerigido referente. Su paso al frente ha sido tan celebrado por unos como criticados por otros... pero ha conseguido relanzar un debate nunca cerrado del todo.
La cuestión de la unidad de la izquierda no es, para nada, cuestión únicamente española. Francia, Portugal, Italia, Grecia, Alemania, Reino Unido y tantos países de nuestro entorno han afrontado o afrontan semejante situación. Y esto ha llevado a que el conocido politólogo e investigador francés Remi Lefebvre, haya lanzado un reciente análisis de la situación.
Para Lefebvre se trata de que "el pueblo se ha convertido en un problema para la izquierda, si por ello entendemos a la clase trabajadora", como ha apuntado en una tribuna para el diario Le Monde.
El profesor y politólogo cree que la izquierda está en un momento crítico y ese momento llega a un año de las elecciones (tanto en Francia como a priori en España). Porque "si bien su apoyo electoral se encuentra en un mínimo histórico, convenciendo apenas a un tercio de los votantes, persiste en hablar solo entre sí".
Ese gran colectivo que es la clase popular y trabajadora, que cifra en hasta casi la mitad del electorado potencial, "emerge de la invisibilidad a medida que se acercan las elecciones". Por ello, las formaciones de izquierda buscan atraer sus votos, pero con desigual suerte, porque la clase trabajadora se torna en "a veces en un objetivo a recuperar, a veces en un obstáculo a superar".
Esa duplicidad lo llevan a su acción política las formaciones. Remi Lefebvre ve "dos tentaciones en la izquierda" y fácilmente reconocibles. Por un lado, "ignorar a la clase trabajadora y movilizar a otros electorados"; por otro, "centrarse únicamente en una parte de ella".
El politólogo recuerda una nota interna del equipo de Raphaël Glucksmann, eurodiputado y líder del proyecto Place Publique, donde le aconsejaban "no dirigirse" a los jóvenes de entre 18 y 25 años, a quienes perciben ingresos inferiores a 1.500 euros mensuales, a las familias monoparentales, a los residentes de las afueras ni a quienes solo poseen un título de bachillerato. Ese documento se filtró "y se desató la polémica".
En los casos de Jean-Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, y François Ruffin (Debut) considera que ambos rechazan este abandono del pueblo, pero como candidatos "solo atraen a ciertos segmentos de la población y no se dirigen a los mismos grupos demográficos".
El resumen para Lefebvre es claro. Si la izquierda quiere ganar, "no puede abandonar un mensaje unificador", por muchas diferencias que haya entre los potenciales votantes de estas formaciones. "Los diversos sectores de la clase trabajadora comparten intereses comunes sobre los que se puede construir", citando ideas sobre medioambiente, derechos sociales, servicios públicos o vivienda.