Adela Mateos, ganadera en Salamanca los 365 días del año: "La gente piensa que el campo es solo trabajar, pero es fundamental abrir la mente y ver qué se hace en otros sitios"
Asegura que se trata de un sector complicado y trabajoso pero ofrece otro punto de vista: más natural, humano y avanzado.
Las jornadas de Adela Mateos comienzan cuando aún no ha amanecido. Antes de que el día arranque oficialmente, ya está pendiente del ganado, organizando tareas y planificando la jornada. Después vendrá llevar a su hijo al colegio, revisar la gestión administrativa de varias explotaciones y, si toca, asistir a cursos o encuentros del sector para seguir formándose. Esa rutina resume bastante bien su vida: campo, familia y aprendizaje constante.
Mateos, ganadera en Zamayón (Salamanca), nunca tuvo demasiadas dudas sobre su futuro. Desde pequeña creció rodeada de animales y de conversaciones sobre el trabajo en las explotaciones familiares. "Siempre me gustó el campo», explica. Aunque estudió Administración y Finanzas, tenía claro que terminaría dedicándose a la ganadería. «Sabía que tarde o temprano acabaría gestionando mi propia explotación", recuerda.
Apostar por lo diferente
Cuando decidió dar el paso e incorporarse al sector en 2014, lo hizo además con una idea clara: buscar un camino propio. Mientras gran parte de la ganadería salmantina seguía centrada en razas tradicionales, ella decidió apostar por el angus, una opción todavía poco extendida en la provincia.
No todos entendieron aquella decisión. "Más de uno me preguntó si estaba segura", recuerda entre risas. Pero antes de lanzarse había estudiado bien el terreno: analizó el mercado, observó la evolución internacional de la raza y valoró sus características productivas. Finalmente trajo ejemplares desde Portugal y empezó a trabajar con ellos en su explotación situada en Santíz.
Con el tiempo, la elección ha demostrado tener sentido. El angus, explica, es una raza muy valorada por su carne y con buena adaptación al entorno. "Pasta mucho, pero es muy resistente y se ajusta bien al clima que tenemos aquí", señala. Para que se entienda mejor, lo compara con un icono de la gastronomía española: "Es un poco como el ibérico, pero en ternero".
Mucho más que trabajo físico
A menudo se piensa que la ganadería se reduce a una sucesión de tareas duras al aire libre. Adela Mateos no niega que el esfuerzo físico sea parte del día a día, pero insiste en que el sector actual exige algo más.
"La gente cree que en el campo solo se trata de trabajar con los animales", explica. "Pero también hay que informarse, buscar asesoramiento, analizar cómo funcionan las cosas en otros países y aprender constantemente". En su caso, la formación continua es una prioridad. Asiste con frecuencia a charlas técnicas y jornadas especializadas porque considera que es la única forma de mejorar.
Esa mentalidad abierta también ha influido en las explotaciones familiares. Con el tiempo han introducido cambios en el manejo y en la organización del trabajo. "Si comparas cómo trabajaba mi padre antes y cómo se hace ahora, hay muchas diferencias", comenta. En el caso del ovino, por ejemplo, han incorporado sistemas de alimentación más eficientes como el unifeed, que permite optimizar la gestión del rebaño.
Ser madre en el campo
Además de ganadera, Mateos es madre de un niño de cinco años. Compatibilizar ambas facetas no siempre es sencillo, aunque asegura que el campo tiene ventajas y desventajas en materia de conciliación.
"La maternidad es complicada en cualquier profesión", admite. Sin embargo, hay algo que le compensa especialmente: poder compartir su entorno con su hijo. "Me encanta que pueda crecer cerca de la naturaleza y que vea cómo es este trabajo desde pequeño", dice.
Un sector que también reclama cambios
Mateos forma parte de una nueva generación de profesionales del campo que combina tradición con innovación. También participa activamente en debates sobre la situación del sector. Recientemente intervino en la Lonja de Salamanca para llamar la atención sobre un problema que preocupa a muchos ganaderos: la diferencia entre los precios de referencia y lo que realmente se paga por los animales.
Según explica, la distancia entre ambos puede llegar a los 25 o 30 céntimos por kilo, una diferencia significativa para quienes trabajan con márgenes ajustados. "Es algo que todos conocemos y de lo que se habla desde hace meses", señala.
A pesar de las dificultades, Adela Mateos no se plantea abandonar la profesión que eligió. Trabaja los 365 días del año, pero lo hace convencida de que está donde quiere estar. "Yo soy feliz en el campo", resume. Y para ella, la clave para que la ganadería tenga futuro está clara: trabajar duro, sí, pero también mirar más allá y aprender de todo lo que ocurre fuera.